Lunes, 18 de Diciembre de 2017
23:41 CET.
Teatro

¡Se alza el telón!

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Ana Viña es una leyenda del teatro y el cine cubanos con una docena de películas: Rancheador (1976); Los sobrevivientes (1978); De tal Pedro tal astilla (1985); Vals de La Habana Vieja (1988); Plácido (1986); Cercanía (1992)… Ana nos hizo llorar en la Olga de las Tres Hermanas, de Chejov, y reír como presentadora de Algo muy serio, el delicioso divertimento de Héctor Quintero. ¿Cómo perdérmela en la Madre de Aire Frío, ese retrato de las frustraciones republicanas, ese clásico del teatro cubano que, en 1952, escribió Virgilio Piñera?

Llegué al Miami Dade County Auditorium, pero la marquesina del teatro estaba a oscuras. ¿Mal augurio? ¿Me había equivocado? ¡No! Se entraba por el fondo. La versión libre de Aire Frío, del grupo Avante, inauguraba una pequeña sala sobre el escenario del coliseo de la calle Flagler. Las 2400 lunetas de la sala grande quedan para espectáculos populares. Las obras dramáticas, más íntimas, se presentan en Back Stage, una salita para 300 personas. Buena idea diversificar la oferta, pero…

¡Show time! Las luces se apagan. Se escucha una hermosa música original de Mike Porcel. Sillas sobre tarimas apuntan hacia la casa habanera pobre, donde el familión posa para una instantánea. Un flachazo atrapa a la familia Romaguera. Inicia la puesta bajo la dirección de Mario Ernesto Sánchez. La hija cuarentona, Luz Marina (Marilyn Romero) no parará de coser en su vieja maquina Singer, ni de quejarse, por tener que alimentar a sus padres y sus hermanos… Afuera suenan las bombas, la revolución anda cerca.

Aire Frío (podría llamarse ¡Qué calor!) fue escrita por Piñera a finales de los cincuenta, en tres actos y con 17 personajes. Raquel Carrió, en apretada síntesis, la llevó a un acto y siete personajes. ¡Portátil, sí!, pero violenta los acontecimientos. Luz Marina y su constante abanicarse (y lamentarse), y sus hermanos Oscar, Enrique y Luis, permanecen inalterables en la adaptación, pero Gerardo Riverón, el Padre, y Ana Viña, la Madre, envejecen demasiado aprisa, y resultan inexplicablemente cañengos para tirarse a la cara las frustraciones de medio siglo de matrimonio que el autor de Dos viejos pánicos les exige.

Aún así, Ana Viña logra en la achacosa ancianidad de la Madre un personaje creíble, aunque sólo cuando se escucha. ¿Venganza de la acústica? Quizá la enorme cortina de boca, convertida en pared de la improvisada sala, se traga el sonido. ¡Incomprensible que no hayan colocado micrófonos!... "¿Cómo ser una anciana, ahogarme, respirar entrecortado, y a un tiempo proyectar la voz?", protesta la primera actriz.

¿Estás complacida con tu interpretación en 'Aire Frío'?

No me gusta este tipo de personaje, pero tengo que hacerlo, soy una actriz profesional. Montar la Madre fue muy difícil… Pero yo no soy la que decide usar o no micrófonos.

¿Conociste a Virgilio Piñera?

Fuimos amigos. Nos reuníamos en tertulias a verlo leer sus poemas. Lo admiraba. Quería escribir como Virgilio. Él me decía: "para aprender a escribir, escribe". Pero nunca me senté a contar, quizá por impaciencia.

Te ha ido bien en Miami, has protagonizado la película 'Cercanía', hecho en televisión el serial cómico 'La Flor de Hialeah' y acabas de regresar de España, del Festival de Cádiz, con 'Aire Frío'. Y eso que llegaste a Estados Unidos con 50 años…

También hice dos telenovelas con Venevisión, una se llamaba Pecadora, donde hacía una directora de escuela; en Alma Indomable, hacía la madre del protagonista…. Pero ni creas. Me pagaban por día de trabajo, no tenía contrato. Había días que grababa 16 escenas. Muy pocos viven en Miami de la actuación. He tenido que trabajar de asistente de maestra por muchos años, hasta que, con el recorte en educación, me dejaron en la calle. Cobré el seguro de desempleo, pero ya se me terminó.

¿Y qué piensas hacer?

