Jueves, 14 de Diciembre de 2017
01:56 CET.
Música

Al habla con Pavel Urquiza

Esta conversación comenzó con el fondo musical de Ajiacotrópico: revoluciones por minuto, uno de los últimos trabajos discográficos de Pavel Urquiza y René Espí. Algunos de los lugares en la que tuvo lugar son verdaderos: mi cuarto, muy próximo a Lincoln Road en South Beach; una madrugada en Washington Avenue (después de que Pavel terminara su segundo concierto en el Hoy como Ayer, de la calle 8); pero también en lugares imaginarios: un lounge bar del SoHo de Nueva York, un tugurio nocturno en el convulso Tokio, sitios acaso más ideales para esta música.

Pavel Urquiza, cantante, compositor, arreglista y poeta (sí, poeta también) intenta huir de la etiqueta de "maestro" que ya muchos le endilgan. El "hombre de los mil registros musicales" desea simplificar las cosas, su informalidad para asumir lo formal, y dinamitar todos los conceptos es su estilo, su forma de crear, su carta de presentación en el reino de este mundo.

Por las puertas de estos lugares donde ocurre esta conversación entran muchísimas personas huyendo del mundanal ruido de la vida. La luz de las lámparas suaviza los rostros. Los sofás de terciopelo son el bálsamo para el cansancio. Los colores —dorados, rojos, verdes y azules suaves— van uniéndose, formando otros colores. La música de Ajiacotrópico va imponiéndose, rezumando a ratos un estilo retrofuture, un bolero house o ciberbolero, para luego convertirse en una electro rumba que también será un jazz lounge: un viaje —intento citar, a medias, a la cineasta Isabel Coixet— por el mapa de los sonidos de la mente.

Tienes fama de huir de la canción fácil, de complicar las cosas estilísticamente hablando, pero esa misma fama va acompañada de admiración y de talento probado. Hay quien asegura que el duende de tu música es uno de los más inquietos en el panorama musical de Hispanoamérica. ¿No te da miedo arriesgar tanto siempre en cada producción?

Realmente no arriesgo nada, hago lo que voy sintiendo en cada momento. Cada producción es como un gran mural sonoro, lleno de matices y colores. Cada tema dentro de cada producción es un motivo de ese mural con personalidad propia, conectado a los otros temas como piezas de un rompecabezas, hilos invisibles tejiendo texturas interconectadas entre sí, como la vida misma. Es como renacer una y otra vez, no lo percibo en notas, más bien en sensaciones, texturas, colores, partiendo de la esencia, desnuda, primaria, de la obra en sí.

Cada disco es diferente, por eso no tengo un método creativamente hablando. Sí hay una experiencia que, en términos técnicos, me ha dado una manera de hacer las cosas respecto al hecho de producir y todo lo que implica más allá del acto creativo, teniendo en cuenta que la mayoría de las cosas que hago ahora son de forma independiente y que, si quiero hacerlas, he de ser versátil.

Con el tiempo he ido madurando esa parte técnica. Sé hasta dónde puedo llegar. Sé qué no debo hacer porque afectaría al resultado, y al final un disco es un producto y está destinado a un consumidor. Formamos parte de un mercado y no se puede obviar la ley de la oferta y la demanda. Para mí no es el motor esa ley, pero dependo de ella para vivir de la música. El riesgo entonces es que lo que nace de una necesidad creativa profunda y no responde a códigos mediáticos puede quedarse como un barco navegando a la deriva… 

 ¿Cómo logras hacer tantas cosas diferentes y mantener el sello Pavel Urquiza?

Creo que es porque no voy en una sola dirección, por un solo camino; sino más bien por senderos que se conectan con otros trazando rutas que me desvelan paisajes nuevos, reconocibles a la vez, inquietantes, insólitos. Al final, no es más que la necesidad de darle forma y amplitud a esa parte de uno que vibra en cada momento, a lo ancestral, de dónde vengo y a dónde voy. 

De Trampas del tiempo a Ajiacotrópico, sin dejar de mencionar a Pavel Urquiza y descarga subterránea, existen lazos de contactos pero también puentes diferenciales en cuanto a estilo y formas. ¿Qué mantienes, qué dejas atrás? 

Dejo atrás fronteras mentales, culturales. Dejo atrás limitaciones lógicas, producto de una situación geopolítica específica, de una insularidad en todos los sentidos. Mantengo o intento mantener el pecho abierto, la capacidad de asombro. He pasado de sentir como cubano a sentir como ciudadano del mundo.

