Sábado, 21 de Julio de 2018
Última actualización: 14:04 CEST
Relaciones Cuba-EEUU

Trump, Castro y las reglas del juego

Marcha en EEUU contra la política de Washington durante la Crisis de los Misiles, 1962. (GETTY IMAGES)

La nueva política estadounidense hacia Cuba, proclamada por el presidente Trump en Miami el viernes pasado, ha suscitado críticas en numerosos medios de prensa europeos, a todo lo ancho del espectro político. Incluso algunos editorialistas poco sospechosos de filocastrismo se han sentido en la obligación de instalarse en la equidistancia moral. Aseguran que Castro II se ha equivocado al no promover los cambios que la Isla necesita, pero Trump también se equivoca al cambiar la línea de concesiones unilaterales inaugurada por Obama en 2014.

Algunos prejuicios obvios apuntalan este razonamiento. Primero, todo lo que Trump decrete para socavar o eliminar el "legado histórico" de Obama ha de ser necesariamente erróneo. Luego, la revolución de 1959 trajo a Cuba progresos indiscutibles que EEUU tiene la obligación de ayudar a preservar y perfeccionar. Por último, la presión de Washington y de algunos sectores de la oposición, dentro y fuera de la Isla, es inútil y dañina, porque durante casi 60 años no ha conseguido que el Gobierno cubano cambie de rumbo.

La premisa inicial apenas merece examen. Obama se equivocó en aspectos importantes de política exterior y su indulgencia hacia el castrismo fue uno de ellos. Trump debe y puede enmendar esos errores, que perjudican a EEUU, al Partido Republicano y a la mayoría del pueblo de Cuba, al fortalecer al régimen sin exigirle nada a cambio.  

El segundo punto es más complejo, porque opera en un estrato menos evidente de la conciencia europea. Se deriva de la creencia muy arraigada aquí de que antes de 1959 Cuba era el prostíbulo de los yanquis, los niños morían como moscas, no había escuelas ni hospitales y la población en general malvivía en la opresión y la miseria. Es verdad —reconocen hoy a regañadientes quienes así piensan— que los hermanos Castro fusilaron a algunos miles de opositores, encarcelaron a muchos más y han expulsado del país (de un modo u otro) a más de dos millones de personas, amén de cometer algunas otras tropelías. Pero al menos, erradicaron los males básicos: cerraron los garitos, reciclaron a las putas, echaron a los yanquis y construyeron escuelas y hospitales para todos. Y además ganan (o ganaban) muchas medallas olímpicas.

Sin duda una vez expuesta al escrutinio público, tras la caída del Muro de Berlín, la Santísima Trinidad de educación, sanidad y deporte ha sufrido menoscabo. Incluso algunos eruditos bien pensantes empiezan a tener en cuenta el punto de partida de los presuntos "logros revolucionarios" (índices de alfabetismo y camas de hospitales per cápita en 1959, por ejemplo), el carácter propagandístico de la educación, la escasa calidad de la asistencia sanitaria y el costo estratosférico de los triunfos deportivos. Pero en el fondo predomina la leyenda negra de la República fundada a principios del siglo XX y la imagen del David tropical que se enfrentó al Goliat imperialista, hábilmente difundidas por los voceros del castrismo.

Ese relato, que aprovechó la ignorancia del europeo medio sobre lo que fue Cuba de 1902 a 1959 y el resentimiento antiyanqui predominante en la segunda mitad del siglo, perdura todavía de modo soterrado y asoma de vez en cuando, por más que la realidad lo desautorice a cada paso. Es un elemento indisociable de la teleología progresista/socialista tan arraigada en la mentalidad europea y cualquier decisión que lo contravenga es forzosamente antihistórica y constituye un retroceso o un crimen, o ambos.   

El tercer punto del razonamiento es la idea de que toda la política que EEUU puso en vigor en relación con Cuba entre 1959 y 2014 fue ineficaz y que ahora solo cabe hacer lo contrario. Ese enfoque rudimentario pasa por alto los cambios del contexto internacional, el fracaso económico y social del modelo soviético aplicado en la Isla, el envejecimiento de la elite gobernante y las expectativas de la población.

