Lunes, 10 de Diciembre de 2018
Última actualización: 16:10 CET
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El transporte público de La Habana en julio y agosto es un calvario, reconoce la prensa

Ómnibus urbanos atestados: una imagen común en La Habana. (TRABAJADORES)

El transporte público en La Habana ha evidenciado durante julio y agosto la crisis crónica que lo aqueja y convierte en uno de los problemas fundamentales de la vida cubana, señaló el semanario Trabajadores

El texto comenta la imposibilidad de "disfrutar Cuba en la etapa veraniega" debido a la ausencia de una "red de transporte público sólida y eficiente, que pueda asumir el movimiento casi masivo que generan los meses de julio y agosto."

"Imposible resulta disfrutar de algo, al menos a plenitud, cuando el acto primario de trasladarse de un lugar a otro resulta, cuando menos, un calvario", dice la nota.

El resto del año se hace más llevadero, comentan los habaneros entrevistados al respecto, pero en cuanto llegan los meses de julio y agosto y aumenta el trasiego de viajeros en vacaciones, en Cuba se destapa la crisis crónica que desde hace al menos dos décadas sufre el transporte público.

"Hasta ahora nada ha podido aliviar la problemática del transporte público. Ese es un mal que arrastramos desde hace décadas", reconoce el periódico de la oficialista Central de Trabajadores de Cuba (CTC).

El periódico refiere que los directivos de la Dirección General de Transporte de La Habana han dicho que su prioridad "es hacer sostenible el sistema de transportación pública de pasajeros".

Ello es básico en un país donde las personas no pueden costear trasladarse diariamente usando el servicio de taxis, debido a los bajos salarios que percibe la población.

Tampoco es posible, sigue Trabajadores, adquirir medios de transporte "de cualquier tipo, e incluso motos, dado el costo desmesurado de esos vehículos. Si a eso le sumamos que las bicicletas son un recuerdo de subdesarrollo extremo en el imaginario popular y que las condiciones para que estas circulen en la ciudad no son las óptimas, a los cubanos de a pie nos queda prácticamente una opción: la guagua."

"Esta es la última vez que venimos por este año", se le escucha decir a una madre que esperaba la ruta 69 en la parada del Zoológico de 26. Y es comprensible. Para llegar hasta allí en guagua, desde Baracoa, donde reside, hace falta algo más que paciencia.

Los comentarios, en la web del periódico, no se han hecho esperar. Los más radicales culpan a los pasajeros que cuelgan de las puertas de las guaguas y piden multas para los incívicos.

Otros aprovechan para denunciar que en las guaguas nunca hay cambio y al final el chofer se lleva un sobresueldo con las monedas que no le devuelve a ninguno de los pasajeros.

Para Yoel Amed, lo que está ocurriendo desde hace años con el transporte público en Cuba es problema de "mala planificación, pocas ganas de hacer y más de lo mismo".

Pero también está quien apela al embargo económico. "Hay un bloqueo económico extraterritorial por parte del vecino del norte que dura más de medio siglo", se lamenta Peter.