Viernes, 14 de Diciembre de 2018
Última actualización: 23:34 CET
Sociedad

¿Fundamentalismo religioso en Cuba?

Henry Nurse, pastor metodista, en un servicio contra el matrimonio igualitario, La Habana, 4 de octubre de 2018. (CWN/ REUTERS)

La sección Último Jueves que viene celebrando cada mes la revista Temas cumplió el pasado 29 de noviembre sus 17 años de salida, con 170 sesiones de debates efectuadas, todas casi siempre polémicas y con una asiduidad de público en verdad encomiable.

A propósito de este aniversario, su promotor, el politólogo Rafael Hernández, director de Temas, reconoció que han sido años de esfuerzo intenso, de combate a detractores y agradecimientos a quienes creyeron en este proyecto convertido en el oasis en el cual discutir asuntos peliagudos sobre la realidad cubana de ahora. Por lo regular, los tópicos tratados rara vez se abordan en el discurso de los medios propagandísticos de la Isla.

Sobre el auge de los fundamentalismos religiosos versó el más reciente panel, integrado por Susana Nuin, uruguaya, socióloga y directora de la Escuela del Consejo Episcopal Latinoamericano; Kirenia Criado, teóloga, pastora y coordinadora en el Centro Memorial Martin Luther King de La Habana; Pedro Álvarez, licenciado en Ciencias de la Comunicación; y Mercedes Armenteros, santera mayor, miembro del Consejo Mayor de Iyalochas de Cuba, de la Junta directiva de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba y directora del Museo de los Orishas en La Habana.

En alrededor de dos horas los panelistas examinaron qué es el fundamentalismo, su origen, naturaleza filosófica y cuál es su diferencia respecto al fundamentalismo religioso del que tanto se habla hoy día, en su relación con los conflictos políticos regionales y mundiales.

Asimismo, abordaron las problemáticas respecto a las concepciones y prácticas fundamentalistas, sus rasgos positivos y negativos en las sociedades y cuánto contribuye debilitan o fortalecen las doctrinas religiosas, el diálogo interreligioso y a las relaciones entre las iglesias y otras instituciones de la sociedad.

Las intervenciones de los especialistas convergieron en torno a los condicionamientos de esta práctica en la cultura cívica y los rasgos que diferencian al fundamentalismo del dogmatismo y el sectarismo.

Como tema resultaba excelente para un debate que, a mi juicio, muy poco cumplió el propósito esencial de esta convocatoria: la necesaria contextualización al caso cubano. Escasamente se habló de esto. Creo sinceramente que el problema mayor de algunos de estos debates —y a pesar de la meticulosa planificación en cuanto al orden de las posibles intervenciones y  la rigurosidad con que Rafael Hernández hace cumplir el tiempo de cada panelista y del público— es que se vuelve muy tediosa, con mucha disertación académica, lo cual, por momentos, olvida polemizar mucho más con el cable a tierra.

¿Cómo puede entenderse la proliferación de "neofundamentalismos" en las prácticas religiosas en Cuba, según Álvarez, y cuánto ello afecta ahora mismo, por ejemplo, que  tales posturas estén saboteando la probable aceptación del famoso artículo 68 del anteproyecto de Constitución cubana, relativo a la aprobación del matrimonio igualitario en el país?

¿Por qué no se habló de las campañas de las iglesias protestantes y los pronunciamientos de católicos que exacerban una visión fundamentalista sobre el tema y contra la cual la dirección política del Gobierno y el Estado cubanos no ha manifestado abiertamente su criterio?

El debate no solo ha calado en las esquinas, en las bodegas, en las guaguas, en centros laborales; aparece también en los carteles pegados anónimamente en postes, en los mismos autobuses que circulan en La Habana y al interior de las actividades litúrgicas y sermones en las iglesias donde la campaña tiene su efervescencia mayor.

Cómo entender que no se censuren puntos de vista "neofundamentalistas" que divergen y denigran otras prácticas religiosas motivadas por prejuicios raciales, muchas veces presentes, incluso, en los medios audiovisuales y otras plataformas de comunicación en las artes, como el cine, a propósito del más reciente caso, la película Club de jazz, que tanto a dado de qué hablar en los espectadores y críticos del ramo. ¿Por qué puntos de vista como los de esta película se pasan por alto sin que motive la más leve sombra de censura?

Es sin duda un tema interesantísimo en el cual faltó, inclusive, una intervención con mayor sentido de profundidad en el tema por parte de la especialista que representa a los practicantes de la religiosidad afrocubana.

Ojalá que en el próximo encuentro "¿Consultar y decidir?: diálogo entre cubanos", convocado para el 31 de enero del año entrante, el debate se asuma con más verticalidad, con mayor interés de provocar la polémica y la reflexión.