Domingo, 22 de Octubre de 2017
22:29 CEST.
Cuba después de Fidel

Reforma parlamentaria, la nación en busca de su rostro

Desde el oficialismo, se anda pidiendo por estos tiempos una obediencia ciega, un monopolio del pensamiento, una apropiación parcial y acrítica de la realidad. Para alcanzar esta obediencia recurren a todo, desde pequeños mítines hasta reuniones multitudinarias, desde golpecitos en el hombro hasta golpetazos en la cara. Se pide al pueblo bajar la cabeza, asentir, decir sí, participar en un baile predicho, donde nadie sabe cuál es su papel ni hacia dónde vamos. Y es que con un parlamento como el nuestro no se resuelve el eterno dilema de la democracia: la representatividad y la participación.

La Asamblea Nacional del Poder Popular, máximo poder según la Constitución, apenas propone leyes ni ejerce su soberanía sobre el terreno de los cambios diarios. Dos reuniones al año y la suplantación, durante ese periodo, por el Consejo de Estado aprisionan y matan la legitimidad de la Asamblea. El resultado es un país donde predomina el "decreto-ley" o sea el "Estado soy yo" del viejo gobernar de los reyes absolutos, donde el acatamiento no solo es normativo sino imprescindible para los gobernados si quieren sobrevivir y no quedar "fuera de juego", apartados del ruedo social y de las pocas oportunidades que ofrece el gran empleador cubano: el Estado.

El Gobierno, al matar la Asamblea, desguazó al pueblo. La inercia se confunde con unanimidad. Una reforma parlamentaria no solo es necesaria, sino que deberá extralimitarse hacia una transformación del órgano en poder real.

Si en Cuba la Asamblea ve la nación de soslayo y durante apenas dos sesiones, si se ensaya incluso la intervención de este o aquel de manera que el debate no responde al magma interno del país, el resultado es la inexistencia de la sociedad civil y la muerte del pacto social que el gobernado establece con el soberano. Ni hablar del respeto a las minorías, pues quien quiera hacerse escuchar al menos deberá llevar el color político oficial o no será ciudadano, ni tendrá curul que lo mal represente en el teatro de variedades.

La manera que tiene el lenguaje oficial para enmascarar los males de nuestro invisible e inexistente Parlamento es llamarlo "democracia socialista" o "poder popular", y colocan a seguido la consigna "¡ese sí es poder!". Ejercicio retórico con el cual se pretende soslayar siglos de evolución de la teoría política, el cual unido al desconocimiento manifiesto por parte de la inmensa mayoría del pueblo acerca de los mecanismos gubernativos, devienen armas hegemónicas.

El diario Juventud Rebelde reseñaba recientemente que "existe desconocimiento sobre la labor cotidiana de delegados y diputados y sobre las formas de revocar a representantes que no ejercen su función", a la vez que registra la necesidad de "modificar y perfeccionar el proceso electoral". O sea, los ciudadanos están marginados cognoscitivamente de los mecanismos esenciales de un país: elegir y gobernar, viven aislados de la vida política, sin preguntarse hasta dónde llega su poder o si tienen la posibilidad de revocar al soberano.

Encima de que el proceso tiene fallas elementales, no es conocido por las personas, entonces, ¿en qué consiste la democracia socialista o revolucionaria o popular y qué la hace tan superior a lo que ellos llaman despectivamente "democracia burguesa"?

Que el diario hable de estos defectos garrafales da a entender que el régimen se está planteando cambiar algo en el mal llamado parlamento cubano, algo que no será el unipartidismo, ni siquiera el sistema electoral, trunco en la base al limitar el voto directo hasta el delegado de circunscripción.

Quizá el régimen quiera apenas maquillar un poco el edificio del Capitolio, darle un hálito divino, imprimir más ejemplares de la Constitución de la República, poner el estudio de los actuales mecanismos como parte de las materias cívicas en las escuelas. Pero nada de cuestionarnos si lo que hoy llamamos Parlamento se aviene con la búsqueda plural de la felicidad. El pacto social está roto, no estamos aún ante un estado natural de guerra de todos contra todos porque ni la ciencia política ni la sociología son exactas y pesan otros factores (migración joven, pasividad de las generaciones añejas, conformismo, miedo, etc.), pero no puede llamarse República a lo que se define a espaldas del pueblo sin que concurra, como dijo Locke, la divergencia.

La democracia ni es socialista ni es capitalista, existe o no existe. Clasificarla ya la adultera. No se trata de una palabra sin poder que pueda ir y venir a través de la historia. Es un estado superior. De la democracia con núcleo en un parlamento legítimo depende la existencia y operancia de una sociedad civil plural y empoderada. Si el Estado es el rostro de la nación, hoy no tenemos rostro, estamos invisibles y tanteando en lo oscuro. Pidamos que esa búsqueda no devenga caos.

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Comentarios [ 3 ]

Imagen de Anónimo

@12:26:Ojalá Dios permita que tú, yo y los miles que queremos la anexión un día se dé!!!! Cuba sola es un desastre, lo ha demostrado con creces. Anexión de Cuba a USA YA!!!!!!

Imagen de Anónimo

// Camino hacia una real y buena democrácia en Cuba ¡Cómo empezar! //Todo tránsito exitoso  hacia el progreso deseado y necesario está definido y decidido por 1. Objetivos finales y 2. LOS PASOS INMEDIATOS HACIA ESE FIN.Para transitar el camino hacia una real y buena democracia en Cuba existe una propuesta (¡desde 2010!) superclara y supersimple de, creo yo, un *excelente primer pasito*. Es la reproducción y difusión masiva entre los cubanos del volante siguiente. ¡Un volante de 1/4 de hoja que puede mover al comienzo de mucho!Aspiraciones sociales cubanas, ¿sí o no?  - - - - - http://mhecnet.org/DOCU53.HTM(Paso imprescindible previo a ese primer paso: Que los medios cubanos y cada uno que pueda ayude a promover esa campaña de difusión masiva del volante.)

Imagen de Anónimo

POr eso y estoy POr lA ANEXION a USA de una Cuba poscastrista.pa nunca mas tener un dictador ni comandantes ni generales en jefes locos.cada dia me convezco mas.