Sábado, 1 de Octubre de 2016
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Cine: 50 años de PM

14 minutos que duran medio siglo

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Pasado Meridiano. PM, como se anuncia en los títulos de crédito. La película más comentada de la historia del cine cubano. Un cortometraje de 14 minutos que, en realidad, dura ya medio siglo. Medio siglo de una censura que se anticipó a otras, y que ha marcado la política cultural de la revolución cubana.

Sobre estos temas conversé para mi documental Un baile de fantasmas con Orlando Jiménez Leal, coautor junto a Sabá Cabrera Infante, de aquella película de la discordia. La rumba es más fuerte que la muerte.

 ¿Puedes explicar el misterio de que 'PM' haya trascendido?

A mí también me sorprende que haya trascendido. Es curioso. Es como un culto secreto. Yo recuerdo, por ejemplo, que Jim Jarmush recomienda PM en todos los festivales de cortos que él organiza o participa. No lo conozco personalmente pero sé que lo hace.

Julian Schnabel me pidió y usó pietaje de PM, a mi juicio sin mucho sentido, en Antes que anochezca. La usó de fondo en los créditos finales. No creo que pegue mucho, pero en fin, él creía que era el complemento ideal para terminar su película, con la noche. PM sigue siendo, paradójicamente, una película underground, aunque el underground ya no es tan underground, como los casos de Jarmush o del mismo Schnabel. Pero es de ahí de donde la rescatan, de los bajos fondos.

La Habana que se ve en PM contrasta con la leyenda luminosa que todo el mundo mitificaba. La de PM era rumbera y curiosamente elegante, a la vez muy elegante. Después de todo, PM no es más que sombras que bailan. Lo demás son fantasmas alrededor de ese actor principal que es la noche. Comparado con el mundo de hoy en día es, vamos, un mundo inocente si se quiere, muy inocente.

¿Cómo se les ocurrió hacer 'PM'?

Sabá Cabrera era un editor del noticiero del canal 2 de televisión y yo era camarógrafo y dirigía el departamento fílmico de Lunes en Televisión. Cuando se habló de la posible invasión militar a Cuba, a mí me mandaron a hacer un reportaje sobre cómo se preparaba la Habana ante esa invasión tan anunciada. El tema era libre, y yo escogí La Habana de la noche y de la fiesta.

La Habana rumbeaba. Esa era la manera en que se preparaba para la invasión. Esos milicianos que se ponían en las azoteas de los edificios, con metralletas, muchas de ellas sin apenas municiones, esperando una invasión, eso era una ficción. Ese discurso grandilocuente y heroico era un guión que se le imponía a esa pobre gente.

Realmente, el pueblo estaba bailando ante esa situación histórica tan dramática. La Habana se preparaba de esa manera, bailando. Yo recuerdo que la consigna oficial de Castro en aquella época era "Patria o Muerte", antes de pasar a "Socialismo o Muerte". En una filmación, una noche, había una mulata que, mientras bailaba, me decía "oye, chico, ¿y por qué no 'Patria o Lesiones leves'?".

De alguna manera, ese pueblo heroico, ese pueblo en el cual Fidel Castro se basaba para darle ese carácter dramático a la revolución, realmente era un pueblo rumbero, que le hubiera gustado que esa revolución terminara con una comparsa, y no en ese cortejo de muertes y agonías que dura ya 52 años.

Al cabo de medio siglo, el mundo que retrató 'PM' ha desaparecido, incluso de la memoria de muchos cubanos.

Llevo muchos años fuera de Cuba, y la manera en que ese mundo desapareció, cómo se desintegró, no lo sé. Lo que he visto, al principio, en estos últimos 50 años, es que las noticias que venían de Cuba eran en blanco y negro, ahora son las mismas noticias, las mismas consignas, la misma letanía, pero en unos colores hiperrealistas y fuertes, y a veces, como el juicio de Ochoa, en unos colores deslavados que recuerdan los primeros experimentos de la televisión china.

Lo curioso es que esto lo que hace es resaltar, colorear la pobreza. Porque antes, el blanco y negro tenía una cierta elegancia y hasta se podía ver cierta dignidad. Y más triste aún es ver un mundo uniforme. No hay nada a lo que el totalitarismo le tenga más miedo que a las diferencias, no gusta de las diferencias. En PM tú ves que hay un mundo de diferencias, dentro de las razas, en sus vestimentas, ¿no?

