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Relaciones Cuba-EEUU

Diplomáticos estadounidenses montan una 'candonga' antes de repatriarse

Decenas de personas acuden a comprar desde electrodomésticos, ropa, bicicletas y enseres del hogar hasta alimentos.

La Habana
La vivienda donde se realizó el mercadillo.
La vivienda donde se realizó el mercadillo. DDC

Media hora después de que, en el noticiero del mediodía del viernes, la directora general de Estados Unidos en la Cancillería, Josefina Vidal, informara la decisión del Gobierno de Donald Trump de reducir en más de la mitad la cantidad de diplomáticos en La Habana, un grupo de personas hacía fila frente a la residencia sin número de un funcionario estadounidense, situada en la calle 24 entre 1ra y 3ra, en Miramar.

Los allí presentes, trabajadores de otras embajadas o familiares de los trabajadores cubanos de la sede diplomática de Estados Unidos, aguardaban por la "candonga" (mercadillo) que habilitarían los norteamericanos antes de repatriarse.

Según mensajes difundidos vía telefónica, los estadounidenses venderían electrodomésticos, enseres para hogar, otras pertenencias y comida que no iban a llevarse a su país. La compraventa debía iniciarse después de las 5:00pm, porque el personal se encontraba reunido en la embajada.

A la hora señalada, comenzaron a estacionarse en las proximidades de la residencia automóviles con matriculas encabezadas por los códigos E-071 o D-071. Sus tripulantes, todos norteamericanos, comenzaron a abrir maleteros y a extraer cajas de comestibles y objetos que depositaron sobre mesas dispuestas bajo carpas en un patio de la residencia, donde también se exponían bicicletas, ropas de niños sin estrenar, alfombras y otros artículos.

La entrada al recinto era libre, pero para pasar había que firmar un libro. Un guardián velaba por el orden y no permitía hacer fotos, ni filmar vídeos.

Alrededor de 300 personas se apiñaron en torno a las mesas. La parte más concurrida fue la de los comestibles; se vendieron latas de conservas, frutos deshidratados, leche evaporada, quaker, arroz y otros alimentos. Por las latas de atún se produjo un altercado, cuando una mujer pretendía acaparar toda la venta e incluso trató de arrebatarle la compra a otra.

Fuera de la casa hubo un embotellamiento; los carros bloqueaban las entradas de los garajes colindantes. Varios norteamericanos conversaban sobre las fechas de sus repatriaciones.

Un trabajador cubano de la embajada comentó que esperaba a su jefe para comprarle una sierra eléctrica que le hacía falta. También dijo que la reducción de diplomáticos era grande y que los estadounidenses tendrían que hacer varias "candongas" más. Añadió que al personal cubano no le han aplicado por ahora reducciones, pero que si cerraban la embajada todo se iría "al tarro".

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