Sábado, 20 de Enero de 2018
21:29 CET.
Opinión

Nuestro norte es el CUC

El eslogan Nuestro norte es el sur, de la cadena de noticias Telesur, siempre me ha parecido confuso. La referencia al norte en la frase remite tanto al norte como referencia de orientación que utilizaban los antiguos marineros para ubicar su posición, como al norte geográfico americano, asociado con EEUU. El uso del norte orientador valida en la frase a la cultura del sur por sí misma pues la convierte en la referencia natural de la compañía noticiosa. Es un sentido loable, el otro lo es menos. El norte como espacio geográfico, otorga al sentido de Nuestro norte es el sur una intención de suplantación acorde a un discurso ideológico superado, aquel que concebía al norte como un espacio con el que emular.

Es el discurso propio del latinoamericanismo decimonónico, explotado no sin efectividad en el siglo XX desde las elites políticas, y que hoy parece tan antiguo como los dinosaurios. Sobre todo luego de haber constatado que si del norte pueden venir invasiones bárbaras, el sur no es menos productor de bestias equivalentes. Como se confirma por estos días precisamente en la nación matriz de Telesur, Venezuela, con la consecución de un ejemplar de nombre Nicolás Maduro.

En la modalidad de barbarie al uso en nuestras tierras está la que remite al control social de los militares. Asiduos a desbordar los cuarteles, ciertos sectores de los militares sur, centroamericanos y caribeños se dedicaron, durante todo el siglo XX, a pulular en las instituciones civiles, económicas y gubernativas de nuestros países. El residuo de aquel hábito fue una incontable cifra de cadáveres, instituciones desarraigadas socialmente y fabulosos fracasos económicos. Cuba no fue la excepción. En lo que sí nos hemos destacado es en dilatar la tendencia hasta el presente, muchas décadas después que se verificara su conclusión en el área y los militares parecieran, desde los años 80 del pasado siglo, resignados a poblar los cuarteles, su hábitat natural.

La noticia a mediados de 2016 de que el grupo de empresas perteneciente a Habaguanex y subordinadas a la Oficina del Historiador de la Ciudad Eusebio Leal, pasaba en su mayor parte al control del Grupo de Administración de Empresas (GAESA) de los militares cubanos, agravó la apreciable tendencia hacia la reunión de los bienes nacionales en sus manos. Las empresas militares Gaviota, Tiendas de Recaudación de Divisas (TRD) y CIMEX asumieron, por ese orden, los hoteles, las tiendas y los restaurantes enlistados por la malograda oficina. De las tres empresas que participaron en el expolio de Habaguanex, solo TRD y Gaviota pertenecían al emporio castrense en el año 2006, cuando Raúl Castro asumió, por sustitución primero y luego oficialmente, la jefatura del Estado. La Corporación CIMEX, otro enorme conjunto de empresas, se vería subsumida pocos años más tarde, en 2010.

La presencia de los militares en nuestras instituciones estatales y gubernativas ha sido intensa desde que el 10 de marzo de 1952 Fulgencio Batista sustituyera nuestra democracia con un gobierno de facto. Luego de 1959 lo militar y lo civil se confundieron cuando la población cubana fue uniformada, adiestrada para matar, e instituciones que iban desde órganos de gobierno hasta la familia fueron tratadas a modo de campamento. En 1976 resurgió un remedo de institucionalidad copiado del antiguo socialismo este europeo en el que los militares aparecían con plenos poderes para elegir, ser electos y encabezar instituciones oficiales. La Asamblea Nacional, un órgano legislativo que no emite leyes y se reúne un puñado de días dos veces al año, se llenó de militares bajo el lema de "El ejército es el pueblo uniformado".

