Sábado, 20 de Julio de 2019
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TRIBUNALES

'A quemarropa y por sorpresa', así disparó a su víctima un exmilitar cubano procesado en España

Interior de la sala donde se celebra el juicio a Alberto Hernández Blanco. (DIARIO DE SEVILLA)

El exmilitar cubano Alberto Hernández Blanco, que se enfrenta a una condena de 17 años y 10 meses de prisión en España por asesinato, confesó sin rodeos en el juicio que disparó a su víctima en dos ocasiones y que lo hizo "a quemarropa, por sorpresa y sin darle tiempo a que reaccionara", informó el Diario de Sevilla.

Hernández disparó a Manuel Jiménez Galbarro dos tiros en una nave industrial de la localidad de Carmona, en Sevilla el 27 de noviembre de 2015. Sin embargo, la víctima falleció en una gasolinera.

En su declaración ante el jurado popular que le enjuicia, el acusado reconoció que mató a Jiménez después de que éste y dos amigos se personaran en la nave de su patrón, el empresario José María Y. T., que también está siendo juzgado, para reclamarle una deuda.

El exmilitar dijo que su patrón pidió auxilio gritando y diciéndole que le "iban a matar" y en ese momento él salió de una habitación de la nave donde vivía, armado con una escopeta con la que efectuó los dos disparos, el primero al pecho, y el segundo le alcanzó en la espalda cuando la víctima se caía girándose hacia atrás.

Según Hernández, el fallecido portaba un revólver Colt 38 de cañón corto con el que "apuntaba a la frente" de José María, pero este arma no ha sido hallada y el propio José María Y. T. también niega que la víctima estuviese armada, ni tampoco sus acompañantes.

De acuerdo con el reporte del medio sevillano, a lo largo de su declaración, el acusado mostró cierto desvarío y hasta paranoia.

Cuando fue preguntado por la Fiscalía por su experiencia militar, afirmó que había sido entrenado para la guerra en un "pelotón de caza" durante la lucha contra los alzados en Cuba o que fue propuesto para la "guerra de Angola y del Golfo".

El martes había declarado también que intervino en la Revolución Sandinista de Nicaragua, que fue entrenado por un equipo de "fuerzas especiales de los vietnamitas (…) en técnicas de supervivencia".

Hernández Blanco también relató una historia sobre una supuesta investigación de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil de la que "no podía hablar". Sí dijo que se trata de una "banda criminal internacional dedicada al tráfico de armas de guerra", pero la UCO le ha dicho que "no pude revelar nada" de la investigación, aunque él ha remitido ya "130 escritos a los fiscales generales del Estado (sic)".

El acusado declaró que su patrón lo ayudó a subir a la víctima al coche para trasladarlo al hospital.

Escuchas telefónicas e historia de película

Sobre unas escuchas telefónicas realizadas durante la semana que permaneció huido y en las que hablaba de que iba a matar a unos portugueses, el procesado manifestó que lo que dijo realmente es que "había unos portugueses que iban a por José María (su jefe), que lo iban a matar".

"El jefe de una mafia portuguesa, de los más sanguinarios, ha venido por José María y siempre estaba amenazándolo y José María tenía miedo", añadió.

El exmilitar también justificó que huyó por "nerviosismo", porque no sabía adónde ir y estaba "traumatizado". Incluso dijo que fue a la casa del hermano del difunto a pedir ayuda.

El acusado dijo que estaba "muy agradecido" a su patrón, puesto que le había dado vivienda y ayudado económicamente a su familia en Cuba con el envío de ropa y medicamentos.

"Le estaré agradecido hasta que muera, porque ha dado la vida por mí y yo por él. Me acogí al calor familiar de él; no tengo como pagarle".

Por su parte, José María Y. T., para quien la acusación particular reclama la misma condena que al exmilitar cubano –27 años de cárcel por delitos de asesinato y tenencia ilícita de armas—, reconoció la existencia de la deuda con Manuel Jiménez Galbarro, pero negó que estuviera relacionada con el robo de un cargamento de hachís.

Y. T. señaló en su declaración que no ha tenido "ningún problema con portugueses" y aseguró que "nunca" se ha dedicado al tráfico de drogas.

Tras el asesinato, el empresario se marchó a Badajoz porque estaba "muy nervioso" y tuvo "miedo" cuando en un momento el cubano le apuntó con el arma, pero regresó por la noche y desde ese momento asegura que colaboró con la Policía para facilitar la detención de Alberto Hernández. De hecho la Fiscalía sevillana lo exculpó.

1 comentario

Imagen de Anónimo

Aquí hay gato encerrado. Es cierto que las evidencias demuestran que el cubano mató a una pesona (un delito). Pero también los hechos evidencian manipulación del empresario, que a cuenta de los favores que le prestó al cubano, lo utilizó vilmente y lo convirtió en asesino, como todo parece indicar y ahora se lava las manos. Ningún empresario es amigo de nadie y menos cuando alguien es extranjero y pobre... como lo es el cubano.

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