Martes, 27 de Septiembre de 2016
11:12 CEST.
Encuesta

Lo mejor de tu año (XI)

Juana Rosa Pita: Katyn (2007) de Andrzej Wajda

Pocas veces el cine logra ofrecernos una tragedia contemporánea, íntima y colectiva, que levanta el espíritu. Los que van a morir nos saludan en el pleno ejercicio de su humanidad, legándonos la recia fibra de su país y sus amores,  la red entrañable de  familiares y amigos que ante nuestros ojos van buscándolos, unidos por la solidaria firmeza de valores que a ellos los sustenta hasta su entrada final en el silencio.

Andrzej Wajda  no necesita presentación, pero Katyn, la película suya basada en la masacre de 22.000 oficiales del ejército polaco que pepetraron los soviéticos por orden de Stalin cuando, aliados de Hitler, invadieron Polonia por el frente Este, es en mi opinión su obra maestra absoluta. Y para resaltarlo he tenido que renunciar a comentar en este espacio varios libros que me han acompañado este año, como por ejemplo: Vita d'un uomo, la poesía completa de Giuseppe Ungaretti: tesoro perdurable.

Aparte de los altos valores artísticos de una dirección que integra magistralmente guión, actuaciones, cinematografía, tempo y atmósfera, la hermosura de este filme envuelto en grises y ocres iluminados por instantes de esperanza, estriba sobre todo en que entra tan en profundo en el mundo vivencial de los protagonistas, que solo muestra a sus verdugos como siniestros fantasmas cuyo monstruoso crimen podrá quedar impune pero no, como hubieran querido, oculto para siempre. Porque el verdadero meollo de Katyn es la búsqueda de la verdad que eventualmente terminará por derrotar a éstos con su duro esplendor, puntualmente narrando el horror padecido por aquellos de septiembre de 1939 a abril de 1940, cuando el viento pasa las páginas ya en blanco del diario. Tanto en la vida como en el arte, la verdad tiene la palabra.

Carlos Alberto Montaner: El joven Liova (Random House Mondadori, 2011) de Marcos Aguinis

Random House Mondadori publicó esta novela en varios de sus sellos. Comencé a leerla en la edición de Sudamericana y terminé de leerla en la de Plaza Janés. Es un libro excelente. Describe, se imagina, fabula la biografía del joven León Trotsky cuando respondía al sobrenombre de "Liova". La prosa es ágil, como de látigo. La técnica narrativa básica es la del testimonio múltiple. Hablan sus familiares, sus primeras amantes, sus amigos. Habla el propio Trotski. Todas esas voces cuentan la vida llena de aventuras —fugas, prisiones, persecuciones, conspiraciones— de una de las figuras clave de la revolución bolchevique de 1917. Las  descripciones de paisaje y paisanaje son vigorosas.  Siberia es una cárcel inmensa y devastadora. Por las páginas de la novela desfilan Lenin, Rosa Luxemburgo, Máximo Gorki. Son personajes de carne y hueso que viven y respiran en una ficción extraordinaria.

Aguinis es el escritor más exitoso y respetado de Argentina. Insistentemente se le menciona como el próximo Premio Nobel de lengua española. Ojalá los suecos le otorguen el galardón que injustamente le negaron a Borges. Lo merece.

Octavio Armand: Nanas e janas (Nar, 2003) de Marisa Sannia

Durante aquel almuerzo sonaba esa música. Perdida, como en el fondo de una gaveta. A través del barullo de las conversaciones y el tintineo de vasos y cubiertos, yo trataba de adivinar la letra de las canciones, que entreoía apenas, pero que con creciente curiosidad trataba de precisar, pues llegaba como en fragmentos, unos perfectamente comprensibles, otros no. La voz era como de sirena, atraía, hipnotizaba. Quizá, sobre todo, porque yo no lograba entender lo que decía. Me cantaba a mí, pero muchas de las palabras se me escapaban. ¿Acaso no las oía bien, o de veras, como empecé a sospechar, eran muy extrañas, como de una lengua exclusiva para dos, solo suya y mía, pero desconocida o tal vez olvidada por mí?

Decidí que entendía todo excepto las palabras, como me sucede con ciertos poemas. El hechizo de esas palabras tan mías que resultaban ajenas, me seducía tanto como la música, repetida una y otra vez en las canciones, como el crescendo del bolero de Ravel o los tentáculos de un pulpo. Yo había caído en el círculo trazado en el tiempo por la música. Era Ulises, o un derviche, o un niño. Me levanté de la mesa y me acerqué al equipo. Saqué el cd pero era una copia. Un quemado. En la superficie brillaban los círculos concéntricos que habían atrapado la voz y la música que me atrapaban. Pero al pirómano que hizo la copia no se le había ocurrido indicar de qué se trataba aquello. No había nada escrito. Ni siquiera el nombre de la cantante.

