Lunes, 24 de Junio de 2019
Última actualización: 11:33 CEST
Vivienda

Cuidar a un anciano para heredar su vivienda

Vivienda de Miguel, en Jaimanitas. (Y. FIGUEREDO)

María Elena, que vive alquilada desde el 2004 con su esposo Nilo y su hijo Daniel, en Jaimanitas, confiesa estar cansada de esa vida sin perspectivas. Por eso comenzó hace dos años a cuidar al anciano Miguel, para heredar la vivienda cuando falleciera. Sin embargo, sus esperanzas de tener una casa se han esfumado.

"En Cuba el problema de la vivienda afecta a miles de personas que, como yo, deciden cuidar a ancianos que viven solos y no tienen familia para heredar la casa, pero lo que me ha sucedido a mí no tiene nombre", dice.

En el rostro de la mujer se notan las marcas de las malas noches, cuidando al anciano ingresado ahora en el Hospital Clínico de 26. Según cuenta, luego de dos años cuidándolo con esmero, el anciano se encariñó tanto con ella que decidió irse a un asilo, para aminorarle la carga, aunque María Elena no podía ocupar todavía la vivienda mientras se legalizaran los papeles.

Consiguió una cama en el Hogar de Ancianos del municipio Boyeros, muy lejos de Jaimanitas, pero el único con camas disponibles en ese momento.

"Desde que llegó al Hogar de Ancianos todo fue una tragedia", cuenta María Elena. "Las condiciones higiénicas eran pésimas, el agua la ponían solo a determinadas horas de la tarde y los viejitos tenían que bañarse con agua fría. Además de la plaga de mosquitos, que no respetaban ni el ventilador ni el mosquitero".

Las quejas de María Elena a la institución médica provocaron que fuera mal vista en el asilo, sobre todo por las fotos que tomó de los baños sucios, el piso desconchado, el techo raído y las sabanas rotas.

"Sí, creo que fueron las fotos lo que detonó, porque me encuadrillaron dos enfermeras, me dijeron que eso era contrarrevolución y me obligaron a borrarlas del teléfono. A partir de ahí no me quitaron el ojo de encima", reconoce.

Hace una semana cuando llegó al asilo encontró la cama de Miguel vacía. Las enfermeras le comunicaron que el anciano había contraído neumonía y estaba ingresado en el Hospital Clínico de 26.

"La neumonía debe haberla cogido con los baños de agua fría, porque él llegó al asilo solo con los achaques de la edad y un poco de Alzheimer. Como aún no había terminado el testamento quise agilizar los papeles, pero no quisieron entregarme el carnet de identidad en el asilo. Me dijeron que los ancianos perdían la autoridad legal y, si no tenían familiares, sus propiedades pasaban al Ministerio de Salud Pública (MINSAP)", dice María Elena.

Todo los esfuerzos y cuidados de ella con Miguel durante dos años resultaron vanos. No obstante, la mujer no lo ha abandonado. Le lleva la comida todas las tardes y está presente en los partes médicos.

"Con Miguel no solo me une el interés por la casa, también le he tomado aprecio, lo veo como un padre y sé que ha sufrido mucho y me necesita. Creo que estoy realizando un acto de buena voluntad con ayudarlo hasta el fin", confiesa.

La presidente del CDR de la cuadra, Mireya, corrobora la historia: "Doy fe de que María Elena lo ha cuidado bien durante mucho tiempo. Lo mantenía limpio y lo alimentaba. Irse para un asilo no fue buena idea".

El responsable de Vigilancia de la cuadra, Néstor Calvo, jubilado del sector del Comercio, da también su opinión: "Miguel es mi amigo. Desde hace tiempo que estaba enfermo. Vivía solo y necesitaba atención. Si su deseo es dejarle la casa a María Elena nadie puede oponerse a esa decisión. No sé por qué su propiedad tiene que pasar al asilo cuando fallezca. No me parece justo".

En el Hogar de Ancianos de Boyeros, la doctora Carolina, a cargo de Atención a la Población, explica: "Esa prerrogativa es una disposición del MINSAP, dictada para proteger la integridad física de los ancianos sin óptimas capacidad mentales. Si no han testado sus bienes antes de afiliarse al Hogar de Ancianos, ya no pueden hacerlos mientras permanezcan aquí. En el caso de Miguel, como está ingresado en un hospital, la situación se vuelve más compleja, porque es su salud la que está en juego y, como la demandante no es familiar, no tiene derecho a reclamación".

María Elena se ha asesorado con un abogado. Tendría que sacar a Miguel del asilo y continuar el proceso del testamento en su casa. Mientras habla, apura la comida para llegar a tiempo al parte de las seis. Dice que tiene que cuidar más que nunca al anciano y conseguir que le den el alta y que lo regresen al asilo, para entonces solicitar el alta y llevarlo a su casa nuevamente.

"Desgraciadamente, no está evolucionando bien. Y mi esposo ya no puede más, porque gana muy poco y tiene que buscar dinero para la comida de los cuatro, para la merienda de la escuela de mi hijo y para el pago del alquiler donde estamos viviendo, que se vence en esta semana. A la casa de Miguel el Hogar de Ancianos le colocó un sello y nos advirtieron que cualquier intento de entrar allí se considerará un delito de violación de domicilio, o incluso de robo con fuerza. Ojalá que cuando llegue hoy al Clínico de 26 me digan que está mejorando, porque si se muere entonces sí que estamos embarcados".