Viernes, 15 de Diciembre de 2017
14:55 CET.
Centenario de Lezama Lima

Destrocadero Lezama

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José Lezama Lima creó una lengua otra sobre las bases del español; erosionó desde el conocimiento sus paradigmas sintácticos y culturales hasta lograr un decir y escuchar inéditos. A partir de la obra lezamiana, todo poeta cubano —y entiéndase aquí identidad en tanto un cierto impulso prosódico hispano, quizás indistinto respecto de sus otros semejantes del idioma—, ha tenido que 1) o definirse como epígono (Vitier et al), o 2) "dinamitar el fortín barroco de Trocadero" como pretendió Heberto Padilla, o 3) nacer rara avis como Ángel Escobar y José Kozer, o 4) "olvidar a Orígenes" a la manera de Diáspora(s), o 5) exorcizar su obesa anatomía demoníaca como lo viene haciendo desde Los años de Orígenes Lorenzo García Vega, el más desorigenizado de los origenistas, incluyendo a Virgilio Piñera.

Mi relación con la escritura de Lezama —sobre todo sus poemas— se establece desde la fascinación y el hurto. Cada vez que lo leo (a semejanza de lo que me sucede con Vallejo, Girondo y otros poquísimos que me reservo), encuentro renovadas resonancias, por lo que quiero robarle versos/frases por aquí y por allá, leerlos en voz alta tanto como (me) sea posible, para entonces apropiarme de lo que el eco (me) devuelve. Y como tiendo a gaguear (las posibles causas y razones se las reservo al psicólogo y/o logopeda a los que nunca recurriré), conjugo esas distorsiones/retombées devueltas con mi escribir cancaneante, para que queden entonces estos versos o Destrocadero Lezama:  "eso: gato por libre o matar el tiempo – / en unas pocas palabras la escritura de un país: gaguear el mulo de Lezama –".

La única educación sentimental que me permito, literariamente hablando, es aquella disciplinada en la intolerancia hacia todo sentimentalismo poético. Poetas como Lezama —exceptuando cuando cae en decrepitudes teleológicas o imágenes y posibilidades semejantes— me alertan/curan de tales facilismos, acechantes por todos lados. Si hay un pensamiento poético perdurable en los versos lezamianos, es aquel que retumba entre los bloques rítmicos de sus poemas y momentos de su prosa (algunos pasajes de sus novelas, relatos, cartas y diarios, ciertos ensayos). Su biografía intelectual hay que buscarla en ese actuar único de vocales, palabras, metáforas que derivaron en una prosodia que ya no se correspondía con la lengua en la que había iniciado, porque se había vuelto independiente de ella. Destrucciones idiomáticas que armonizan. Una cosmovisión poética del mundo, mas el mundo entendido como una escritura/texto ya irremediablemente escindido de la realidad ordinaria.

El poema que pueda ser sólo y en tanto poema, materia prosódica/melódica autosuficiente, sin necesidad de socorro por parte de energías socio-históricas o psicológicas o pretextos ajenos a la escritura, es lo que me hace retornar una y otra vez a Lezama. He ahí una de las maneras en que balbuceo/armonizo mis gagueras, no para que el otro me entienda, sino para inventarme a mí mismo. He ahí mi Lezama: "un destrocadero en proceso de lo que el gago".

 

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Pablo de Cuba Soria nació en Santiago de Cuba en 1980. Poeta y ensayista. Es coeditor del blog de literatura y teoría literaria Inactual.

 

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