Domingo, 17 de Diciembre de 2017
05:39 CET.
Memorias

El poder de las sobrevivientes

Se ejerce Poder cuando se ocupa un lugar en el discurso que posibilita la acción, y cuando el papel que uno ha jugado es reconocido como derecho propio.

Carolyn G. Heilbrun

 

La teórica feminista norteamericana Carolyn G. Heilbrun dedicó gran parte de su obra a la difícil cruzada en pro del discurso narrativo de la mujer, para que éste fuese tomado en serio, se apoyara y difundiera. Las experiencias de la mujer, señalaba Heilbrun, no se integran al discurso épico de la cultura —de ninguna cultura— y por tanto, la narrativa histórica y la literaria son reflejo del imaginario masculino, muchas veces machista y misógino. Las historias de las mujeres no figuran en la narrativa de la Historia; en el campo literario, sólo recientemente van siendo rescatadas de la "literatura de mujeres, sin importancia".

Escribir la vida de las mujeres —sugerencia que dio título a uno de sus más reconocidos libros (Writing Women’s Lives, 1988)— tiene que convertirse, según Heilbrun, en una prioridad obligatoria. Es por eso que la publicación de las memorias de Carmina Trueba de Mestre bajo el título El intenso aroma del café, es un evento de suma importancia en la narrativa cubana, la de género, y la universal.

Si bien las historias de su infancia y de su juventud en España aportan un agradable enfoque de género a la época —como hiciera mucho antes la camagüeyana Emilia Bernal Agüero en su Layka Froika: El romance de cuando yo era niña (1925)—, lo más importante y original que aporta este libro, en mi opinión, es la experiencia de la autora en el clandestinaje anticastrista de principios de los sesenta, y sus años en el presidio político.

Esta biografía enriquece la literatura sobre este tema y se une a los testimonios recogidos en una media docena de libros que incluyen, entre otros: El presidio político de la mujer, de Esther Pilar Mora; Todo lo dieron por Cuba, de Mignón Medrano; De embajadora a presa política, de Albertina O'Farrill (1991); Diary of a Survivor, de la Dra. Ana Lázara Rodríguez; y Dios en las cárceles de Cuba, de María Elena Cruz Varela (2001); y el documental Marcadas por el paraíso, de la cineasta Mari Rodríguez Ichazo.

"En este libro, me he propuesto ser justa y fiel con los hechos que cuento… Escribir unas memorias desde el exilio es escribir desde el desarraigo… La ausencia del suelo natal, el despojo del patrimonio legítimo, la dispersión de la familia y amigos, por mucho que luego puedan recomponerse, dejan heridas perdurables. Si a estas calamidades se suman, como en mi caso, la vivencia de la muerte violenta y la experiencia de la prisión política en un régimen totalitario, entonces la huella del horror es imborrable." (p. 173)

La muerte violenta a que se refiere Trueba es el fusilamiento de su primo-hermano Domingo Mingo Trueba, el 20 de abril de 1961, días después de los eventos de Bahía de Cochinos. En esa causa, de juicio sumarísimo, también sería fusilado el comandante Humberto Sorí Marín. Carmina Trueba fue arrestada dos años más tarde, el 26 de diciembre de 1963, por su desempeño como figura de apoyo en el clandestinaje, y condenada a 20 años de prisión el 17 de enero de 1964. Estando en presidio, murió su madre de cáncer. Escoltada por tres guardias estuvo presente por unas horas en su velorio. Había visto a su madre unos meses antes, durante lo que sería su última visita a la Cárcel de Mujeres de Guanajay.

En mi experiencia, la mayoría de las expresas políticas del presidio político femenino de los años sesenta y setenta no han querido hablar de sus vivencias. Algunos sicólogos plantean que las mujeres sienten culpa por haberse inmiscuido en "asunto de hombres". Piensan que sus actividades políticas resultaron en el "abandono" de sus hijos, o de sus padres. Se reprochan de no haber seguido los patrones tradicionales de madre y ama de casa. Meterse en política, sobre todo en un país como Cuba donde casi todo el mundo decía no estar interesado en "la política", era, para una mujer cubana, algo así como una deslealtad a la familia. Esos son los patrones culturales que heredamos los cubanos, y que todavía estaban —¿están?— vigentes en 1960.

El testimonio de Trueba le hace frente a esa realidad. Ella también se sintió responsable de que su padre, ya viudo y enfermo, estuviera solo, atendido por amigos y vecinos. Pero Carmina Trueba va más lejos: ella desmonta en su narrativa lo que hasta ahora ha sido un tema tabú —casi una vergüenza— en la familia del presidio político histórico: el haber aceptado el plan de reeducación, y abandonado las filas de los presos y presas plantadas. Hay que ser muy valiente para tocar ese tema. Desde los ovarios y el corazón muy bien puestos es que puede abordarse con total paz y entereza semejante encrucijada.

"Sentía más que nunca, que yo había hecho mi parte como un soldado de mi causa, pero que mis obligaciones de hija distaban de haber sido cumplidas, y cada día y cada noche que mi padre pasaba solo yo los empezaba a sentir como el abandono de una responsabilidad intransferible… Finalmente, mis deberes de hija pesaron más y, en algún momento de 1969, acepté el llamado 'Plan de Reeducación'". (pp. 129-130)

Carmina Trueba, con su Hystoria –sí, con y, de hysterium, del griego matriz-, redime a muchos presos políticos —mujeres y hombres— que en algún momento también aceptaron, por diversas razones, el plan de reeducación. Hasta ahora, el discurso patriarcal cubano sobre el presidio político ha menospreciado a quienes tiene por "rajados"… o sea, "flojos, como mujer". Pero lo cierto es que, luego de casi 53 años de esta pesadilla deshumanizante, no se puede seguir culpando al atropellado. Bien lo dijo Reinaldo Arenas en sus memorias: culpable, sólo hay uno.

La hystoria de Carmina Trueba de Mestre nos dice que no se puede tener menos respeto por alguien que por diversas razones le puso plazo a los años de condena, porque el haber pasado un día, un mes, un año en una celda medieval como las cubanas, hace de una persona tan valiente y tan merecedora de respeto, como aquél y aquélla que tuvieron otra fuerza, u otra razón para permanecer plantados hasta el último día. Explica la autora:

"… [el Plan] no conllevó en la práctica, la aceptación de ningún adoctrinamiento político, ni la renuncia de ninguna de mis ideas; tan sólo las agotadoras labores agrícolas en una 'granja' en la zona rural de La Habana… Finalmente, un buen día, año y medio después de haber aceptado el plan de trabajo, me otorgaron la libertad condicional… Volví a la casa… con la determinación de cuidar y atender a mi padre por todo el tiempo que la vida quisiera dármelo". (pp. 132-133)

No por priorizar a la familia se hace menos patria. Hay muchas formas de ser patriota. Algo que debíamos aprender los cubanos, testigos que somos de que lo único que ha sobrevivido a esta debacle nacional de medio siglo es, precisamente, la familia: lo que hace muchos años llamé "la matria" (De Patria a Matria, UM, 1999). A Carmina Trueba, los cubanos y muy especialmente las cubanas, tenemos que agradecerle el pedacito de Poder que representa su texto.

 


 

El intenso aroma del café  de Carmina Trueba de Mestre, se presentará en la Feria Internacional del Libro de Miami el 16 de noviembre 2011, a las 6:30 pm.

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