Yo tenía dos años cuando mi madre murió de tuberculosis y a mi padre, simple soldado del ejército, no le quedó otra que dejarnos a mi hermana y a mí, con tres y cuatro añitos, en la Casa de la Beneficencia. Me criaron las monjas. Crecí sin juguetes. Cuando fui modelo de televisión gané buen dinero, pero cuando me hice actriz no tenía para pagar la renta. Y recientemente perdí un hijo. Nada peor que eso.

¿Cómo llegaste a la televisión?

Mi padre heredó un casita de un tío. Me puso en una secundaria pública. Como no era fea, con quince años me presenté al Concurso de la Reina del Carnaval. Salí dama. Y me contrataron para modelo en Telemundo. Hice muchos comerciales: la crema de magnesia Erba, los automóviles Cadillac, y gané buen dinero cuando me atoré con la cerveza Hatuey.

¿Qué es eso, de que te atoraste?

Debía tomarme un trago de cerveza y decir un texto que había escrito Héctor Zumbado, pero al ponerme la botella en la boca, se me fue por el camino viejo. Por suerte logré disimular y decir ¡qué rico!... A los Bacardí les gustó, y me dejaron de modelo de Hatuey para Telemundo.

¿Y cómo te hiciste actriz?

Fue difícil, porque no sabía hablar. Amadeo Barletta, el dueño de Telemundo, me pagó un año de clases de dicción. Francisco Morín me recomendó que estudiara actuación con Raquel y Vicente Revuelta en el grupo Teatro Estudio. Estaban en la calle Neptuno, en una zona comercial y, como cobraban poco, los alumnos salíamos a pedir donaciones a los comerciantes de la zona…. Siempre ha sido así, el teatro no da para vivir.

¿Mejoró cuando llegó la revolución?

¡Para mí empeoró! Se terminó la publicidad. Los Bacardí, los anunciantes, las publicitarias, todos se fueron de Cuba. Para pagar mis clases de actuación modelaba en bikini en el show del Habana Riviera. Y me buscaba unos pocos pesitos en salitas teatrales. Así pasé un año, hasta que se fundó el Conjunto Dramático Nacional y tuve un salario fijo. ¡Qué tranquilidad! Pero no me duró. Me botaron por decir que la profesora de actuación, amiga de Eduardo Manet, el director, era malísima.

¿Y cómo caíste en el ICAIC?

Al regresar con un master en actuación de la Unión Soviética. ¡Un cuento de hadas! Luis Felipe Bernaza, asistente de cine, fue una noche a verme al Teatro El Sótano. Nos empatamos. Alfredo Guevara le ofreció una beca para estudiar dirección cinematográfica en Moscú, pero Felipe no la aceptó porque esperábamos un hijo. Nos casamos. Y me enviaron a mí también a Moscú, con mi barrigón, a estudiar actuación. Allá nació mi Felipito, que falleció recientemente.

¿Qué opinas de los actores y actrices de la Isla que vienen a trabajar a Miami? ¿Crees que les llevan dinero al régimen?

¿Qué dinero? Apenas les dan para la comida. Mira, estoy en contra de todas las persecuciones, porque las he sufrido en carne propia. En Cuba las padecí cuando tuve que ir a Villa Marista porque mi hijo se iba en una lancha. Aquí, cuando llegué, publicaron que yo era comunista. No sé cómo sobreviví desde 1993, cuando llegue a Miami, hasta 1998, que comencé en la escuela. Limpié aviones de madrugada; trabajé en una imprenta, de pie, doce horas cada noche; y por actuar en teatros, si acaso, me pagaban 30 dólares por función.

Hay obras como 'Galileo Galilei', a teatro vacío, y comedias ligeras y musicales desbordadas de público. ¿Cuáles prefieres?

Si vas a hacer una obra tan difícil y hermética que el público no la entienda, mejor la haces en tu casa. Cuando yo hice la Pura Pimienta, en La Opinión Pública, un personaje maravilloso, la sala se desbordada cada noche. Hay que actuar para el público, que es el que paga la entrada. Pero hacerlo con calidad.

¿Si mañana cambiara la situación en Cuba, volverías a la Isla?

¿Qué voy a hacer yo en Cuba? Ya no tengo familia allá. Extraño mucho a mi gente, a mis compañeros del teatro, pero ya tengo muchos años, y tengo aquí a mi hijo Leonel, que nunca regresaría. Murió mi esposo, mi hijo Felipe, mi hermana. Leonel es lo único que tengo. Yo seguiré donde él esté, haciendo teatro, nerviosa cada vez que anuncian: ¡se alza el telón!

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