Lunes, 10 de Diciembre de 2018
Última actualización: 00:07 CET
Opinión

Caracas no es La Habana

Todavía hay personas diciendo que en Venezuela no sucederá lo mismo que en Cuba. Que la salida de la dictadura madurista será pacífica y democrática, paralizando el país con una huelga general o algo por el estilo. Los cubanos, que sabemos muy bien de qué se trata, no por sabios sino por sufrientes, desde que el pueblo ganó la mayoría parlamentaria intuimos que alguna treta haría el Ejecutivo para torcerles el brazo a los diputados opositores.

Hay que acabar de entender que en asuntos de mantenerse en el poder, unos cubanos tienen el triste gallardete de retenerlo por más de medio siglo bajo cualquier circunstancia.

La Habana nunca ha sido Caracas. A pesar de que hubo oposición armada y civil contra la Revolución cubana, esta llegó al poder con la legitimidad de derrotar a una dictadura, y su máximo líder, héroe para una mayoría de cubanos en 1959, era un abogado, blanco —importante el dato—, que había derrotado al "hombre fuerte" de los norteamericanos.

A eso puede sumarse que en el llamado Viejo Mundo ese líder supo vender una imagen de Robin Hood tropical que aún perdura. Tal es así que todavía en España, de donde procedía su padre, se le conoce donde quiera que uno vaya, se le admira y se le perdona como un mal necesario.

El Gobierno revolucionario pudo silenciar la prensa, la radio, los canales de televisión, y poner, cuadra por cuadra, un sistema de vigilancia sumamente eficiente —lo pagan los propios vigilados—, y eficaz en menos de tres años. A pocos metros de Quinta Avenida y 14 podían estar retenidos varios opositores y los habaneros de Miramar ignoraban lo que sucedía a menos de 100 metros de sus casas. Una sabia mezcla de represión y propaganda ha sido la clave del éxito autoritario cubano.

En Caracas ha sucedido otra cosa. Desaparecido Hugo Chávez, no había más camino que instaurar un régimen totalitario —ese y no otro fue siempre el objetivo—. Y era una necesidad recurrir a mecanismos de control ciudadano mucho menos elaborados. Las razones son tres: ausencia de un líder legítimo, de suficiente cuota de capital político; la urgencia de parecer una democracia para mantener relaciones internacionales funcionales; y poca astucia de unos servicios represivos no entrenados bajo la guía de la Stasi o la antigua KGB: por muchos cubanos que asesoren, no es lo mismo haber estudiado en Moscú y en Berlín Oriental que en las escuelas del MININT de La Habana.

Por otro lado, el extinto máximo líder cubano tenía extrema facilidad para mentir y convencer. Podía dar las cifras más absurdas o hacer cómplices a millones de compatriotas con descabellados planes a futuro. La acción cuasi suicida, temeraria, del asalto al Cuartel Moncada que se conmemorará en breve, es un ejemplo de ese poder de convencimiento: hasta unas horas antes, la mayoría de los asaltantes no sabían bien a qué se enfrentarían; confiaban ciegamente en otro joven de menos de 30 años.

El finado líder se creía su propia farsa; él era la mentira y la verdad al mismo tiempo: a partir de ahí, envolvía a todo un auditorio.

En cambio, el inquilino de Miraflores es un imitador malo. Desde aquel relato virginal del pajarito reencarnado, cualquier hijo de vecino sabe que se trata de un farsante que, además, se hace odiar gratuitamente. Ríe mientras habla, como si se burlara del auditorio —la mentira es una cosa muy seria— como si aún no se creyera en la poltrona presidencial sino al timón de un autobús caraqueño.

Pero no equivocarse: detrás de esa mendacidad no se han podido descifrar unas pocas verdades. Ni Maduro ni Diosdado Cabello mienten en cuanto a sus planes político-policiales; dijeron que la Asamblea Nacional no iba a poder funcionar y lo cumplieron; que el revocatorio no sería posible, y así fue; que la Asamblea Constituyente va, y será muy difícil que no lo cumplan.

Solo la insubordinación de una parte importante del Ejército puede poner fin a la caída por el despeñadero. No han bastado más de 100 días de protestas, un centenar de muertos, un país casi paralizado. Algunos podrían pensar que la suspensión de la cuota petrolera por EEUU, la condena de la Unión Europea o del Vaticano van a hacer desistir de los planes que en papel, mucho antes de que Chávez expirara, estaba diseñada la República Socialista y Bolivariana de Venezuela, el parlamento comunal, la guía de un solo partido, la libreta de abastecimientos, el servicio militar obligatorio o las becas.