El verso de T.S Eliot 'Tiempo presente y tiempo pasado, se hallan quizás presentes en el tiempo futuro y el tiempo futuro dentro del tiempo pasado' define muy bien este disco: voces y sonidos del pasado (pienso en el piano de Pérez Prado al final de Rockin'Mambo; la trompeta de Armando Armenteros; la sección de metales en Las peleítas; Gilberto Urquiza, etc.) vienen a mezclarse, en el presente, con la música tuya y de René, con la trompeta de Cheíto Quiñones, la armónica de tu hijo Malcom, el saxo de Ricardo Pons, la voz de Barbería. Todo esto bajo el disfraz de una polifonía futurista y refinada, todo un ajiaco. ¿Es algo que planifican o es producto de la intuición musical?

Es un juego, nada pretencioso. La música no tiene tiempo y cada vez más para mí las categorías se van resumiendo a la música que me gusta y la que no me gusta. 

 Por 'ajiaco' entendemos una suma de muchos ingredientes…

Y mezclados con trópicos psicovoladores…

El disco comparte con los mundialmente famosos Budha Bar o Gotan Project las cercanías del lounge o World Music, pero se aparta de ellos rescatando elementos más tropicales, más latinos.

Sí, parte más de nuestra experiencia específica, de dónde venimos, cultura de tambor, ritmo, pero también canción, trova, bolero, tradición, armonías complejas y simples, la academia y la calle, el caos equilibrado o el equilibrio del caos.

Eso se junta a la vivencia europea, salir al mundo, conocer otras culturas, otras maneras de hacer música, puntos de vista diferentes de lo mismo. Vino la música electrónica, el chillout, el ambiance, entre otros estilos, dónde pude descubrir trabajos excelentes. Me di cuenta de que había buenos artistas, buenos músicos, usando esas herramientas para expresarse y me identifiqué con ellos, comprendí el contexto, el modo distinto de expresar la vivencia, la posibilidad de pintar con la tecnología, combinando lo electrónico y lo acústico, creando mundos sonoros que respondían a una realidad que estaba en constante desarrollo, y dónde la tecnología era base fundamental para la comunicación de la creación artística. 

Tienes un amigo que suele jugar con los términos A.P, D.P (Antes de Pavel, después de Pavel) al referirse al panorama musical cubano, aunque sabemos que, acaso por humildad, desechas esos términos.

Olvida eso, no existe A.P y D.P, el antes y el después es relativo…

René y tú comparten un origen 'genético' que es casi macondiano. Si remontaran la genealogía familiar…

Parece que mi abuelo Gilberto y su mamá eran primos. Por lo menos, su padre Roberto Espí y Gilberto Urquiza eran muy buenos amigos…, ¿curioso no? Teniendo en cuenta que no conocí a mi abuelo y René y yo nos hemos hecho amigos (hermanos) en España… En Cuba sólo nos cruzamos alguna vez… Las conexiones, los hilos invisibles… Las casualidades no existen.

Es obvio que asumes la letra de tus canciones con mucha poesía, lo que muchos llaman 'canciones inteligentes'. ¿Qué importancia le das a la palabra cuando trabajas la canción? 

Toda. Como a la música. Siempre he intentado encontrar las palabras de la música. A veces, sólo a veces, es al revés. Y últimamente, el lenguaje sin palabras de la música: el sub-texto del cuadro sonoro, el lenguaje universal.

¿Qué sucede primero en ti, la música o la palabra?

 La música.

Tus experiencias con la música afrocubana, las fusiones de filin progresivo, el jazz, el flamenco con ritmos brasileños, caribeños, mediterráneos y hasta orientales demuestran que, en materia de música, eres muy osado y que no discriminas. ¿Hay algún tipo de música que no te llame la atención?

La que no he escuchado. De alguna manera siempre cualquier manifestación que suene a música me llama la atención. En algunos casos, para darme cuenta de que no me gusta.

Has escrito música para cine y teatro. ¿Tiene algo que ver con tus orígenes?

Mis orígenes están en el teatro. Creo que eso marcó, definitivamente, los valores estéticos de mi obra, la dramaturgia de la música que hago. Ha sido una gran influencia en mi manera incluso de ver el mundo, en mi filosofía de vida.

Has compartido trabajos con Alejandro Sanz, Pablo Milanés, Marta Valdés, Javier Ruibal, Ketama, Ana Torroja, Miguel Bosé, Albita, Luis Enrique, entre muchos otros de resonancia internacional. ¿Con cuáles músicos te hubiera gustado trabajar también, de no existir las barreras del tiempo y las geografías?

