Viernes, 15 de Diciembre de 2017
01:49 CET.
Ciudades del verano

Valencia

Valencia tuvo su siglo de oro y de esplendor a mediados del XV, y ahora vuelve a renacer con prestigio, lo que refuerza su modernidad y atractivo para el visitante. Situada en un llano litoral próximo al Mediterráneo, la ciudad tiene orígenes remotos y múltiples culturas han dejado en ella su impronta y personalidad.

Pasear por el centro histórico, uno de los más extensos de las capitales europeas, no solo permite contemplar palacios góticos y edificios renacentistas, muy bien conservados, sino iglesias barrocas y construcciones más modernas. La Lonja del Comercio, del siglo XV, todavía es utilizada como museo y espacio para la compra y venta de sellos los domingos por la mañana. La Catedral, con su torre del Micalet, es un minarete construido durante la dominación musulmana que finalizó en 1238 y sobresale por su altura y diseño. Cada jueves, al mediodía, en la Puerta de los Apóstoles, sesiona el Tribunal de las Aguas, patrimonio de la humanidad. El Mercado Central, de estilo modernista, está lleno de bellos puestos de venta animados por comerciantes y ostenta, en lo alto del tejado, una cotorra como divisa.

Pasear cerca de la plaza del Ayuntamiento, nos sitúa mágicamente en la sede de las grandes mascletás falleras, monumentos de explosión y ruido que encantan a los valencianos y a los viajeros, o presenciar los castillos de fuegos artificiales que, como todo en Valencia, van incorporando elementos musicales, combinados con agua y ritmos vibrantes que embellecen la noche de la ciudad.

Muy cerca de la Plaza de la Reina, al final de un bello tramo de la calle San Vicente Mártir dominada por la iglesia barroca de San Martín, en la calle Tapinería, se conserva el edificio en el que vivió José Martí cuando a su padre lo trasladaron a su amada Valencia. Hay allí una placa para recordarlo.

Del centro de la ciudad merece recorrerse la calle de la Paz, desde la que se observa la torre de Santa Catalina, que nos acerca a una de las mejores horchaterías de Valencia, donde degustar la bebida fría elaborada con la chufa, un tubérculo que se somete a presión para extraer su líquido y que en Valencia se combina con fartons o rosquilletas. Muy cerca se encuentra la plaza Redonda un curioso mercado que aprovecha la estructura urbana circular que le da nombre.

Bordeando la calle de la Paz, nos acercamos al Palacio del Marqués de Dos Aguas, una construcción que deslumbra por su belleza de alabastro y mármol, que en su interior mantiene un museo de cerámica, una de las actividades más importantes de Valencia a lo largo de la historia, que la han catalogado a nivel mundial con firmas de gran relevancia artística.

El jardín del Turia

Dejar el centro de Valencia es abandonar la ciudad por la Puerta de Serranos, una de las que aún se conservan de la muralla que fue derribada a mediados del siglo XIX para facilitar la expansión urbana. Cruzar el puente del mismo nombre permite admirar uno de los grandes hitos de la Valencia más moderna, el bosque urbano que sustituye al antiguo cauce por el que circulaba el río Turia, desviado en la década de los años 70 de su curso para evitar inundaciones devastadoras como la producida en 1957, de la que aún existen marcas en diversos locales y edificios del nivel alcanzado por las aguas.

El jardín del Turia a lo largo de su recorrido, desde el parque de Cabecera hasta el mar, es una sucesión de bosques, parques, emplazamientos de ocio urbano, campos de deportes, que alegran el paseo al caminante o al ciclista. (El ciclismo es una práctica muy recomendada aquí, al ser una ciudad sin elevaciones del terreno. Hace algunos días un periódico de la ciudad se hacía eco de la disminución del número de viajeros en los autobuses y el aumento de usuarios de Valenbici, el servicio de bicicletas de la ciudad.)

Muy cerca del Jardín del Turia se encuentran los dos grandes museos, el IVAM, donde la vanguardia artística se da cita en forma de numerosas exposiciones, y el Centro de Carmen o el Museo San Pío V, junto al jardín de Viveros, en el que se puede apreciar el famoso cuadro de Muñoz Degrain Amor de madre.

Conforme nos acercamos al mar, aparece la Ciutat de Les Arts i les Ciencies de Calatrava, una de las grandes construcciones que han transformado la imagen de la ciudad en menos de una década. Allí conviven palacio de ópera, cines hemisféricos, museos, locales de ocio y esparcimiento, acuarios y parques de aves e instalaciones polivalentes. Lo mejor de la Ciutat es pasear y disfrutar de una arquitectura futurista, de vanguardia, sorprendente para todos los viajeros.

La Valencia marítima

Valencia es una capital del Mediterráneo, pero su centro histórico se encuentra a una cierta distancia del mar, y del puerto, llamado Grao de Valencia, por lo que la visita a esta zona exige un desplazamiento.

Al llegar al Marítimo se tiene la sensación de visitar otra ciudad, paseando por sus bellas iglesias de Santa María del Mar o Nuestra Señora del Rosario en el Canyamelar, donde se encuentra entronizada en el altar una Virgen de la Caridad del Cobre cubana traída desde Holguín para celebrar el hermanamiento entre las dos ciudades. En esas iglesias es donde la colonia cubana de Valencia celebra la misa del 8 de septiembre en un clima de confraternidad y emoción con la Patrona de la Isla.

Pero el Marítimo significa, ante todo, visitar los espacios de la Copa de América donde existen zonas de ocio para todos los gustos, que se combinan con las instalaciones modernistas del puerto, y en las que se realizan actividades culturales o musicales.

El paseo marítimo circula a lo largo de la Playa de la Malvarrosa, paisaje de tantos cuadros de Sorolla. Y, llegada la hora de la comida, en su entorno más próximo se encuentran restaurantes en los que la paella o cualquier variedad de arroz que uno imagine será servida con calidad y profesionalidad, en un entorno cercano a la dulce brisa marinera y a una luz mediterránea y valenciana que siempre quedará en nuestra memoria.

Yo llegué a Valencia en 1973, cuando era todavía un joven de 14 años. Mi vida entera la he desarrollado en esta tierra, a la que quiero con todo mi corazón porque me siento parte de ella y enamorado hasta la médula. Pero, además, Valencia tiene algo mágico para los que hemos vivido en Cuba y la llevamos en el corazón: me ha recordado siempre el paisaje cubano. Por sus palmeras, no palmas; por sus huertas perfectamente delineadas, muy cerca de la gran ciudad y que se pueden visitar con un sencillo paseo; por su mar de espuma y arena fina; por su gastronomía muy parecida a la de Cuba; por su amor a la música y su larga y rica tradición cultural (el Festival de Habaneras se viene realizando todos los años en Torrevieja a unos 200 kilómetros al sur).

Por todo esto recomiendo a todos venir a Valencia y compartir su belleza con nosotros. No les defraudará.

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