¿Qué fue lo que más molestó de este cortometraje?

De PM molestó que se hiciera fuera del control oficial. Tenía, qué sé yo, una espontaneidad y una manera muy atrevida de ver las cosas, sin necesidad de tantos artificios. Y eso, en un mundo que aspiraba a controlarlo todo, que dos muchachos hicieran una cosa tan sencilla, y que despertara tanto interés en tanta gente, pues eso les molestaba.

Y después estaba la moralina revolucionaria, esa obsesión de que todo tiene que ser uniforme: las versiones tienen que ser oficiales, los milicianos no bailan, en fin, "el pueblo tiene que estar de acuerdo al momento histórico". Querían ver la imagen de un pueblo combatiente marchando, pero el espejo les devolvía otra imagen.

Ya se empezaba a tener una visión dogmática del mundo. Ya, por ejemplo, las diferencias no eran bien vistas, no solo las diferencias de ideas, de pensamiento, que son las que debían ser más toleradas, sino que eso derivó a cómo te vestías, a cómo actuabas, a tus preferencias sexuales. Eso empezó por ahí y terminó en los campos de las UMAP [Unidades Militares de Ayuda a la Producción].

Se empezó con la intolerancia hacia las opiniones ajenas y se terminó, como hemos visto, con la persecución a religiosos, a homosexuales, y a poetas, como es el caso de Padilla. Y todo esto se hacía en nombre de la justicia social. Y lo curioso del caso es que muchos intelectuales y mucha gente sensible y mucha gente de buenas intenciones, de verdad creyeron que la revolución cubana era una nueva vía, otro camino a la justicia social. En realidad, eran unos locos que estaban jugando a ser ingenieros sociales, eso era todo. 

¿Cómo se produjo la censura?

 En esa época todavía quedaban algunos cines que no habían sido confiscados, entre ellos el Rex Cinema, que se dedicaba a poner documentales y noticieros de todas partes del mundo. El dueño era de apellido Cuenca. Lo conocí cuando yo trabajaba en el noticiero Cineperiódico. Ellos tenían un proyector comprado en Barcelona, un proyector de arco de 16 milímetros. Hicieron una proyección de PM, era la copia original, y les encantó. Me ofrecieron, no sé si eran 150 a 200 dólares por semana.

Sin embargo, Cuenca me indicó que debía llevarla a la Comisión Revisora de Películas, controlada por el ICAIC. Llené las planillas y me dijeron que regresara en una semana. Cuando fui a recoger la copia de PM, encontré a un oficial que me dijo que PM no solo estaba prohibida, sino que estaba confiscada. Enfurecido, lo increpé.

En ese momento apareció Alfredo Guevara por uno de los pasillos, abriendo y cerrando las puertas de las oficinas, aparatosamente. Mientras yo mantenía una discusión muy fuerte con el funcionario: le dije si el ICAIC era la KGB, o la Gestapo, y si ahora se dedicaban a censurar películas. Guevara, furioso, sin atreverse a acercarse demasiado a nosotros, seguía dando portazos y patadas por uno de esos pasillos del ICAIC, contiguos a su despacho.

Después declaró por ahí: "me llamaron fascista, entonces les entré a piñazos". Pero no solo no se enfrentó a nosotros, sino que se escondió. Cualquiera que hubiera conocido a Alfredo Guevara, tanto ayer como hoy, se hubiera dado cuenta que esta declaración es una bravuconada, una imposibilidad física.

Desde allí llamé a Néstor Almendros, Néstor llama al censor y tuvieron una bronca enorme. Entonces, Guillermo Cabrera Infante envía una carta, firmada por la mayoría de los escritores, a la Asociación de Escritores y Artistas, protestando por la prohibición de PM. Ahí se desata la ira de todo el mundo.

¿Qué recuerdas de la reunión de Casa de las Américas, antes de que se produjeran los encuentros de la Biblioteca Nacional?

Cuando nosotros mandamos esa carta a Nicolás Guillén, protestando ante la prohibición de PM, se convoca a una reunión multitudinaria para discutir el destino de la película. Y ahí se armó una discusión larguísima, enorme, bueno, se plantearon todos los problemas, la libertad de creación, en fin.

