Lunes, 18 de Diciembre de 2017
00:36 CET.
Sociedad

Breve examen de 'español' habanero

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Si usted se precia de ser un habanero de corta y clava, conocedor de los barrios calientes y sitios donde se consiguen jineteras nocturnas por cinco pesos convertibles, o donde venden marihuana yuma (colombiana) y melca (cocaína) sin ligar con leche en polvo; si en su memoria aún guarda el solar donde se expende ron añejo robado la noche anterior de un almacén de turismo y sabe los recorridos de las rutas de guaguas; si recuerda al detalle cada nombre de las calles del barrio de Colón, Atarés o San Isidro; y si en Miami, Madrid o Roma duerme con el malecón bajo la almohada; si canta de memoria el line-up del equipo Industriales que ganó la serie de 1984 con el jonrón descomunal de Agustín Marquetti, le voy a hacer un examen.

Vea si puede traducir el siguiente diálogo, hablado en el "español" que domina hoy La Habana de los barrios marginales.

Le daré una pista.

Dos tipos jóvenes, uno con pinta de reguetonero —zapatillas bajas, cinturón de hebilla ancha, camisa entallada y gafas onda retro—, el otro, el típico asere, salió hace un par de días del tanque (cárcel) sin un peso, ni cubano ni convertible, en el bolsillo. En el Paseo del Prado, se encuentra con su ekobio (amigo).

Luego de darse un beso, nueva moda entre los tipos duros de la ciudad, el socio con facha de reguetonero se llega a un bar cercano y compra media caja de cerveza clara Cristal, para tomársela mientras conversan.

 

"De verdad que tú la porta", comenta el expresidiario.

"Qué vuelta, asereco, tíramela en estéreo. Pónme en talla de la cana", le pide el amigo.

"Pa'que te cuento. No se pue'subir. La iria está de apéame uno. Picadillo de tiburón en dos tandas. Cerelac y los patos que hacen ola. Una pila de tupamaros fumando breva y dando el inán. Ah, el reeducador un tragicote. Allí to'es bisne. El tráfico esta a la patá. Las 24 horas el burle andando. To'cuesta. Hasta disparar. Tres jarros de azúcar prieta y te aviñan una Playboy. Por dos, te buscan jama de la buty: arrosendo y caruca con su respectiva frijolada en volá de tómame o déjame. Por diez cajetillas de prajo, Remberto La Rata, sí el enmarañuao, se comía a Abelito, la pájara pinta de Coco Solo. Lo que se ve ahí ni en una película del sábado. Hay de to", cuenta el asere casi ladrando.

El consorte mueve la cabeza de un lado a otro. "Seguro que estás pasmao, sin una percha bacana, y desesperao por quimbarte una loca".

"Di tú, tengo un hambre de siglo. Y he pasao más trabajo que un forro'e catre. A la jevita que enganche la parto en dos como a un lápiz. De dos a tres palos, sin pastilla ni ná. Te juro que la preño de jimagua, y cuidao", responde el expresidiario sonriendo.

"Yo manicheo a un par de tuercas que pa'qué. La que arman las sinvergüenzas. Meten unas peguetas que ni en un pellejo. Es lo último que trajo el barco. La tiran de mandapinga. Una de ellas da hasta el botacaca", le dice el marginal vestido al estilo reguetón.

"Ambia, me estoy poniendo de vuelta y media. ¿Cuándo es la salsa esa? No me percovees", apunta el joven recién salido del talego.

"A la noche. Voy hacer de las mías. Voy andeare, a luchar una volá. Te vas acordar de mi", le dice su amigo, mientras abre su billetera y le regala dos billetes de diez pesos convertibles. "Eso es pa'que vayas calentando el brazo. No le pagues a ningún jarro de la zona".

"Segurete, te cojo a la vuelta. A la descará esa les voy a meter el di tú por la boca", contesta el segundo mientras se aleja Prado abajo rumbo a un café en moneda dura, al aire libre.

 

Si entendió cada palabra de este diálogo, usted es un habanero que emigró recientemente. Si no, entonces lleva años fuera de Cuba. O probablemente no sea de La Habana.

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