Lunes, 11 de Diciembre de 2017
23:52 CET.
Literatura

Lo que trajo la Feria del Libro de Miami

Cada año hago mi recorrido por la Feria del Libro de Miami. Asisto a algunas presentaciones de los escritores invitados y engullo mi empalagosa y grasienta arepa con queso, deseosa de volver a casa lo antes posible porque, aunque me guste estar entre libros y gente que los lee y los escribe, me asfixian el ruido en exceso y cualquier tipo de maremagno. Aun así, la idea de ir a ver qué hay de nuevo y ser parte de la feria siempre vence la claustrofobia que me provoca verme entre mucha gente en cualquier espacio.

Este año, los organizadores presentaron casi 350 escritores que atrajeron unos 200.000 visitantes. Este número fue mucho menor que en ferias pasadas y, según me contaron en diferentes kioscos, las ventas también disminuyeron considerablemente. Además, llovió toda la semana y en Miami, ya se sabe, cunde el pánico si a la hora de salir existe la más mínima amenaza de chubascos. A pesar de todo eso, disfruté muchísimo varias de las presentaciones de escritores y poetas cubanos.

El martes 15 de noviembre, Néstor Díaz de Villegas nos removió por dentro y nos sacudió por fuera con la presentación de Cuna del pintor desconocido, su más reciente poemario, aunque la palabra "performance" encaja más con lo que nos ofreció esa noche.

Nunca nadie escribió sobre la Miami del exilio cubano como Néstor, con su sarcasmo, cinismo, ingeniosas y complejas anécdotas de las cuales además precedían poemas inspirados en esas esquinas más recónditas de nuestro pantano, que es su personaje principal.

Poemas decadentes, divertidos, deliciosos, tristes, cultos, profundos y superficiales, cuyo juego de palabras logran unir de manera natural el trash y lo sofisticado convirtiéndose en una mezcla que resulta refrescante y tan original que nos persigue, aun cuando ya Néstor ha abandonado la ciudad. Muchas frases célebres, pero la que se quedó conmigo fue: "La revolución solo creó un exceso de artistas".

Esa noche, junto a Néstor, la escritora y dramaturga Ana Istarú, presentó su poesía erótica del libro La muerte y otros efímeros agravios y algunos poemas de Verbo madre. Fue una verdadera oda a la mujer y la fuerza que se debate en nuestras entrañas.

El miércoles, Carmina Trueba presentó sus memorias, El intenso aroma del café. Editado por Vicente Echerri, este libro escrito en la tercera edad por una mujer que nunca se había dedicado a la escritura y que no tiene pretensiones literarias. Sin embargo, la historia de los años que pasó en la cárcel por conspirar contra el gobierno cubano conmovió a un público fascinado por su coraje y osadía.

Más tarde esa noche, un tímido Juan Juan Almeida presentó El racismo en la Cuba actual. El jueves, Carlos Alberto Montaner presentó su última novela, La mujer del coronel y dio una charla titulada "Erotismo, literatura y política". La actriz y poeta Rosie Inguanzo leyó algunos fragmentos de la novela.

Cinco poetas cubanas estaban invitadas a una misma presentación el sábado en la tarde: Lourdes Gil (quien no asistió, pero otras participantes leyeron sus poemas), Maya Islas, Iradia Iturralde, Magali Alabau y Alina Galiano. El domingo 20 de noviembre Chely Lima presentó su novela policíaca, Lucrecia quiere decir perfidia, cuya trama transcurre en La Habana a finales de la década de 1980. Junto a Lima, Andrés Jorge presentó Barcos que se cruzan en la noche, que completan una trilogía. Seguido por José Abreu Felippe con El instante.

Y finalmente, para cerrar las presentaciones, Ena Columbié leyó de su poemario Solitar, además de Leo Solis, quien leyó sus poemas por primera vez. Elena Tamargo, cuya lectura también estaba programada para ese día, falleció esa misma madrugada luego de una larga batalla contra el cáncer. En su lugar, Manny López, un gran amigo de la poeta e incansable promotor de la cultura en Miami, leyó algunos de los poemas del nuevo libro de Elena, que se editará próximamente.

Manny habló de su entrañable amistad con la poeta cubana, su pasión y dedicación hacia la literatura y la poesía, aun durante sus últimos meses de enfermedad. Madeline Cámara improvisó un breve homenaje a Tamargo y Ena Colombié concluyó comunicándonos el último pedido de Elena: "Celebren mi vida".

Cabe mencionar un par de presentaciones dentro del marco de la feria, como fue la de Vicente Echerri, quien leyó en el teatro Akuara su elegante y clásico poemario reeditado luego de 25 años, Luz en la piedra, que sigue siendo tan vigente como el buen recitador que los escribió.

También Rosie Inguanzo, coqueta, risueña, juguetona y con una fuerza femenina y exhuberancia difícil de emparejar, se presentó en el Café Demetrio y leyó piezas de su obra durante la tertulia conocida como "La otra esquina de las palabras".

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