Nosotros estábamos allí, sentados a la mesa, como si fuéramos acusados. En ella estaban, además, Julio García Espinosa, Pepe Massip y otros funcionarios del ICAIC, vestidos de verde olivo hasta la cabeza. Aquello fue una especie de ensayo de lo que iba a pasar después, en la Biblioteca. Lo que allí se planteó fue si se le quitaba o no la prohibición a PM.

Había dos grupos en la sala, perfectamente divididos. La mayoría a favor de que no se prohibiera, de que se autorizara PM, y un grupito liderado por Mirta Aguirre, miembro del Partido Comunista [entonces PSP] y crítica literaria de su periódico oficial, Hoy, que estaba a favor de la prohibición. Ella, en un momento determinado, llegó a amenazarnos al decir: "ustedes entienden que así empezó la revolución en Hungría, por los intelectuales". 

Después de horas, llegaron a la conclusión de aplazar la discusión y que fueran las organizaciones de masas las que decidieran si se debía prohibir PM o no. Es decir, la Unión de Jóvenes Comunistas, el Sindicato de Choferes de Autobuses, los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, o el Sindicato de Peluqueras de la Habana Vieja. Daba igual. Todas estas organizaciones estaban dirigidas de una manera vertical por el Partido Comunista. Nos proponían que nos suicidáramos con entusiasmo.

Nosotros nos opusimos de nuevo, con otra carta mucho más violenta que firmaron muchos intelectuales y artistas, porque tenían el miedo atroz de que PM fuera el ejemplo a seguir. Y así fue. Ese fue el mismo camino que más tarde utilizaron para prohibirle el libro a Heberto Padilla. Había un antecedente muy claro y ese antecedente había sido PM.

Ellos lograron la patente de corso que les permitió hacer lo que quisieran sin que eso les hiciera perder el apoyo en el extranjero. Vamos, que la revolución era intocable, la revolución era generadora de todas las riquezas, de toda la belleza, de toda la fuente de verdad y justicia, y por lo tanto, cualquier cosa que hiciera no estaba mal. Y si había que hundir un remolcador lleno de niños, prohibir una película, o encarcelar a alguien, eso era un accidente en el camino. Y en realidad fue así, por muchos años, bueno, hasta que poco a poco se empezó a desencantar la gente.

Hoy, 50 años más tarde, Cuba es un anacronismo lleno de ancianos uniformados que tropiezan unos con otros. Cuba se ha convertido en Freedonia, el país de Sopa de pato de los hermanos Marx, y han tenido que hacer todas las concesiones que no hicieron antes, y han aprendido a vivir con esas contradicciones con tal de mantener el poder, que es lo que les interesa.

En la clausura de las reuniones de la Biblioteca Nacional, Fidel Castro pronunció sus 'Palabras a los intelectuales', discurso que se ha convertido en banderín oficial de la política cultural en Cuba. ¿Qué piensas de ese discurso?

Bueno, ese discurso creó al intelectual "revolucionario". Creó al intelectual que sabía agachar la cabeza, creó al intelectual que sabe las respuestas antes de que se hagan las preguntas. Les enseñó también a caminar con la frente en alto para evitar ver que caminaban sobre un montón de cadáveres.

De las reuniones de la Biblioteca Nacional quedó claro: se ratificaba la prohibición de PM, se censuraba las palabras de los intelectuales, incluido el magacín literario, Lunes, unos meses después.

Había hablado Dios, y ya, se acabó. Es que no hubo censura, realmente se secuestró un país. Lo que hubo fue una toma de posesiones y de posiciones totalitarias. Y desde ese momento estuvo muy claro lo que la gente tenía que hacer: escogías el exilio, o la oposición, que en aquel momento significaba largas condenas, la abyección total o la muerte, porque los fusilamientos estaban a la orden del día. Bueno, hubo gente que no hizo ni una cosa ni otra, y se quedó callada y sufrió el exilio interior, pero la mayoría desapareció de escena, se convirtieron en no personas.

¿Ustedes vieron el cariz neoestalinista del discurso de Fidel Castro?

Por supuesto que sí. Ese discurso venía después de muchas señales inequívocas, como la reunión de Casa de las Américas y la insólita y absurda propuesta de transferir el derecho a decidir la prohibición o no, de PM, a las organizaciones de masas.

