Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
18:59 CET.
Cocina

Ni carne ni pescado

Cocina al Minuto fue ese famoso programa de la televisión nacional que en los años 50 acaparó la atención de una gran parte de la teleaudiencia.

Innumerables platos de la cocina criolla e internacional se hicieron en extremo populares, confeccionados ante las cámaras del Canal 4 de la televisión todas las tardes por su artífice, Nitza Villapol, y su inseparable ayudante Margot. También existía su contrapartida, Ana Dolores Gómez, en la CMQ, todas las mañanas. Ambas eran reconocidas autoridades en el arte culinario.

A mediados de los años 50, Villapol lanza al mercado su libro Cocina al minuto, volumen de 356 páginas, donde 19 de ellas estaban dedicadas a recetas de platos con carne de res, y 22 a pescados y mariscos. Pronto este volumen se convertiría en "el libro de cabecera" de las amas de casa cubanas y, más tarde, tras los drásticos cambios sufridos en el país y el paso del tiempo, fue convirtiéndose en "la Biblia culinaria" de la diáspora.

Después de un prolongado silencio, motivado por la gran ausencia de alimentos, productos agrícolas e importaciones de especias y condimentos, comenzaron a aparecer en los estanquillos revistas soviéticas, algunas de las cuales insertaban en sus páginas recetas, aunque estas no tenían nada que ver con nuestros hábitos alimentarios ni de consumo. Aún así, las mismas eran recortadas y coleccionadas por algunas mujeres "soñadoras".

En los años noventa, con la apertura de los agromercados y la autorización de las paladares, comenzaron tímidamente a reaparecer algunos platos que ya se daban por desaparecidos de la mesa cubana.

Sin embargo, no es hasta la primera década del presente siglo que comienzan a resurgir en la pantalla chica algunos programas culinarios, encontrándose entre los más difundidos Siente el sabor, presentado por un chef chino, teniendo como escenario un set totalmente aséptico y frío, como un quirófano, correspondiéndose más bien a una escenografía de los años cuarenta.

Este chef confecciona platos de distintas regiones de China, empleando algunos ingredientes imposibles de adquirir en nuestro país, ni siquiera en moneda dura, como por ejemplo el pato, la carne de res (de venta solo en escasos establecimientos y a precios exageradamente elevados: 6.00 CUC el kilogramo de carne de res de segunda (falda), equivalente al 50% del salario mínimo en nuestro país), brotes de bambú, jengibre y aceite de sésamo, por solo citar algunos.

En ese mismo programa, después del chef presentar el plato fuerte del día, aparece en otro escenario, igualmente anodino y sin atractivos, una chinita en extremo delgaducha, haciendo sopitas de arroz, descoloridas y carentes de ingredientes, a las cuales siempre les agrega una cucharada de azúcar. Ella se esfuerza, hablando en un pésimo español y con un ritmo tan lento que bien podría sustituir a la famosa Calabacita del dibujo animado que invita a los niños a ir a la cama y marca el cierre de la programación infantil.

Siente el sabor tiene una contrapartida cubana, el programa Con sabor, que goza de bastante popularidad, donde una señora confecciona platos muy sencillos y a la vez más factibles de realizarse, debido a los famosos sustitutos de los ingredientes originales, empleados por la autora.

El set es en extremo pequeño y sencillo, siendo llamativa la utilización de una rudimentaria hornilla eléctrica donde se cuecen los alimentos.

En casi ninguna presentación los protagonistas son la carne de res o el pescado. Cuando este último aparece, lo hace en forma de jurel, que ni siquiera se captura en nuestros mares, pero que se distribuye a la población a través de la tristemente famosa y decadente Libreta de Abastecimiento. Aún así, Con sabor resulta más ameno que su contrapartida china.

Sorpresivamente, el pasado domingo 13 de noviembre, el programa asiático cambió de nombre, y ahora se llama Arte culinario chino, sufriendo una drástica transformación, siendo ahora más ameno y moderno. El chef se desplaza por las regiones típicas originarias del plato a presentar, el escenario se ha modernizado un tanto, y hasta hacen un corte donde se muestra cómo confeccionar alguna artesanía, utilizando productos típicos de la zona: caracolas, semillas, fibras, etcétera. También se hace notar la ausencia de la chinita que hacía las sopas.

En fin, que ese componente tan importante de nuestra identidad nacional que es la gastronomía, también se halla en peligro de extinción. Pienso que en un futuro ya muy cercano, tendremos que acudir a los chefs de los restaurantes de comida cubana en el exterior, sobre todo en Miami, para poder rescatar platos tan insignes de nuestra cubanía como fueron en su momento el boliche de res mechado, el pargo asado, el famoso arroz con pollo (con pimientos morrones y guisantes), los escabeches, el arroz con leche y hasta un simple ajiaco, plato donde era posible reconocer cada uno de sus componentes, devenido hoy en una diluida caldosa "cederista".

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