Medido con esa vara, si la hostilidad de 1959-2014 no dio resultado, el deshielo de 2014-2017 tampoco. Raúl Castro gobierna a Cuba como Líder Mínimo desde hace una década, tras haber sido el segundo hombre del Líder Máximo durante casi medio siglo. Los tres últimos años ha contado con el beneplácito o la cooperación de EEUU en diversas formas. Y el resultado es más bien magro: una tímida reforma migratoria, algunas concesiones para dejar respirar a los campesinos autónomos y los pequeños empresarios y la despenalización de prácticas comerciales indispensables, como la compraventa de viviendas o la adquisición de teléfonos móviles.

En el ámbito de los derechos y las libertades, la situación es igual o peor que antes de la reconciliación con Washington: partido único, elecciones espurias, monopolio de la información y la educación, cárceles rebosantes, represión de la disidencia, control de los sindicatos, explotación ilegítima de la mano de obra exportable y un largo etcétera de males que la progresía internacional tiende a soslayar cuando se refiere a la diplomacia estadounidense hacia la Isla.

Pero si el castrismo no se puede cambiar mediante presiones externas y tampoco va a cambiar por sí mismo en ausencia de esas presiones, porque sus jerarcas no están dispuestos a ceder ni un ápice de poder en aras de mejorar el futuro de todos los cubanos, ¿cuál es la solución? ¿Qué medidas podría adoptar en Washington un presidente que no quisiera beneficiar a la dictadura con dádivas y prebendas y tampoco provocar su enroque mediante la hostilidad?

En el mundo moderno nos hemos acostumbrado a creer que todos los problemas tienen solución. Pero tal vez algunos no la tengan, al menos a corto o medio plazo. Corea del Norte, la situación del Medio Oriente, la independencia de Cataluña o la libertad de Cuba quizá pertenezcan a esa categoría de conflictos insolubles. Un problema histórico que se enquista y dura más de medio siglo probablemente no pueda solucionarse con los medios tradicionales de la política y la diplomacia.

La estrategia que Trump ha restablecido —y que ya figuraba claramente en la ley Helms-Burton, que codifica el embargo— es dejar que transcurra el tiempo y seguir enviando a la nomenklatura cubana el mismo mensaje: para negociar con EEUU tendrán que venir dispuestos a renunciar a sus posturas maximalistas. Nadie les va a exigir que se rindan con armas y bagajes. Pero tampoco pueden llegar a la mesa de negociación a reclamarlo todo a cambio de nada, como permitió Obama.

El simbolismo del acto celebrado el viernes pasado en el Teatro Manuel Artime de Miami apunta además a otra dimensión esencial de esa política. La presencia de los legisladores cubanoamericanos Marco Rubio, Carlos Curbelo y Mario Díaz-Balart, de veteranos de la Brigada 2506, exprisioneros políticos como Cary Roque y Ángel De Fana, disidentes que residen en la Isla, como Jorge Luis García "Antúnez", Antonio Rodiles y Ailer González, así como la destacada ausencia de Berta Soler y José Daniel Ferrer (a quienes el Gobierno de La Habana impidió asistir a la ceremonia),envían un mensaje tan potente como las palabras mismas: cualquier arreglo del problema cubano pasará por que el Gobierno castrista reconozca la legitimidad de la oposición y esté dispuesto a negociar, tanto con ella como con Washington, los asuntos indispensables para garantizar la paz, el desarrollo, los derechos y las libertades de todos los cubanos.

Esa es la función primordial del embargo: un instrumento de negociación, que Obama trató de anular de manera oblicua, saltándose las reglas legislativas, ya que no disponía en el Congreso de la mayoría suficiente para abrogarla. Pero esa treta ya se agotó. Castro II y sus sucesores saben ahora que para quitarse la camisa de fuerza del embargo tendrán que ceder, empezando por amnistiar a los presos políticos, suspender la represión, modificar las normas jurídicas que la comunidad internacional considera ilegítimas y aceptar la celebración de elecciones pluripartidistas, en las que todos los cubanos —vivan donde vivan y piensen como piensen— puedan elegir libremente a sus gobernantes. Así lo proclamó el presidente Trump en Miami y en ese mismo orden lo pide la resolución final del Congreso de la Internacional Liberal que se celebró en Andorra en mayo pasado.

Si los gobiernos de Europa y América Latina asumieran una posición análoga y más coherente con los valores que reivindican, quizá esa negociación llegaría antes de lo que muchos imaginan. Y todos saldríamos beneficiados. Sobre todo, los 11 millones de súbditos del castrismo, que podrían recuperar los derechos y las libertades que el régimen les ha confiscado durante casi 60 años.