Ya cuando Fidel Castro pronuncia su famoso discurso e interviene es para ponerle el imprimátur, darle el sello oficial. Nosotros fuimos a oír lo que él tenía que decir. Ese discurso (Palabras a los intelectuales) que, además, está lleno de contradicciones y de populismo lastimero: "siento mucho lo que le hicieron a esos muchachos", "siento mucho su pena, su dolor", como si él no tuviera nada que ver con aquello.

Además dice una cosa muy curiosa: "ellos tienen que comprender que esa película fue sancionada con una ley que existía antes de la revolución". Entonces, estas cosas las dice impunemente, y la gente aplaude, y se acabó. En fin, ya se había dejado toda esperanza cuando se llegó allí.

De hecho, cuando se terminó esa reunión, un grupo de nosotros fuimos hasta el periódico Revolución y Guillermo [Cabrera Infante] empezó a quitar todos los carteles y los afiches que decoraban la parte que correspondía a Lunes de Revolución, como diciendo "esto se jodió". Creo que lo dijo. Y, efectivamente, ya no había nada más que hacer. 

¿Se estaba censurando de una manera solapada a 'Lunes de Revolución'?

De solapada nada, de una manera muy directa. La película había sido apoyada y producida por Lunes de Revolución, fue una producción del programa Lunes en TV. Y Lunes  pagó su "pecado", con su desaparición. Además, en el discurso de Fidel Castro está ya prefigurado lo que él va hacer con el arte, o lo que el arte debe de hacer por la revolución (no hay diferencia): dentro de la revolución todo, contra ella ningún derecho. No hay más que discutir.

Como en Cuba no había un estado de derecho, ese discurso era el derecho. Ese discurso era fuente de derecho. Inmediatamente se tomó ese discurso como la voz a seguir, y lo que él dijo allí se hizo ley, incluyendo, por supuesto, sus contradicciones.

¿Fidel Castro se asume ante ustedes como un censor ciego, pues llega a decir que él no había visto el cortometraje?

Bueno, yo creo que aquel que haya conocido a Fidel Castro dos segundos, se da cuenta de que él es una persona con una gran curiosidad. Es un hombre extremadamente curioso, que no hubiera dejado pasar la oportunidad de ver esa película. La curiosidad lo hubiera matado. Es también un estratega brillante, eso es evidente, y creo que quedaba mucho mejor si le echaba la culpa a otra gente, en vez de cargar con la responsabilidad de prohibir una peliculita de esta naturaleza.

Para él, estoy seguro, PM era una "cosita ahí", unas sombras de negros que bailan. Prohibirla era una responsabilidad muy grande. Por eso, como en otras oportunidades, diluyó su responsabilidad individual en la del grupo. Sin embargo, él sabía que esa era la oportunidad dorada, "el momento histórico preciso" para ponerles una brida, un corrector, unas orejeras, a los intelectuales que se salían del plato. Que supieran los artistas, los poetas, los escritores, y hasta gente peor, como decía Borges, por dónde iban los tiros.

Pero estoy seguro de que debió quedar muy confundido cuando vio PM. Él debe haber visto en la película en sí, una razón muy débil desde el punto de vista político, para usarla como ejemplo, para censurarla, porque en realidad solo eran unos negros bailando… En fin, yo creo que PM confundió a mucha gente, estética y políticamente.

La revolución quería mostrar en ese momento su neorrealismo socialista: al obrero con el fusil en alto. Por supuesto, dentro de esto había una gran cursilería.

La revolución, extrañamente, no terminó con la cursilería en Cuba, ni con la radionovela, al contrario, la incorporó. A la cursilería cubana tradicional, le incorporó la cursilería neoestalinista. En vez de ser fuente de rompimiento, de vanguardia, con el tiempo creó una cursilería uniformada, esta vez enmascarada con la justicia social, el futuro luminoso, el hombre nuevo y todas esas boberías. Con el tiempo esa solemnidad se ha deteriorado mucho. Ahora lo que quedan son los ruidos de la historia, como decía Montesquieu.

Sin ser un contrarrevolucionario, tú te tienes que ir de Cuba. ¿Tu desencanto estuvo condicionado por la censura de 'PM'?

