Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
13:57 CET.
Artes Plásticas

Exhibir los fracasos

El joven artista Hamlet Lavastida (1983) acaba de inaugurar su primera exhibición personal en Estados Unidos. La Galería Pop-up Show del distrito de arte en Wynwood reunió las obras más recientes del artista habanero bajo el título Último Congreso. Arraigado en el arte contemporáneo y con un diálogo perpetuo con la generación cubana del arte de los 80, la obra de Lavastida articula buena parte de las prácticas del arte contemporáneo como pueden ser el performance, el arte conceptual, graffiti art, arte de conducta, o más recientemente las variantes del arte relacional, donde el espacio y público negocian constantemente sus dimensiones. A continuación, un diálogo con el artista sobre esta exhibición, y los desmanes entre arte cubano y política.   

Una de las cosas que más me interesa de tu obra es la manera en que repasas una especie de realismo socialista nacional que nunca existió a nivel de la plástica cubana, sino en la totalidad cotidiana. Es decir, trabajas con una fábrica visual que compone el pasado y el presente de la realidad cubana. Pienso en específico en obras donde trabajas con logotipos o materiales revolucionarios ('Mural Quinquenal', 'Reflexión', 'CTC') o simplemente con algunos acontecimientos que trastocas con el fin de revelar otra significación, como pueden ser las obras sobre las UMAP. ¿Cómo se inserta tu obra en relación a estos largos años de la revolución y su ideología? 

Mira, lo que sucede es que si bien los artistas no querían hacer conscientes los rasgos de un tardío realismo socialista en la plástica cubana, el gobierno demostró que tenía intención de articular alguna especie de estética referida al "realismo socialista" en las artes plásticas. Ya en mi tesis de 2009 en el ISA hablé de ello, y cité estas frases de los documentos para el II Congreso del Partido, en 1981: "En las artes plásticas se debe continuar laborando en la vinculación entre el pueblo y los creadores. Se aprecia el surgimiento de toda una generación de jóvenes artistas llamados a continuar la obra de los grandes maestros cubanos. Especial atención debe darse al desarrollo escultórico, monumentario y muralista, con obras destinadas a perpetuar hechos históricos y la memoria de los próceres, héroes y mártires de la nación. El trabajo en esta esfera debe también contribuir al mejoramiento del diseño ambiental y a profundizar en el concepto social de esta manifestación".

Por otro lado, ¿a qué se referían esos cientos de vallas que se desplegaron por toda la Isla desde los 60 e inclusive ahora? ¿No es ello también parte de la plástica nacional? Porque una valla, un diseño, pertenecen a las artes plásticas, ¿no? Porque cine no es, y mucho menos ballet. Eso era algo que comentaba con Carlos Garaicoa, y que él mismo reutilizó en una de sus piezas exhibidas en la Bienal de Moscú, y que se mostraron en una exhibición con Ezequiel Suárez en Galería Habana en 2005.

Determinada estética existe en todos lados, prensa, valla, cajas de fósforos, etc. Se trata de un paisaje que va desde la sofisticada propaganda política hecha y orientada por el régimen hasta por la cultura popular. Es en ese "paisaje" donde obtengo mi materia prima, una materia prima con una fuerte carga de retórica política, basada en el texto y la imagen. Lo que me interesa sobre todo es asumir una postura desde una generación que aparece después del "Período Especial", desde su devenir de precariedades. A mí me interesa cómo, en todos los regímenes totalitarios, lo único que perdura es la estética que se elaboró en torno a sí misma. Los museos de Europa y Asia están llenos de obras que tuvieron una función en la realidad mediática de años pasados y que ahora son símbolo de ello, piezas de "guerra mediática" olvidadas y recordadas. Cuba no será una excepción en eso.

Si bien figuraste en exhibiciones como Killing Time y luego Profane Expressions, ambas a cargo de Glexis Novoa, Último Congreso viene siendo tu primera exhibición personal en Estados Unidos. ¿Nos puedes hablar un poco en qué consiste la muestra? 

Sencillamente son obras que traje desde la Habana y que, por alguna razón lógica, no se podían exhibir allá. Aunque hay algunas que sí se exhibieron, y este fue el caso de los collages del 2007, "Bondadoso Pabellón".

Último Congreso se presenta en paneles parecidos a los que se exhibían en Cuba, en el Pabellón de N y 23, o en la Rampa en los 60 y 70. Es un proyecto que siempre quise hacer y ahora se me ha dado la oportunidad, pero es algo que funciona lo mismo en Cuba que en Taiwán. Porque, si esos pabellones que he citado exhibían logros, este pretende exhibir los fracasos, los planes absurdos e ideas inacabadas del sistema socialista cubano.

