Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
02:18 CET.
Cine

La revolución es un sueño .avi

Si es cierto que la arqueología atrae a los deprimidos, si es cierto que el cine cubano es en última instancia arqueología de la Revolución, entonces la Revolución Cubana es un gran imán para deleite y delirio de los depresivos.

Memorias del Desarrollo / Memories of Overdevelopment, la película unipersonal de Miguel Coyula (un cubano renacentista que en cine lo resuelve él todo con sus propios softwares), a pesar del sigilo de los funcionarios y hasta de su propio autor, ya recorre La Habana de laptop en DVD pirata en memoria flash, a apenas un par de semanas de su estéril estreno en el próximo Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, donde no la dejarán competir como corresponde a una película cubana y sólo será exhibida como parte del ¡Panorama Latinoamericano!

La censura creativa en el ICAIC habita hoy cotos de mayor rareza: el manicomio de lo prohibido cede espacio al museo de lo tolerado. Como vitrina, es probable que hasta el Ministro de Cultura asista a la premier y que el periódico Granma publique una inverosímil viñeta de reivindicación. Así, los organizadores del arte audiovisual en Cuba se disponen a paladear el buche amargo de este sueño pixelado en clave de post-revolución, un filme inspirado en la novela Memorias del Desarrollo de Edmundo Desnoes

Imaginar la historia del paraíso proletario. Historiar la imaginación de un país perdido para siempre. El capital simbólico de este tipo de excavaciones digitales es infinito. Una inagotable mina a corazón abierto. Coleccionar capas de objetos sobre capas de huesos, retazos de emociones y cinismos, traiciones y abandonos, diálogos equívocos dejados a la mitad por oportunismo o por puro pánico. El bilingüismo como válvula de escape y resistencia contra el monólogo totalitario, captions contestatarios. Memorias de la desmemoria, la apoteosis de la derrota como lucidez. Pensar Cuba es deprimirse. Cavar su tumba es la única sanación.

Empleo de la lupa o el telescopio (fetiche de Titón), extrañamiento más que distanciamiento. Una película antipopular, personalista, escupitajo contra el concepto cansado de masa. También una película de limpieza aséptica, escéptica, con ambientes vaciados en sus fríos fotogramas en blanco: papel o pantalla en blanco, donde van a podrirse las ideas y el deseo de gente blanca escrita o filmada por gente blanca, tragedia de la raza cubana que al parecer dio menos pico y pala durante la utopía pero históricamente se ha deprimido más (pastillitas blancas como paliativo). La inteligencia como desventaja adaptativa, darwinismo insular de páloqueseafidelpáloquesea.

Fotos fósiles, álbum de Alicia en la película de las maravillas: cuento de hadas para paliar el horror, ruinas retóricas del justo tiempo inhumano que nos inhumó de generación en degeneración. El exilio como una carrera de relevo que bosteza ese AOM milagroso del siglo XX americano: Revolución…

Hasta aquí los más ostensibles síntomas clínicos del Síndrome de Sergio, primer y último personaje apátrida del cine cubano, que tanto visto por Tomás Gutiérrez Alea a finales de los sesenta como por Miguel Coyula ahora, encarna el elocuente silencio de los testigos tonsurados por la idiotez de las ideologías. Paradójicamente, los discursos en off de ambos sujetos (no los directores, sino sus sergios: el original y el 2.0), ponen en jaque al descubierto a todas las demagogias del poder. Ningún Estado sabe el pasado que le espera (ningún estadista sospecha narrado por quién). La pluma es a la postre más persistente que el paredón, una imagen vale más que mil tanques, una cámara con micrófono es el reflejo del alma de la nación, nuestras biografías caben en un pastiche remendón en formato avi.

Memorias del Desarrollo / Memories of Overdevelopment es en términos de puesta en escena nuestro tardío The Wall (la banda sonora lo intuye electroacústicamente así). Astas vacías de entrada: la bandera de USA es ahora la de la(s) estrella(s) solitaria(s). Desierto cósmico de Le Petit Prince como colofón (el protagonista Ron Blair es la encarnación cubana de un principito promiscuo), donde la rosa que se extraña es, por supuesto, la Revolución que a cada uno de sus ladrillos domesticó (o masticó). Y, más que desierto, abismo de lo onírico a lo documental. Extravío de extraterrestres en una USnaia Politiana posnacional (encuentro cercano de 1959na. especie). Saurios socialipsistas, arqueología amateur para depresivos profesionales que penetran cualquier otro cuerpo sólo para después pedirle perdón (nuestra culpa cómplice como cubanos es ancha y ajena).

Memorias del Desarrollo / Memories of Overdevelopment es un momento memorable del arte cubano. Momentum físico de masa (cerebral) multiplicada por la velocidad (venérea). Una obra de culto, de gurú. Un Premio Oscar 2011 en potencia, a nombre de cualquier otro pasaporte latinoamericano, puesto que Cuba recién la desheredó de su Festival 2010. Un fichero de alta resolución pero de baja fidelidad, que acaso se proyectará en una Habana oculta de salas oscuras tomadas por la Seguridad (tu cameo, Miguel Coyula, no tiene ningún problema con el G-2). 

Para entonces, por suerte, dado el boom de su difusión alternativa entre los sergios zombis sobremurientes en Cuba, este filme no será un best-seller pero seguro sí un best-seen. Nuestras excavaciones ya no dependen del monopolio institucional sobre la letra y la imagen. El desarrollo de nuestra memoria del futuro tal vez comience por esa brecha. Y cuando por fin lleguemos a esa ninguna parte que se llama la libertad, Miguel Coyula nos estará esperando entonces para reintegrarnos la estatuilla de Hollywood que el Estado de La Habana, con la analfabetosis típica de un gobierno chinesco ante un Premio Nobel de la Paz, todavía hoy no se atreve a narrar.

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