Tuve que preguntar por el dueño del cd para averiguar qué era. Quién era. Sin perder el asombro por mi curiosidad, apremiante, exaltada, Adrián estrechó aún más su amistad conmigo al aclarármelo y regalarme el disco. Eran las nanas de Marisa Sannia, que recomiendo a quienes quieran comprender el Romance del Conde Arnaldos, pues la estupenda cantante sarda solo dice su canción a quien con ella va. Este amor a primera oída se dio en 2008. Tres años más tarde me doy cuenta de que ya todas mis amistades tienen ese cd, quemado por nada neronianas órdenes mías. Con sus arrullos la sarda me sigue acercando al sueño y me sigue pareciendo una novedad.

Idalia Morejón Arnaiz: Stoner (Baile del Sol, 2011) de John Williams 

El protagonista de esta novela escrita por el estadounidense John Williams (1922-1994) se llama William Stoner. Es, como el autor, profesor universitario. Por cierto, un buen profesor. Al inicio de la novela es un joven campesino a quien los padres envían a estudiar agronomía en la Universidad de Missouri, en el año 1910, para que se haga ingeniero y regrese a la hacienda a hacerla más productiva. Pero la inclinación de Stoner por las letras lo transforma en profesor universitario de lengua y literatura inglesa.

Como a lo largo de sus años de estudio se ha esforzado lo necesario, al terminar obtiene un puesto en la misma universidad. Para el ambiente laboral de nuestro protagonista, el escritor-profesor John Williams crea, gracias a su experiencia de la vida académica, intrigas perfectas, escenas de negociación y lucha por el poder, de venganzas, odios y envidia, de problemas con alumnos. Recoge, en fin, toda la crispación afectiva y política del mundo universitario estadounidense de las primeras décadas del siglo XX.

A medida que  asciende socialmente, Stoner se aparta de su pasado; al mismo tiempo, todo lo que conquista se le vuelve infernal (la vida conyugal, las relaciones académicas) o imposible (el amor por una joven estudiante). Es una naturaleza sensible en un ambiente provinciano espantosamente rígido.

Si en la relación conyugal tanto William Stoner como su esposa Edith son un desastre, es porque en buena medida ambos están llenos de egoísmo. Para casarse inmediatamente, la chica pospone sus planes de realizar el grand tour por Europa, sin notar aún que ha hecho un pésimo negocio, al unirse al primer candidato que apareció. Después de casada, sistemáticamente, quien pasa a posponer los planes es la joven promesa, el honrado, trabajador y perpetuamente agobiado William Stoner. En tanto marido que acepta todo, compran una casa llena de pretensiones, toman una sirvienta, y aún así, a duras penas, la señora Stoner consigue cuidar a la hija, quien durante toda su infancia a lo largo de buena parte de la novela no para de llorar.

A medida que crece la nenita se identifica más con el padre, entonces la madre, celosa, interfiere, busca la forma de que no pasen juntos mucho tiempo. Se puede decir que la vida de este hombre es un horror; lo que vengo de contar no es siquiera la mitad —porque viviendo de esa manera, Stoner también tendrá derecho a la transgresión a través del amor pasión. Personaje extraño y seductor éste, llamado William Stoner. Excelente novela ésta, de John Williams.

Radamés Molina: Gimnopedias de Eric Satie

Este he escuchado como nunca las Gimnopedias de Satie. Ahora, rememorando esas piezas, se me ocurrió buscarlas en Wikipedia y he terminado sonriendo:

"Satie eligió el término gymnopédies que designa una danza practicada por jóvenes bailarines desnudos de Esparta. El baile es mencionado sobre todo por Jenofonte en Helénicos, Platón en las Leyes y por Plutarco en su Tratado de la música."

Para mí es una música tremendamente pacificadora, yo siempre que las escucho imagino peces inmóviles en un estanque.

 

 


Otras selecciones:

(I) Daína Chaviano, Jorge Camacho, Armando López, Dolan Mor y Joaquín Badajoz

(II) Francisco Morán, Lourdes Gil, Camilo Venegas, Lolita Bosch y Fausto Canel

(III) José Kozer, Enrique Collazo, Reinaldo García Ramos, Odette Casamayor y Miñuca Villaverde

(IV) Magali Alabau, Luis Alberto de Cuenca, Isis Wirth, Pablo de Cuba Soria y Yoss

(V) Regina Coyula, Abilio Estévez, Ladislao Aguado, Olvido García Valdés y Jesús Rosado

(VI) Isel Rivero, Jorge Enrique Lage, Alejandro Ríos, Irma Alfonso Rubio y Ernesto Gutiérrez Tamargo

(VII) Jorge Ignacio Pérez, José Prats Sariol, Alicia Mariño, Manuel Santayana y Alberto Lauro

(VIII) Fernando Villaverde, Andrés Reynaldo, Juan Villoro, Teresa Dovalpage y Orlando Jiménez Leal

(IX) Manuel Zayas, Reina María Rodríguez, Gerardo Muñoz, Juan Antonio García Borrero y Jorge Luis Arcos

(X) Tanya Huntington, Carlos Pintado, Amir Valle, Enrico Mario Santí y Orlando Luis Pardo Lazo