Martes, 27 de Septiembre de 2016
18:25 CEST.
Artes Plásticas

Rementería pinta amor y violencia

José Rementería (La Habana, 1971) salió de Cuba, vía París, hace 15 años. Hoy es un artista de Wynwood, un barrio de Miami antiguamente reservado a almacenes comerciales que se ha ido transformando, en los últimos años, en un espacio urbano completamente reservado a la creación artística. Me recibe en su estudio, amplio y de paredes cubiertas por cuadros de gran formato. Ha expuesto ininterrumpidamente desde 1994 y ganado varios premios, tanto en diseño gráfico como en pintura.

¿Cuándo empiezas a pintar? ¿Cómo y dónde fueron los primeros tiempos de aprendizaje?

Empecé a pintar a los 12 años, cuando ingresé en la Escuela Elemental de Arte Paulita Concepción, en La Habana. Luego participé en diferentes talleres que se impartían en la Casa de Las Américas, también en Cuba. Más tarde, me gradué en Comunicaciones Visuales y Diseño Industrial en el Instituto Superior de Diseño, en la calle Belascoaín, Centro Habana. 

Has vivido en varias ciudades y has visto mucho arte contemporáneo. Tu trabajo tiene una calidad formal y un trazo en el dibujo bastante personal. ¿Eres consciente de esto? ¿Por qué cuidas tanto la forma cuando en el mercado de arte de hoy nada de esto parece importar mucho?

Además de La Habana, he vivido en París, Santiago de Chile, Nueva York y ahora en Miami.

Realmente no tengo muy en cuenta lo que están haciendo otros con miras al mercado de arte, ni sigo ninguna tendencia en particular. Tampoco me opongo a ninguna valoración o idea que se tenga con respecto a la creación artística. De la misma manera que hay escépticos de la política también los hay en el ámbito de los fundamentos del arte. Yo debo ser de estos últimos.

Me limito a intentar ofrecer al espectador reflexión y diálogo. No quiero sentirme que estoy simplemente pintando una pared o una tela. Mi intención es cumplir con una función decorativa y a la vez dar un sentido a mis obras para que determinadas personas se identifiquen con ella. Tanto con la idea como con la simbología de la que me valgo.

Dicho de otro modo, no me gusta pintar algo que no implique un sentido, un tema. Pero si creo que hay algo más complejo o sofisticado que lo que pretendo y, a la vez, siento que no está en mis manos llevarlo a cabo, se lo dejo a quienes puedan expresarse en esos términos. Tal vez a fotógrafos, académicos o artistas capaces de moverse con más desenfado que yo.

La ecuación amor-violencia-amor está en casi todas tus obras. La imagen del corazón es un leitmotiv.

El amor es lo que rige nuestras vidas. Es combustible del alma, de eso que llamamos espíritu, aunque suene cursi. A veces para bien, otras para mal, según portadores y circunstancias.

Nos preocupamos mucho por lo que ocurre en nuestro entorno y muy poco de lo que pasa dentro de nosotros mismos, al punto que, en ocasiones, no sabemos muy bien quiénes somos. El corazón que tanto uso como leitmotiv es el símbolo más simple para comunicar con las grandes mayorías. Creo que es un hilo conductor ideal y eficaz para expresar sentimientos y situaciones generadas por el binomio amor/pasión, legible para cualquier espectador de cualquier cultura.

Tu estudio está en Wynwood y allí abundan estudios y galerías. ¿Qué crees de este fenómeno? ¿No crees que hay una saturación de ese espacio?

Tener un espacio para vivir y crear es vital. Es muy positivo que el arte se esté despertando y mutando a la vez en Wynwood. Ya era hora. Creo que una galería o espacio comercial no aporta mucho beneficio al artista en las condiciones de vida actual.

El concepto galería es arcaico y me supedita como creador a designios o cláusulas ajenas a mi voluntad y libertad.  Una galería real y una virtual son hoy por hoy la misma cosa para mí. Por eso soy dueño de mi espacio y soy mi propio galerista.

La energía de Wynwood es increíble, la dinámica también. Como Miami es una ciudad de movimiento motor y sin el carro no se hace nada, tienes que asumir esa especificidad para vivir en ella. Por eso, aunque leído desde otras partes del mundo pueda sonar vulgar, cuando voy manejando por Wynwood descubro desde la extraña perspectiva de quien recorre sus calles al timón, un mundo artístico en ebullición en este barrio de tan reciente notoriedad para el mundo del arte y el diseño.

Miami cambia poco a poco su rostro. Wynwood es una alternativa más como muy bien lo es o lo fueron, en su momento, Coral Gables o la Calle 8. Pero la saturación no cabe cuando se habla arte. ¿Acaso alguien habla de una saturación de tiendas y comercios?

Has trabajado en el universo de la publicidad, has ganado premios por afiches y diseño gráfico. ¿Crees que hay mucho de esta experiencia en la manera que tienes de concebir tus pinturas hoy? ¿El impacto visual que provoca tu obra es un resultado de tus años de trabajo con la gráfica?

Creo que la diferencia fundamental entre la gráfica y la pintura radica en la respuesta de a quién va dirigido el trabajo. Publicidad y diseño gráfico responden al mercadeo, son tendencias relacionadas muy directamente con un consumidor específico y persiguen objetivos dictados por quien establece las reglas del contrato, etc.

El arte canaliza por sí solo las propuestas o ideas del artista. El arte busca por sí mismo, sin proponérselo tal vez ningún creador, su propio público y su consumidor. La gráfica se manifiesta de manera contraria a la pintura, excepto cuando esta última se realiza bajo estricto encargo, por supuesto. Por otra parte, no es menos cierto que utilizo algunos recursos de la publicidad y de su universo cuando concibo pintura. Por ejemplo, suelo colocar títulos y subtítulos, aplico técnicas de composición visual y otros secreticos que me reservo.

No hay nada más lamentable en las entrevistas con artistas que no conocer nada de ellos fuera del universo Arte. Por eso te pregunto: ¿quién es Jose Rementería en su vida a diario, qué te gusta, cómo ocupas el tiempo fuera de tu profesión?

Mi vida diaria es bastante ordinaria. Lo que la centra es mi creación. Siempre creo que hay infinitas cosas que quisiera decir, que se agolpan las ideas, y no me queda más remedio que aceptar que todo saldrá a su debido tiempo. O no saldrá.

Para complacer tu curiosidad puedo añadir a lo antes dicho que me gusta caminar por la playa, darle tiempo a la meditación, escuchar buena música e incluso disfrutar, cuando lo creo necesario, del silencio.Me gusta mirar los ojos de mi pequeña Viola, mi hija, y descifrar y aprender de la paz que tienen los niños dentro.

Trato de curarme todo el tiempo de la enfermedad que nos aqueja a muchos adultos: la ansiedad por saber qué nos depara el futuro y la angustia provocada por las secuelas o recuerdos de lo ya vivido.