Estas "fachadas" siempre se hacen para crear una supuesta imagen de Cuba hacia el mundo, yo le añadido otros contenidos a esa intención. Pensé en el pabellón cubano de Montreal de 1967, que fue un hito de la cultura cubana en los años sesenta. El título de la exhibición se me ocurrió a partir del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, a realizarse en abril, y que según las señales que se ven deberá ser el último. Eso espero.

Kitsch y comunismo comparten, como ha visto Greenberg, un mismo origen. Tu obra, a mi juicio, suele volver una y otra vez sobre esta dinámica.

En cuanto al kitsch, entiendo que en nuestro país existe un amplio abanico de referencias desde la cultura popular hasta la alta cultura y hasta la estética que se maneja por el poder. Como toda sociedad subdesarrollada, eso es algo que cae por su propio peso. Hay también cierta estética con matices del catolicismo más rancio, allí el kitsch o un barroquismo es exorbitante, ello también pudiera ser una posibilidad de interpretación hacia y desde el poder.

En realidad, las piezas de esta exposición parten de un complicado sistema iconográfico que suele aparecer y desaparecer en publicaciones hechas dentro de la revolución. Quiere decir que todas las imágenes y textos son verídicos. No son ficticios, parten siempre de una realidad. Lo que ocurre es que no han sido publicitados como los logros del sistema.

Yo mezclo íconos y logos diseñados por mí con una identidad de prensa nacional muy específica de los años sesenta (como en el caso de los diseños de UMAP y DSE), pero no he adicionado nada a los logos del PCC y de la UJC.

Texto e imagen aparecen en tu obra matizados en el slogan político, es decir, en la construcción misma de la obra. De manera que el espectador tiene una relación, no solo visual, sino también lingüística frente a tu obra. ¿De qué manera interviene ese nivel semántico en la construcción de tus obras? 

Bueno, lo peculiar es que estos textos a los que se hace referencias son textos que "la revolución" misma publicó pero que después se afanaron  en hacer "desaparecer". No obstante, ahí está el caso de "Contra el comunismo", que es un editorial de 1959 de la revista Bohemia.

Digo "desaparecer" porque premeditadamente se olvidan o los olvidan. Es decir, no encajan dentro el discurso oficial; no los publican más, los censuran. Este es un fenómeno curioso porque el mismo "proceso" se mutila, se autoelimina. "Se va quitando puntos", como dice la gente en la calle. Entonces a mí me resulta curioso cuando los encuentro y los devuelvo a la luz con cierta redefinición estética. Pero la carga semántica y conceptual de todo esta historia ya es algo adicionado por los propios organismos que se encargan de hacerlos pasar por el "trance histórico". Son textos como "objetos", objetos reales más allá del plano semántico o de las ideas.

Claro está que reeditar ciertos "objetos textuales" hacen pasar a la obra y al artista por el mismo trance al que fueron expuestos sus abuelos de tinta y papel. Fue eso precisamente lo que pasó con una obra realizada en 2007 en el taller de reparaciones Vostock, en Centro Habana, donde le metieron pintura rosada a un discurso de Raúl impreso por mí en una pared. Lo cual fue una evidencia del temor de las autoridades a ver reflejada "su propaganda" por alguien que no pertenece a la maquinaria propagandística oficial. Miedo al emisor, o al interlocutor pudiera decirse.

Eso sí, es una carga semántica sin precedente… Imagínate, censurar hasta un discurso de Raúl Castro porque Fulanito del ISA metió el petate en negro en una pared toda destruida en un taller de Centro Habana. Hasta Lázaro Saavedra hizo un comentario de lo más curioso, donde decía que había que empezar a poner textos polémicos de Raúl para que vinieran y le arreglaran con pintura y muebles nuevos los talleres todo descojonados de la Habana.

Otro aspecto muy interesante es, en efecto, esta dimensión participativa. Un arte que hace actuar, ¡en este caso a las autoridades mismas! Esto implica que creas diferentes públicos. Imagino que esto tiene que ver, por supuesto, a tu definición como artista en el círculo de Arte de Conducta, de Tania Bruguera. Pienso también en la Generación de los 80 que, en la década del noventa entró en crisis a raíz de los nuevos mercados internacionales, y que hoy ha regresado como modelo de no pocas prácticas contemporáneas cubanas. ¿Cómo dialogas o respondes frente aquella generación?

