Lunes, 18 de Diciembre de 2017
12:04 CET.
Música

'Similar Prisoners', un rock diferente

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El joven músico y compositor Adrián López nos regala una colección de canciones en las que letra y música conspiran y forjan una combinación de complicidad, perfección y sensibilidad, con un estilo poco usual que trae ecos omnipresentes de John Lennon, Tuli Kupferberg y Allen Ginsberg, pero que despega con vuelo propio para profundizar en las raíces de un rock distinto y característico, destinado a dejar huella y a perdurar. Un disco dotado de la originalidad y el sello de ingenio que sólo se ven en los artistas inspirados y auténticos.

La carátula del disco, del pintor Rubén Torres Llorca, es un preámbulo de su contenido. Un jarrón de flores y frutas al estilo de una naturaleza muerta barroca, coexiste con tres figuras protagónicas: una joven muy semejante a la Alicia de Lewis Carroll, y una mujer y su hijo que parecen salidos de un anuncio publicitario de los años cincuenta, que aparentemente admiran los florones. En la mano del niño asoma un martillo. Detalle que nos hace reflexionar inmediatamente, y nos comunica una sensación inquietante, que se acentúa cuando imaginamos qué ocurriría si el pequeño hace uso del arma que empuña. De repente, desaparece al bucolismo para dejar paso a la alarma, al descubrimiento de mensajes secretos de incertidumbre, como susurros subliminales.

Susurros que dejan traslucir complicidades secretas entre letra y música, entre música y sueño, entre sueño y realidad. El propio título de una canción que da nombre al compacto, Similar Prisoners, abre mil puertas a la posibilidad de un trayecto compartido de ensoñaciones y desvelos, en el que coincidencias y puntos de contacto despejan interrogantes, pero dan paso a muchas más. Ese es precisamente el mensaje de la vida por la que transitamos sin saber por qué, con más preguntas que respuestas.

Similar Prisoners es una indagación de los nexos entre el yo y la realidad circundante, expresada en una vena poética de profundas resonancias, reflejo de un pensamiento filosófico que aflora y trasciende el espacio y la rima. Las letras que pasan de lo evocador (Nimphet Nocturne) a lo premonitorio (Cuban Kitsch, White Voyeur), y a la provocación y cuestionamiento más abierto y justo de una generación (Constitutions, Propagandist Me, Propagandist You), sin perder el paso seguro y la conexión entre pieza y pieza, testimonio de un dominio pleno del idioma y de la materia poética que habrá de transformarse en canción, pero que mantiene su plena independencia.

Cada canción, haz de una rueda que marca sus propios círculos, pero que al mismo tiempo vibra de giros internos, como un móvil de Alexander Calder o un caleidoscopio onírico, es un universo en sí mismo que nos deja con deseos de seguir escuchando, movidos por una satisfacción y una secreta inquietud. Un universo en el que la palabra y la música, unificadas en perfectas stanzas, sugiere, señala, promete y oculta, a la sombra del jazz, el rock profundo y el sonido de un tres cubano en la distancia.

Similar Prisoners, un rock diferente y necesario en estos tiempos de desidia musical, nos lleva de la mano por el mundo inquietante de las emociones humanas, en una especie de deconstrucción de los sentimientos, donde la poesía más profunda y conmovedora mueve el péndulo que oscila entre lo íntimo y lo gregario, la verdad y lo ilusorio, la reflexión de la sombra solitaria y el diálogo, el amor y el desamor, el presente y el futuro, el ser y el no ser, la historia y el estruendo altisonante del Big Bang.

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