Yo estaba desilusionado desde hacía tiempo. Realmente, yo no esperaba mucho de un hombre que mentía y cambiaba su discurso constantemente, "¿armas para qué?","libertad con pan, pan sin terror", mientras se armaba, mientras se fusilaba y escaseaba el pan. Hacía un discurso que no se correspondía con la realidad. Como yo lo vi tantas veces actuar en público de una manera y en privado de otra, en fin, yo no tenía muchas ilusiones.

A mí lo que me espantaba, en ese momento, era ver cómo la gente se deslumbraba ante la presencia de un loco con vocación histórica, porque eso es lo que era, un desenfrenado con una vocación histórica, un divagador de consignas, que le hacía repetir a cualquiera lo que él quería.

Él manejó a ese pueblo como le dio la gana, y lo que es peor, a los intelectuales, a los que se suponen que pensaran, a los que se supone que reflexionen, a la gente que se supone que le pusiera freno, bueno, los que no se fueron al exilio se quedaron allí, aplaudiendo con entusiasmo, blandiendo las farolas. Eso, por supuesto, culminó en parodia.

Si en toda obra de arte hay algo de autobiográfico, ¿qué hay de ti en 'PM'?

Yo soy un hombre que vivo de noche. Absolutamente. Yo vivía en el pueblo de Regla y PM es sencillamente lo que hacía la mayoría de la gente los fines de semana, sobre todo los obreros, que se montaban en la lanchita y cruzaban la bahía para llegar a La Habana y divertirse en esos bares del muelle de Luz.

Tan pronto te bajabas de la lanchita había bares y restaurantes y de cuanta cosa te puedas imaginar. Había un agradable ambiente de fiesta, mezclado con el olor a mar y a petróleo derramado por los barcos en el puerto. Era una zona medio conocida, medio desconocida.

En la madrugada, la gente, otra vez, se montaba en ese pequeño botecito que los devolvía de nuevo a Regla, al sueño y a la noche. Si hay algo de autobiográfico será eso.

PM era también pura arqueología. Ese mundo estaba a punto de extinguirse y trataba de sobrevivir en medio de aquellas consignas machaconas. Con la fiesta, esa gente lo que trataba era de evadirse ante aquella impostura soviética. Esos signos marciales, esos desfiles con banderas, esas marchas heroicas, era algo que les costaba trabajo asimilar. Y eso estaba en la mente de muchos.

Un día, Carlos Franqui, muy en serio, me dijo: "es que la rumba, Orlando, es más fuerte que el comunismo". Pero se equivocaba. Sin embargo, yo creo que en ese pueblo, y no solo en los bares del puerto, sino en muchas otras partes también, había un deseo abrumador de que se estabilizara la vida, de volver a la normalidad y de que se acabara de una vez esa avalancha de solemnidad y de gravedad que se le imponía al pueblo cubano de una manera tan brutal.

Además, para que no quedaran dudas de que la cosa iba en serio, ahí estaba el paredón. De repente, los asesinatos eran legales. Los fusilamientos, en esa época, eran una cosa común, no solo a los que habían pertenecido a la dictadura anterior, sino a muchos jóvenes idealistas que se rebelaban, incluidos muchos de los que habían luchado por esa revolución.

Y eso era tremendo, porque no era la dictadura de Batista, donde según la constitución, matar o torturar era ilegal .Y la gente protestaba ante esas ilegalidades, se luchaba, se peleaba y se le hacía oposición en los periódicos tan pronto se levantaba la censura de prensa. En 1961 hacer oposición era ilegal, aunque no hubiera ley que así lo dijera.

¿Y cómo te marcó aquella censura?

Bueno, lo que pasa es que PM es un referente al cual la gente siempre vuelve. Si no  la hubieran censurado, esa película estaría más que olvidada. Ellos son los responsables. Como en aquella anécdota de Picasso, cuando en París, durante la ocupación alemana, unos oficiales de la Gestapo le preguntaron si él era el autor del Guernica. Y él respondió: "no, no, lo hicieron ustedes". 

PM es un invento de ellos. Y un invento que les ha costado caro. Si tuvieron un triunfo en algún momento, porque lograron terminar con todo tipo de oposición y retorcieron la revolución hasta lograr esa patética parodia estalinista que es hoy, después han pagado caro, porque PM se les ha convertido en un fantasma recurrente, en un fantasma que tiene ya medio siglo.

 

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Un baile de fantasmas, documental dirigido por Manuel Zayas, se estrenará próximamente.