En los 80 se abrió el diapasón cultural de la plástica cubana. Lo mismo existía un proyecto Pilón que un Grupo como Puré, o Arte Calle. Eso dotó a la plástica cubana de alternativas, de formas y maneras diferentes de ver la cultura visual. En los 90 ya no sucedía lo mismo, a excepción de Espacio Aglutinador, pero si se amalgamó el arte después del exilio masivo a principios de los 90. Tras el suceso de El Objeto Esculturado todo el camino de la década anterior quedó allanado, como se observa tan bien en Memorias de la Postguerra, donde Tania Bruguera hace un magnifico recuento sobre esta situación.

Últimamente, antes de venir, hablé con Lázaro Saavedra y Ernesto Leal, artistas todos que vivieron de lleno esa generación, y te digo que si hay algo que no te cuentan en las escuelas de arte, es la parte oscura de esos "ochenta". A mí me consta que, por ejemplo, la censura y la persecución por parte de "agentes culturales" siguen siendo una realidad en la Isla, y todavía no logro comprender, como me decía Lázaro con cierta ironía, por qué no abren una cátedra en el ISA de cómo lidiar con los agentes de Seguridad del Estado.

Pienso en Heberto Padilla cuando hizo su autocrítica en la UNEAC en 1971, por ejemplo. Es decir en las escuelas cubanas te preparan para pintar, para aprender la forma y la "metatranca", pero no te preparan para el contexto social tan arbitrario que existe en Cuba. Los 80 fue un símbolo de ello, de cómo lidiar con posiciones extremas desde el Ministerio de Cultura o el Fondo Cubano de Bienes Culturales. Resultado de todo esto fue, a mi entender, la serie Etapa Práctica, donde Glexis Novoa puso de manifiesto todo los temores y oportunismos de una generación choqueada por la tan carcomida institución cultural. Aunque esto no fue nuevo, pues ya a principios de los 60 artistas como Raúl Martínez o Servando Cabrera habían sufrido el ostracismo cultural.

Si uno observa bien el panorama y ve que no tiene salida, entonces qué hacer con todo este intríngulis de situación. Uno se encuentra ante el "vía crucis del artista" y se vuelve algo así como una batalla misteriosa y enrarecida, donde no existen personas que den la cara cuando estás metido en candela. En la cátedra de Arte Conducta se aprendió mucho sobre ello porque, "a pesar de los pesares" era un proyecto "fuera del marco de la institución". Es decir, formaba parte de la institución, pero no era parte de su engranaje maquiavélico.

No es cierto, como muchos han tratado de hacer ver, que en la cátedra todo el mundo fue hacia el vídeo o hacia el arte político. No son ciertas las muchas opiniones que constituyen la desinformación tradicional que emplean los críticos desde el Partido. Ni siquiera había una postura estética afín entre los participantes en la cátedra, porque artistas como Leandro Feal, Adrián Melis o Alejandro Ulloa son completamente diferentes entre sí.

El contexto social en Cuba está muy cargado. Hay muchas deficiencias, sobre todo en el orden de lo moral y lo ético. Hubo un taller muy interesante que se impartió en la Cátedra de Arte Conducta que versaba sobre "la ética del artista", situación tan polémica en la plástica nacional. Pero pienso que el individuo cubano, el ser que habita en esa cárcel de mar, ya se ha gastado mucho. Hay profesores en las escuelas de arte que nunca han visto ni un Velázquez ni un Dan Flavin. Lo cual da pie a un dilema terrible, pues si usted no ha tenido nunca el objeto empírico delante, no puede convencer a base de representación sobrerepresentada, etc. Eso es un problema de dinámica cultural.

Ahora bien, creo que el asumir posturas sociales o estéticas como las de los 80 hacen al individuo creador más democrático. Es algo así como ser estudiante siempre, explorar con diferentes medios y diferentes conceptos. Eso creo que hace al creador más que un simple artista, un ente cultural, un "intelectual". Y no creo que precisamente haya sido eso lo que se generó en los 90. Si no, veamos el caso paradigmático de esa década que fue Kcho, y lo que más le molesta a uno es que estos artistas se vuelvan paradigmas dentro de una sociedad con compromisos sociales muy complejos. Eso precisamente ya está cambiando, porque hay creadores que no tienen nada que ganar ni nada que perder.

Se habla risiblemente de un "fin del arte cubano", a causa de los continuos desplazamientos, ya no solo de artistas, sino también de críticos y curadores, hacia el exterior. La ínsula dinamitada en mil pedazos. Pienso en la cuestión de un exterior o una especie de descentralización del arte cubano. ¿Cómo ves ahora la tarea de hacer arte fuera de Cuba?

