Domingo, 16 de Diciembre de 2018
Última actualización: 22:44 CET
Trabajo

Accidentes en el 'cuentapropismo' cubano: ¿quién cuida a los trabajadores?

El albañil Clemens, con su faja, tras el accidente. (F. CORREA)

Clemens se cayó de un segundo piso en octubre. Estaba repellando una pared y un peldaño de la escalera en la cual estaba subido se partió.

"Era la única escalera, vieja y con peligro de romperse. Pero qué iba a hacer, tenía que terminar el trabajo para cobrar, comprar comida y darle dinero a mi hijo para que se fuera a su unidad militar", explica este albañil de Jaimanitas.

Como otros trabajadores del sector privado, Clemens está en una situación de indefensión ante accidentes, a merced del Estado, sin asesoría legal, ni posibilidad de acudir a un sindicato independiente que pueda exigir medios de protección para su trabajo, derecho a vacaciones o baja remunerada por problemas de salud.

Casos similares al suyo se han registrado entre trabajadores del sector privado dedicados a la construcción. Algunos no tienen conocimientos de la actividad, ni implementos de protección como cascos y botas adecuadas.

Clemens cuenta la caída de la escalera como si estuviera en una película.

"No me asusté, solo me dejé llevar. Y mientras caía recordé mi niñez en la escuela Manolito Aguiar, y cómo mi abuela me decía que debía preocuparme por aprender y ser alguien en la vida, demostrar que el negro Clemens sí podía", dice.

"La secundaria pasó rápido. No terminé el preuniversitario y me cogió el Servicio Militar. Cuando salí del 'verde' ya no me interesaba la vida de estudiante y me convertí en Clemens, el albañil particular".

"Después de la caída no recuerdo nada, recobré el conocimiento en el hospital. Me dijeron que caí de espalda sobre una cisterna, faltó poco para que me matara. Me salvó un tubo de hierro que paró la caída con mi columna. Por suerte no me la partió".

Clemens lleva dos meses en rehabilitación y todos sus ahorros de albañil se han ido en la compra de la faja de hierros, las medicinas y los viajes a terapia. En estos momentos no tiene un centavo.

"Mañana, con el dolor de mi columna y con la faja de hierros, iré a encofrar una meseta en una casa. Tengo que hacerlo obligado porque, si no, ¿quién alimenta a la tribu?".

En los últimos meses en Jaimanitas se han registrado varios casos de caídas desde diferentes alturas. El más dramático sucedió en calle 240, cuando un albañil que claveteaba una ventana subido a una escalera en un segundo piso, y sin medios de protección, cayó de espaldas sobre un hato de madera. Una púa le penetró por el recto y casi le provoca la muerte.

"Ese sí se la vio dura", dice Clemens. "El médico le dijo que no podría trabajar más y que hasta quedaría con secuelas para caminar. Yo por lo menos con la faja de hierro me sujeto".

La edad debería estar también regulada en el "trabajo por cuenta propia". Dos recientes casos de fallecidos así lo indican. Eran hombres necesitados de dinero para alimentar a sus familias, que con más de 70 años de edad realizaban trabajos particularmente duros, como Emilio, un anciano del barrio La Cantera, muerto de un infarto mientras desbarataba con una mandarria una columna de concreto para sacarle la cabilla.

O René Edwin, de calle 232 y Tercera B, quien con 82 años se mantenía activo trabajando de albañil, hasta que hace unos días una familia lo contrató para poner una ventana.

René tuvo que echar abajo con una mandarria una pared de bloques de 30, un esfuerzo duro incluso para jóvenes. Terminó el trabajo con la calidad que lo distinguía y en el tiempo previsto, y se despidió con su sonrisa, pero no volvió a ser el mismo después. Dormía poco, saltaba en la cama. Decidió ir al hospital, de donde no salió.

De los albañiles particulares muertos en accidentes me toca de cerca mi amigo Jim.

Tenía a cargo la cubierta de concreto de un garaje y delegó la tarea en un ayudante, que para robarle materiales distorsionó los porcientos de la mezcla.

Quince días después, con una pata de cabra en la mano, Jim entró en el garaje y comenzó a quitar los maderos que sostenían la cubierta, que se vino abajo matándolo al instante.