Bueno, con Alejandro Sanz he compartido escenario. Con Pablo, además de compartir en un concierto hace mucho tiempo, tuve el placer de descargar un día en Madrid junto a algunos amigos músicos también. Ana Torroja y Miguel Bosé grabaron un tema mío, pero no he trabajado directamente con ellos. Con Marta Valdés he compartido más que trabajo, ha sido una maestra, una luz. Fue una suerte poder estar cerca de ella durante mucho tiempo. Luis Enrique es un hermano, gran artista, tuve la dicha de coproducir con él un disco suyo, Dentro y fuera, en el que también compusimos cosas juntos. Fue una gran experiencia de vida y de trabajo dónde aprendí mucho en todos los sentidos.

Me encantaría compartir en la máquina del tiempo con Satie, con Caturla, con Juan Arañés, Sor, Villalobos, Segovia, Manuel Corona, María Teresa Vera, Arsenio, Brindis de Salas. En fin, creo que si fuera posible con todos los conocidos y menos conocidos músicos de la historia y las culturas del mundo me gustaría estar, aunque sea para tomarnos un café y hablar. 

Eres, además de director musical de Tierra, el cofundador de la casa productora YinYaniLé, junto al compositor René Espí. ¿Abre Ajiacotrópico un umbral de algo? ¿Qué otras canciones vendrán a sumarse, qué otros proyectos?

Vienen más temas de Ajiacotrópico. Estamos en ello. Además, ya hemos lanzado on-line la compilación Los colores del son, una antología que plasma la evolución de los conjuntos de sones en Cuba entre los años 1947-1957, a través de sus tres patrones estilísticos fundamentales: Arsenio Rodríguez, Sonora Matancera y Casino, con grabaciones comerciales y de la radio de la época, algunas de ellas inéditas.

Otra antología titulada Daniel Santos: 3 colores 2 banderas, con el cantante boricua que vivió en Cuba como protagonista, y lo acompañan el Conjunto Casino, La Sonora Matancera y la Orquesta Havana Partagás, grabaciones realizadas entre los años 47 y 48 del pasado siglo.

Todo esto, gracias al trabajo minucioso de restauración e investigación de René Espí. 

Gema y tú han mantenido un dúo muy exitoso por más de veinte años. Los dos han hecho proyectos muy diferentes e individuales que han enriquecido el trabajo de ambos. ¿Cómo asumen esas 'libertades'?

Como alimento fundamental para el crecimiento.

Los interesados en la música que produce YinYaniLé, ¿cómo pueden llegar a ella? 

Por ahora sólo a través de la red, el ciberocéano.

Una pregunta que tiene sus síntomas y su fe: ¿con cuáles cinco canciones tuyas te irías a una isla?

Me acabas de convertir en Damocles. Me has sentado en el trono con la espada encima, ¡del carajo!

No tengo respuesta, así que se rompió el pelo del caballo y la espada cayó…

¿Con cuáles cinco canciones ajenas abandonarías la misma isla?

No existen porque nunca serán cinco esas canciones.

Eres un lector voraz de literatura: ¿Te atreves a darme una lista de libros preferidos?

Hace un tiempo que ya no soy tan voraz. 

La insoportable levedad del ser (y casi todos los de Kundera). El diablo en el cuerpo, Océano mar (y Seda y Tierras de cristal, de Baricco). León el africano. Sinuhé el egipcio. El perfume. Cien años de Soledad. Los conjurados. El perseguidor y otros relatos. El péndulo de Foucault. La montaña mágica. El lobo estepario. El Bestiario, de Juan José Arreola. El espejo en el espejo. Decadencia y caída de casi todo el mundo. Cuentos completos de Virgilio Piñera. Viaje a Ixtlán. La sexta isla. Versos sencillos. Los Orishas en Cuba. El monte.

¿Qué obra de artes cambiarías por otra obra de arte?

¡Uf! Difícil tarea: cambiar una obra de arte por otra… Quizás una olla de presión pintada de amarillo y verde encima de un inodoro de lunares con plumas rosadas por un cuadro de Egon Schiele.

Las revoluciones por minuto tienen que ver con medidas de velocidad, con lo que gira sobre su propio eje, ya sea un disco o cualquier otra cosa. ¿Sobre qué gira este disco? 

Sobre su propia medida, lo que cada uno sienta al escucharlo.

¿Exige 'Ajiacotrópico' una atmósfera? ¿Un lugar? ¿Un determinado oyente?

Exige no exigir nada.

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