Domingo, 17 de Diciembre de 2017
12:16 CET.
Aclaración

Nota a propósito de mi artículo 'El negro del Stradivarius'

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Respuesta al Sr. Javier de Castromori

Blog Memorandum Vitae.

 

Estimado señor:

Juan José De Soiza Reilly, periodista  uruguayo-argentino (Uruguay, 1879 - Buenos Aires, 1959) dejó, entre sus muchos tesoros literarios, un legado especial para todos los cubanos: fue el testigo excepcional del final trágico de Brindis de Salas, un grande de nuestra música. Su sensibilidad humana y su agudeza periodística fueron sus mejores armas. En 1911 escribió para la revista bonaerense Caras y Caretas una detallada crónica de los últimos momentos de ese gran intérprete, y con su saber hacer supo captar la relevancia del momento histórico al que estaba asistiendo.

De esa fuente hemos bebido usted y yo con los mismos objetivos, los mismos sentimientos de respeto y, seguramente, con el mismo derecho. Los datos a los que ambos hacemos referencia nos los legó De Soiza Reilly. Estoy convencida de que el propósito de este hombre especial era que la imagen de ese gran músico errante y torturado no se perdiera en el olvido. Nos dejó, por eso, aspectos de incalculable valor. Por eso somos sus deudores y ambos lo hemos consignado en nuestros respectivos acercamientos a la figura del músico, mencionando como corresponde al escritor argentino. En la crónica a la que usted se refiere he pretendido establecer un paralelo entre los destinos trágicos de dos músicos cubanos, padre e hijo, y de alguna manera rendirles homenaje enfocando su contexto histórico.

Muchos intelectuales cubanos y extranjeros han manejado una y otra vez los mismos datos sobre Brindis de Salas que se encuentran disponibles en bibliotecas y hemerotecas. Desde Alejo Carpentier, hasta biógrafos y compiladores como Helio Orovio, Armando Toledo, Josefina Ortega, Rogelio Saunders, Rafael E. Tarragó, Ciro Bianchi Ross, y muchos otros. Datos todos marcados por una necesaria recurrencia.

Nadie pretende cuestionar la meticulosidad con la que usted compila datos y reseñas de grandes figuras cubanas. Pero creo que se le escapa que todo sistema que traza una línea diacrónica tiene que contar con que las historias están ahí ya, no surgen de la nada, que usted se sirve también de ellas, y es improbable que no coincidan las fuentes en un momento dado, y se eludan referencias terciarias.

Cuando Julia Kristeva habla de intertextualidad, renombrando el concepto de dialogismo que Bajtin había acuñado años antes, se refiere precisamente a ese fenómeno de tejido imbricado que se produce en la literatura desde siempre, y que se repite cada vez que la palabra hace acto de presencia. (Llegados a este punto debo consignar, so pena de parecer ingrata, que he podido escribir las anteriores líneas gracias a los conocimientos adquiridos en la asignatura de Teoría de la Literatura de segundo Año de Filología Inglesa de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, bajo la dirección del distinguido profesor José Domínguez Caparrós y con la tutoría de la Dra. Rosa María Aradra.) Aunque coincidirá conmigo en que el hecho de mencionar conceptos implica una elaboración personal, estilística, una re-expresión de los términos, con otros elementos sintácticos, otros miembros equivalentes de los paradigmas, intentando transmitir un mismo contenido. Ya ve: a mi edad sigo estudiando porque no quiero perder la palabra... Y, mucho menos, robarla.

Es usted joven. Bastante más que yo. Bajo ningún concepto quiero parecer inmodesta. Pero cualquier cantante capaz tiene algo de ventaja en eso de los aplausos y quizás no sepa que conmigo el público ha sido en ese aspecto más que generoso. Con mi artículo no perseguía aplausos. Los conozco. Doy gracias a Dios porque aún conservo mi voz, aunque le ruego a Él que me otorgue la necesaria inteligencia para callarme cuando ya no sirva para nada. Pero, por aquello de la intelectualidad y las citas, siempre he procurado seguir al pie de la letra el clásico retruécano de Sor Juana Inés, "poner bellezas en mi entendimiento, que no mi entendimiento en las bellezas". Por eso, si no vio usted en mi redacción más que un interés espúreo, ha hecho una lectura equivocada.

Desde su blog me ha ofendido usted y ha dañado mi imagen. No sé bien con qué intención. Aunque puedo entender lo feo como recurso literario, no me gusta demasiado. Siempre me ha parecido poco ético el comportamiento deslenguado y el ataque personal. No es mi estilo. No tenía ninguna necesidad de usar la palabra despectiva y el tono insultante para reclamar algo que, a su juicio, había sido un error.

Aprovecho esta oportunidad para eximir a la redacción de DIARIO DE CUBA de responsabilidad alguna sobre mi texto. Soy responsable de lo que escribí, de haber usado el legado de Soiza Reilly igual que lo ha usado usted, y con el mismo derecho histórico. Soy responsable de saber —desde hace muchos más años que usted— de los tristes destinos de los negros, porque, además, los viví desde niña en primera persona.

Soy culpable de escribir regular, bien o mal; de ser negra, de que me duelan los intérpretes olvidados, de haber leído a Villaverde, a Deschamps, a Fraginals, a Juan Gualberto Gómez, hace mucho, mucho tiempo. De tener todo eso dentro y con eso escribir. Porque me duele en la cabeza, en los huesos y en mi corazón de mujer de una raza ultrajada. 

Vivo como usted fuera de mi país y en otro que no es el mío. Me parece que usted, yo, y todos los que tenemos alguna responsabilidad con la cultura cubana, cada uno con sus dotes y sus potencialidades, deberíamos encontrar más puntos en común que divergencias. Quiero ser optimista y contribuir a que el futuro no alimente en todos nosotros una Hidra que dañe más aún a nuestro pobrecito país. No tiene sentido lanzarnos unos contra otros a disputarnos como perros rabiosos (término acuñado del que espero nadie reclame copyright) una paupérrima parcela de poder. Algo habrá que hacer para que ese espanto de política nacional, con su secuela de repudios y de escándalos, no nos siga marcando.  Algo tendremos que hacer para volver a aprender a hablar con la lengua de los ángeles (Corintios, 13:1).

Le saluda,

Alina Sánchez

Madrid, 4 de junio del 2011.

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