12 comentarios

Imagen de Gabonice2

Otra medida que sería muy eficaz sería bombardear la Plaza de la Revolución en uno de esos actos masivos con pequeños paracaídas (pero muchos) con unas pequeñas bolsas con Hamburguesas y Coca Cola, se haría don drones debidamemte habilitados para estos fines. ¿Se imaginan la cara que pondía Raúl y su camarilla viendo al pueblo corriendo detrás de esos paracaídas? Y algo más serio: Es vital impedir que la Dictadura siga usando sus tropas para mantener a Venezuela. La pérdida de Venezuela le quitaría a la Dictadura poder vivir parásita de su colonia Venezuela.

Imagen de Gabonice2

El incapié fundamental yo lo haría en romper el monopolio informativo de la Dictadura. Aunque muchos cubanos no creen en lo que dice Granma, Goebell (el nazi) ya decía que una mentira repetida muchas veces se convierte en una verdad. Y muchos cubanos solo escuchan lo que le dice el gobierno. Con ese estatus si mañana en Cuba hubiera elecciones libres, los ciudadanos no tendrían información de los programas de gobiernos de los otros partidos y no sería sorprendente que en esas condiciones ganaran los candidatos de la Dictadura esas elecciones. Antes de elecciones libres hay que lograr que los cubanos tengan libertad de información. ¿Que les parece un satélite americano que llevara wifi gratis a todos los rincones de Cuba? !La Dictadura duraba menos que un merengue en la puerta de un colegio!

Imagen de Gabonice2

La nueva política (vieja) de Trump es un poco extraña, parece desconocer el funcionamiento de las entrañas de la Dictadura Cubana. Como dice un comentario, a la Dictadura le bastaría con pasar los negocios de GAESA a cualquier ministerio. Pero si solo se le permitiera a los visitantes norteamericanos comer en Paladares privadas y dormir en casas particulares, también eso sería muy fácil de burlar. Agentes de la Seguridad del Estado podrían dedicarse a abrir Paladares y alquilar habitaciones en residenicas particulares (que estaría en manos de los militares). ¿Cuantos agentes del FBI sería necesario infiltrar en Cuba para controlar el acceso de los turista americanos a Hoteles de los militares? Vaya esto yo lo veo tan quimérico como lo de la construcción del muro. Es como vender humo, enseñar los dientes y hacer el ridículo. Para dar jaque mate a la Dictadura se requiere más inteligencia y no devolverle a la Dictadura el enemigo que Obama le quitó.

Imagen de Anónimo

Me parece muy atinado el análisis del autor.No he podido impedir la carcajada ante el Líder Mínimo, eso es genial.Hay una gran coincidencia entre las propuestas de los Liberales y la oposición cubana.Y son propuestas que benefician a toda la población.

Imagen de Anónimo

Bajo el prima de  Trump, porque no autoriza a los americanos a ir a Cuba, sujeto a que se hospeen en casas particulares y coman en paladares.Asi si empodera al menos a  unos cuantos cubanos 

Imagen de Anónimo

Y en todo esto: Que le toca hacer al pueblo de Cuba?????

Imagen de Anónimo

Lo que quiere Trump lo puede resolver Castro de un plumazo, solo tiene que hacer dos cosas que no afectarian en lo absoluto el control que tiene.1. Incluir a 40 opositores en la nueva asamblea nacional y como son unos 400 seria un 10 porciento siempre en contra pero le quedaria siempre un 90 por ciento a favor y ya nadie le podria cuestionar que no aplica la democracia. En ningun parlamento del mundo se aprueba con el 100 por ciento y en todas partes en el parlamento esta el gobierno generalmente con mayoria y los opositores. 2. Pasar los hoteles de GAESA al MINTUR y ya nadie le puede decir que son de una empresa militar.Las medidas de Trump no son de inmediato cumplimiento, es como si le estuviese haciendo un conteo de proteccion a ver si reacciona. 

Imagen de Anónimo

el articulista no toca la sustancia de las medidas de trump. Parece que sean medidas hechas para obligar al gobierno cubano a negociar con la oposiciòn y con los eeuu, mientras, en verdad, no modifican las medidas de obama.

Imagen de Anónimo

La prostitución hoy día en Cuba a superado por mucho a la de antes de los Castros, haci como los mendigos, la pobreza generalizada y la esclavitud  

Imagen de Plutarco Cuero

Los conflictos comenzaron a ser insolubles cuando lo "políticamente correcto" empezó a convertirse en un muro para el uso de la fuerza y el cambio de los regímenes que los provocan.

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