Pienso hacer obra fuera de Cuba como si estuviera en Cuba, pues la Isla no solo es ese pedazo de terreno, es todo un devenir, una cosmogonía. Si dejara de pensar en ello, en donde nací y crecí, sería tan absurdo como si los exiliados cubanos de cuando la colonia española nunca hubieran pensado en Cuba.

Pienso que sí se ha dinamitado, aunque el cubano de antaño siempre fue un individuo de entrar y salir, al que le hacía falta verse en otro medio. Desde afuera también se descubren las otras Cubas que muchas veces, desde la cercanía, no puedes ver. Eso expande el horizonte de la nacionalidad, y precisamente eso no es el "fin del arte cubano" ni mucho menos.

Parece ser que a lo que le dicen "fin" es, en realidad, una "crisis". Más que nada una crisis de institucionalidad, una crisis de credibilidad en los sujetos que manejan la instituciones. El "fin" está en la infraestructura estatal, que se encuentra acabada y corroída. Creo que precisamente lo que está acabado es el Ministerio de Cultura y el CNAP (Consejo Nacional de las Artes Plásticas), que sólo son utilizados por los artistas para viajar y conseguir permisos de salida. Esas instituciones son la “Inmigración de los artistas", el control de aduana y más nada, porque espontáneamente no crean proyectos artísticos, ni les preocupan lo que hacen los jóvenes artistas… Te lo digo con plena conciencia, pues los graduados de artes plásticas llueven en La Habana y después no saben ni dónde meterlos. Eso es otro problema, un problema de estructura, o de mal manejo de ella. Por eso es que muchos emigran, se pasan a otro sector como el de animación en el ICAIC, o al jineteo.

Grosso modo, te digo que esa postura de quedarse en Cuba haciendo arte para ese contexto es algo ya del pasado, pues el escenario de cubanía se ha movido tanto, y cada vez más hacia fuera, que sería ridículo pensar que fuera o dentro significa mérito o demérito. Me gustaría que se pensara de esta manera, sin ver la cerca, el mar como frontera, eso de dividir a Cuba en espacio siempre fue un concepto de la Península. ¿Hasta cuando la Península y hasta cuándo "La Siempre Fiel Isla de Cuba", como le gustaba a los peninsulares decirle a la patria del criollo?

Romper con la subjetividad guevarista del Hombre Nuevo me parece que es uno de tu recursos para narrar, desde la estética, el nuevo orden temporal cubano, o post-comunista quizás. ¿Piensas que se puede seguir haciendo esta obra fuera del contexto interno de la isla, o tiene el artista que desplazarse u optar por otro discurso?

En ese sentido creo que ese dilema es resultado de un proceso que, más que histórico, social o político, es psicológico, porque el fenómeno nacional para aquellos que vivieron y viven con el sistema imperante es algo tan fuera de lo común, tan bizarro que queda en la psiquis desde muy pequeño. En todo caso, el desplazarse hacia otro discurso depende de la cantidad de experiencia que quieras acumular en torno a ella, o si quieres comenzar una nueva investigación.

Te digo que en mi caso todavía hay mucho que investigar sobre el fenómeno e impacto de la educación socialista y cómo ello ha marcado la psiquis del individuo cubano, o del intelectual cubano. Algo muy a lo Eric Fromm que, por ende, está censurado en Cuba o de quien, al menos, no se ha publicado todavía ni una página.

Sobre el Che y el hombre nuevo me gustaría decirte un par de cosas. El Che está muerto, es un cadáver. Lo peor es que sus ideas también. Es una lástima cómo murió, él fue quizás admirable para muchas chicas, pero no para mí, ni para mi generación. En tanto al hombre nuevo, te digo que ya está viejo, y tan decrépito que es homeless en Miami, vive en Miami a base de food stamps, o metiéndose crack. Esto no es una metáfora, lo he visto con mis propios ojos.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

En cuanto a proyectos futuros tengo muchos. Imprimir muchos de los carteles de la UMAP que tengo en diseños fotográficos. Nuevos videos, nuevas instalaciones. Ya uno de mis proyectos se plasmó aquí, el Último Congreso. Ahora espero un poco, pues las exposiciones no son de así por así.

Me gustaría agradecer en especial en esta entrevista a personas que hicieron posible, de manera voluntaria o involuntaria, esta exhibición: Glexis Novoa, Consuelo Castañeda, Lázaro Saavedra, Ezequiel Suárez, William Córdova, Carlos Garaicoa, Lillebit Fadraga, Tania Bruguera, Orlando Gálvez, David Lombardi y Daniel Lombardi, Raychel Carrión y Annelis Liens, verdaderas lumbreras de intelecto y cariño para conmigo.

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