Caracas no es La Habana. Y todo puede ser peor pues las copias no suelen ser buenas. Como diría Jacinto Benavente, si fuera un oficial cubano en tierras de Bolívar: "¡Bienaventurados nuestros imitadores, porque de ellos serán todos nuestros defectos!".

14 comentarios

Imagen de Anónimo

Bueno aqui existe una gran diferencia. Venezuela es una tierra de corajudos y luchadores que ya han salido a las calles y se mantendran en ellas mientras Maduro se halle en el poder.Cuba es tierra de vividores y cobardes que adoran y rinden pleitesias a lideres ruines y canallas por mentirosos y asesinos que estos sean.Los venezolanos no se han enamorado de Maduro como los cubanos lo hicieron con Fidel Castro. En fin la diferencia es grande....

Imagen de Anónimo

Maduro no quiere soltar el poder porque la Fortuna que esta amasando con los castros es mucha. Los castros son los que mandan ahi el es solo una marioneta. Cuando van a analizar y juzgarlos a todos por narcotrafico internacional? 

Imagen de Anónimo

A Maduro le va a pasar igual que Allende y los cubanos saldrán con el rabo entre las piernas

Imagen de Anónimo

Reventar un Parlamento soberano no es nada nuevo en la historia. Hasta Maduro, inculto y populachero, tendrá al fin su 18 de Brumario. El problema es cómo seguir después sin repetir los errores que lo llevaron a eso. Sus asesores españoles lo habrán previsto, o lo dejarán para más adelante?

Imagen de Anónimo

la oposicion esta capitalizada por politiqueros. Quieren trasicion suave para volver los mismos que estaban antes de chavez. Venezuela era una porqueria antes de Chavez por eso tomo el poder. Tres cubos de mierda mas como dijo el loco del cuento de mazorra. En Cuba lo mismo, cuando Batista habia que cambiar la cosa, llego Fidel y lo empeoro. La oposicion cubana esta capitalizada por los cubanos politiqueros de miami que tienen tremendo chiringuito montao con el tema d ela dictadura. Los cubanos y los Venezolanos de a pie, capaos, desorientaos  y en consecuencia sumisos. No hay arreglo ....20 cubos de mierda mas...

Imagen de Anónimo

Muy acertado el análisis de Almagro Domínguez. Un artículo muy abarcador articulado de una manera muy precisa. Congratulations!

Imagen de Anónimo

SI LA DÉBIL OPOSICIÓN ACEPTA APLAZAR LA CONSTITUYENTE, ¡¡¡SE SUICIDAN!!

Imagen de Anónimo

Si la oposición ACEPTA APLAZAR LA CONSTITUYENTE, ¡¡¡PIERDEN!!! Eso es UNA TRAMPA DE LOS FLOJITOS de adentro CON LA IZQUIERDA INTERNACIONAL VENDIDA A MADURO.

Imagen de Anónimo

La única forma de remover del poder a los mafiosos que des-gobiernan a Venezuela ES POR LA FUERZA. No hay de otras. Ya los ''pacifistas de la oposición'' -PATÉTICOS- lo han intentado todo. SE LES ACABA EL TIEMPO. ¡Es hora de EMPUÑAR LAS ARMAS POR ALCANZAR LA PLENA LIBERTAD DE TODOS LOS VENEZOLANOS! Parece radical, pero , lastimosamente, NO LE HAN DEJADO OTRA OPCIÓN AL VALIENTE PUEBLO VENEZOLANO representado MUY DIGNAMENTE por LOS BRAVOS JÓVENES QUE A DIARIO ARRIESGAN SU VALIOSA VIDA -Y ALGUNOS LA HAN PERDIDO- Esos que huelen a SANGRE, SUDOR, HUMO , GAS , CANDELA, Y MUERTE , son los que marchan al frente , peligrosísimo frente, DESARMADOS ¡lástima! con una sóla consigna; ¡L I B E R T A D!

Imagen de Amadeus

El obstinamiento y la tozudez de Maduro y sus amos de La Habana están llevando a Venezuela a lo único que puede sacar a una dictadura del poder: por la fuerza. Los venezolanos han demostrado valentía y coraje, es decir, están dispuesto a la "violencia revolucionaria" que se puede traducir en la guerrilla urbana. El día que alguien reparta un par de arcabuces, ya tendremos la guerra civil bien servida.

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