Lunes, 18 de Diciembre de 2017
17:43 CET.
Cine

Apostillas a afinidades

Como monseñor Carlos Manuel de Céspedes aún no se anima a excomulgarla en sus Apostillas cinéfilas de la revista del Arzobispado de La Habana, me atrevo entonces a canonizar yo esta herejía.

Afinidades (2010), se llama nuestro primer protoporno de distribución oficial, balada de adultos en una alcoba turística taína, con Jorge Perugorría y Vladimir Cruz antes y delante de las cámaras, como codirectores y protagonistas de un film cubano de pantaloncitos calientes y gargantas profundas y tabúes, más un conflicto de corruptelas que casi le sobra a estos cuerpos en recombinación genital, a los que se suman la híper-histriónica hispana Cuca Escribano (maniquí sofisticado) y la virgen debutante Gabriela Griffith (fibra bruta de caña).

Perugorría un tin panzoncito y perverso; Cruz un tanto nerd y cobarde: algo homoerótico sigue rondando a estas estrellas desde hace dos décadas (uno diría que quieren salir del closet en público y lo han ido haciendo por etapas). Escribano histérica sin histología pero con zetas y tetas de zorra; Griffith es la única que evoluciona a pesar de su amarrada actuación: ambas sin saberlo se dan ¡por fin! los primeros besos lésbicos del cine cubano en Revolución (al menos en la TVC, esta es la clase de escenitas que el equipo experto de Mariela Castro debe aprobar, ignoro si con la asesoría del Parlamento o del clero católico o los Pastores por la Paz).

Lo cierto es que los cuatro cuerpos encuadrarían fabulosos, si no hablaran tan intelectualizantemente entre desnudo y desnuda, y si los varoncitos no pusieran tanta cara de cabríos en celo, y si las chicas no repitieran el repertorio fónico de lo que se supone sea un orgasmo femenino en sistema dolby hi-fi. Uno comienza a extrañar al cine mudo a exceso de simbolismos de un guión demasiado literario. Sobre todo cuando la fotografía de Luis Najmías Jr resulta económicamente espectacular.

Y justo ese desamparo de páramo, entre cubalibres, piscinas, botes, celulares, un iPod y una videocámara JVC de 3CCD (como certificado de extranjería en manos de la española), bien merecía un poco más del soundtrack de Silvio Rodríguez y un poco menos de diálogos justificativos. O incluso una banda sonora masterizada en silencio, que no mimetizara esas musiquitas del heteroporno más anticuado y de mal gusto, que es justo el que hoy más se consume en la patria (precisamente entre nuestra clase más intelectualizada).

Sólo que en este caso sería un porno pop de posada pudibunda, con un cinturón de censura casta de la cintura para abajo (le tiembla la mano al camarógrafo para emplazarse en el centro de la acción copulativa, frustrándonos con planos cefalocéntricos de talking heads). Se trata de un Imperio de los sentidos políticamente potable: amén de alguna bronquita nocturna, nuestros Nagishas Oshimas parecen seres bien adaptados al medio, aunque padezcan de falofobia post-Titón y reduzcan toda frotación/penetración a una pantomina facial de guiños (el punto G como apócope de Guiñol). Y no es ninguna escuelita estética: se llama carencia crónica de libertad. Miedo que muta a la postre en mentira.

También es posible que se trate de un nuevo caso de Cubaleaks. (Todos conservamos con morbo en el disco duro grabaciones piratas filtradas de varias celebrities locales en pleno lecho.) Tal vez alguien filmó algo de este menage-à-quatre en La Laguna del Tesoro real y, para evitar otro escándalo de adulterio Made in ICAIC, los implicados decidieron rellenar de correcorre el resto del guión para Hispafilms y llamarlo simplemente así: Afinidades. De ahí también los cortes amateur de la JVC que la ibérica nunca suelta (si bien no parece nada familiarizada con el equipo), así como por qué a ratos todo el mundo se olvida de ser creíble y parecen apenas estar ensayando.

Ignoro si monseñor Carlos Manuel de Céspedes se animará a excomulgarla en Palabra Nueva como ha hecho siempre con el desnudo gozoso y, por supuesto, gratuito (¿por qué habría que culposamente justificarlo?) en el teatro y el audiovisual contemporáneos cubanos. Por el momento, acaso como mi epitafio (los cuatro actores pronuncian en off los suyos), yo aplaudo esta "permisividad relativista" todavía pacata, este kamasutra de calentamiento para el día en que las siglas XXX signifiquen algo más que el no sé cuántos aniversario de no sé cuál frígida institución insular.

 

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.