Miércoles, 26 de Julio de 2017
14:40 CEST.
'Elecciones' 2018: Qué debes saber

¿Para qué ir a las urnas en un país donde el proceso electoral está diseñado para legitimar al Gobierno?

Muchos cubanos se quejan de que el día de las "elecciones", si no han ejercido su "derecho al voto" en cierto plazo de tiempo, alguien se presenta en su casa a preguntarles cuándo van a hacerlo. Es por eso que muchos creen que el voto es obligatorio. Pero no es así.

El Artículo 3 de la Ley Electoral vigente establece que "el voto es libre, igual y secreto y cada elector tiene derecho a un solo voto". Como se explica en el capítulo dedicado al proceso electoral del Anuario Estadístico publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), "se trata de un derecho constitucional. Es un derecho y un deber cívico que se ejerce de manera voluntaria y por no hacerlo nadie puede ser sancionado...".

Por tanto, quien va a la casa de un ciudadano a cuestionarle si votará o no es quien viola la ley, y no la persona que, por el motivo que sea, decide no acudir a las urnas.

Si, de acuerdo con la ley, dejar de votar no puede ser motivo de sanción, tampoco debería ser motivo de invalidación de un ciudadano para ocupar algún puesto de trabajo.

Pero en la práctica los cubanos sabemos que "si no votamos, nos señalamos". En un país con un solo partido político legal, que "no propone, ni nomina, ni promueve candidatos", según se describe en el Anuario Estadístico, pero que "es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado", según la Constitución vigente, las elecciones cumplen la función de legitimar al Gobierno y al sistema político. No votar es legal... e inconveniente.

Por eso, si usted desea ocupar una plaza laboral en el codiciado sector turístico, o de profesor en una universidad, no participar en las elecciones es un punto en su contra. En casi cualquier centro donde usted se proponga trabajar, le solicitarán una carta del presidente de su CDR, o enviarán a alguien a verificar su conducta social. Se da por sentado que usted pertenece a la organización y además ejerce su deber cívico de votar, porque lo contrario equivale a cerrarse muchas puertas.

Así se logra que usted no deje de ejercer ese "derecho" garantizado por la Constitución. "Vote por quien usted quiera, pero vote", parece ser el mensaje subliminal. "Vote, no para que las cosas cambien, sino justamente para que todo siga igual".

Y funciona. La edición de 2015 del Anuario Estadístico dice que "en todos los procesos electorales que se han celebrado desde el año 1976 ha participado más del 95% de los electores".

Pero una lectura del propio Anuario, muestra que en las "elecciones" para delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, aunque la participación ha sido alta, ha habido oscilaciones e incluso una disminución en el año 2012, último registrado.

En 1981, el porcentaje de participación a nivel nacional fue del 97,2; en 1984 subió al 98,2%; en 1986, fue del 97,7%; en 1989, alcanzó el 98,3%. Luego, durante 1992y 1995, estuvo un poco por encima del 97%. En 1997 y 2000 subió al 97,6 y 98,1, respectivamente.

En 2002, cayó al 95,8%. Durante 2005 y 2007 se acercó al 96,7%. Pero en 2010, fue del 95,9% y en 2012 cayó hasta el 94,2 a nivel nacional. La participación más baja se registró en Santiago de Cuba y Camagüey, con un 93,0%, y La Habana, con un 93,1%.

¿Qué ha ocurrido?

El Anuario Estadístico ofrece datos, pero no un análisis de las causas de la caída en la participación. Tampoco permite conocer qué porciento dentro de este 94,2% de 2012 votó en blanco, ni qué porciento anuló su boleta, opciones que también son absolutamente legales.

Pero en un país donde votar no cambia nada, dejar de hacerlo es al menos una forma de expresar desacuerdo con el sistema, de no refrendar un proceso electoral en el que no se cree.

¿Por qué votar entonces?

En primer lugar, porque es nuestro derecho. En segundo, porque podría ser un medio para que las cosas no sigan exactamente igual.

Con la presencia de ciudadanos no afines al Gobierno ni al sistema político que aspiran a ser candidatos a delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular para representar a sus comunidades, cada voto puede marcar la diferencia.

En este contexto, el mensaje subliminal de las autoridades ya no puede ser "vote por quien quiera, pero vote". Aún cuando hay un solo partido político legal en Cuba nuestro voto esta vez puede servir para algo más que legitimar al Gobierno y al sistema.

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Comentarios [ 6 ]

Imagen de Anónimo

El miedo te puede obligar a votar, y debemos asumirlo. El postularse es una accion irresponsable para con la patria y contra el verdadero sentido de la democracia. Por ser algo voluntario, los candidatos estaran marcados para siempre. Ninguno podra tener exito en unas elecciones libres en una Cuba verdaderamente libre y soberana. 

Imagen de Anónimo

Si llegan a haber candidatos de la oposición, voy a pensar que ahora RC buscará que algunos sean elegidos, para legitimar el régimen. Es un riesgo, pero de todas maneras, me parece bien que se postulen.

Imagen de Anónimo

La solución es hacer voto nulo: votar con el sobre vacío o romper la boleta en 4 pedazos. 

Imagen de Anónimo

Quisiera ser tener la buena fe que tiene el autor de este trabajo, pero el Cagastrismo me ha hecho tantas mierdas y he tenido tantas desiluciones que creo que lo único que funciona son una invasión de los marines y una guerra de conquista y la anexión de Cuba a USA. Ojalá!

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Si el proceso electoral está diseñado para legitimar al gobierno, hay una forma muy sencilla de demostrar la oposición a este: no votar por ninguno de sus candidatos.

Imagen de Anónimo

Ojala y sea cierto, me gusta la idea de que se postulen disidentes y todo eso, es como ir minando el sistema desde adentro, epro la verdad tampoco creo que se logre, entre la apatia de los cubanos y el sistema en si que ya se esta preparando para esa eventualidad es muy dificil que algo pueda suceder, igual si sale alguno sera una pequegna victoria, ya veremos

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