Podría parecer contraproducente si el castrismo no fuera un régimen totalitario, por no calificarlo de descarado, que la fracción uniformada marche no hacia la guerra sino hacia la acumulación desesperada de riquezas; no lo es. Según los historiadores, riqueza y hegemonía son el estímulo natural de los poderes dictatoriales. La riqueza —dicen— era la mayor ambición de Fulgencio Batista, y los que analizan a Fidel Castro lo exponen como un ser desesperado por el poder. Al procurarse la mayor cantidad de divisas —CUCs en el argot monetario cubano—, los militares prohijados por Raúl Castro solo cumplen con la expectativa de los estudiosos.

Desde esta perspectiva se explica que el castrismo mantenga dos monedas de curso corriente por encima de sus declarados deseos de eliminar una de ellas. El peso cubano por un lado y el peso cubano convertible o CUC, por el otro. El peso cubano es el dispuesto para la población civil, para sus salarios, y para los pobres negocios que les es permitido implementar. Es 24 veces menos valioso que su similar el CUC, reservado por los militares para sus actividades comerciales.

El acaparamiento frenético de CUCs parece ser el norte que orienta los movimientos de los miembros de nuestras fuerzas armadas, desde las rebajas al presupuesto de salud pública y seguridad social de los últimos años, hasta el restablecimiento de relaciones diplomáticas con el norte geográfico y la consiguiente carrera por atraer sus inversiones. Sin dejar de pasar por la acumulación del mayor número de empresas redituables, como hace poco pudo constatar un Eusebio Leal venido a menos.

"Nuestro norte es el CUC" podría muy bien ser el eslogan del ejército cubano. A diferencia de la confusión que produce su similar de la agencia Telesur, en este caso el norte como referencia orientadora y como espacio geográfico afirmarían el mensaje del eslogan castrense.

Mapa-reportaje: Negocios del MINFAR

Un total de 33 corporaciones, empresas y negocios son propiedad del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), según el Directorio Comercial de la República de Cuba. Estos negocios abarcan 11 sectores económicos, entre los que se encuentran Construcción, Comercio Interior, Defensa, Energía, Turismo, Minería y Sideromecánica. 

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Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

Eusebio Leal tampoco administraba de manera honesta. Hasta diría que el nivel de corrupción en Habaguanex era insultante por donde se lo mire. Pero ahora con GAESA, como no se hacen auditorías, pareciera que todo estuviera funcionando de maravillas. En realidad, la corrupción es la misma, con más eficiencia y nada de explotes.

Imagen de Anónimo

Esta vuelta compleja que tiene el artículo sobre el Norte y el Sur, como simple lector, no me parece productivo. Para los que vivimos colgados del continente - incluyendo años en la Patagonia - todo se mira hacia el Norte. No es difícil entender que si el canal Telesur es de habla hispana y uno de sus principales socios sea Cuba, en el Caribe, todo sea una mirada hacia el Sur. Más allá de las interpretaciones políticas. Fin de la cita.Ahora bien. Lo sustancioso de la nota, a mi entender, es lo que vienen haciendo los militares desde hace años. Exactamente desde que QTS dejó el poder en manos del Hermano en Jefe.En aquel entonces, las FAR funcionaban como resguardo del propio gobierno cubano. Su injerencia en asuntos comerciales era limitada. Aún había una primera y segunda línea afin a FC. Luego, de la mano de Luis Alberto, el yerno de RC, empezó la limpieza "étnica": todo aquello que tuviera ADN fidelista, pasó a ocupar plazas de inspector meteorológico, no sin antes recibir escarmientos mediáticos.En paralelo, mientras el intercambio de bienes y personas seguía, las fuerzas armadas de Venezuela y Cuba aumentaron sus contactos. No nos olvidemos cuál era la impresión de cada lado del mar: mientras los bolivarianos pensaban que los militares cubanos eran bobos por cobrar sueldos exiguos, los de las FAR se creían superiores, ya que la orientación que recibía el gobierno venía desde La Habana.Pero, como quien convive termina pareciendose al otro, con el pasar de los días, los émulos de Chávez empezaron a enseñarle a los generales cubanos las posibilidades de quedarse con billetes públicos. La Odebrecht repartió "bienestar" en Venezuela y luego, en Cuba. La corrupción en su nivel máximo.Hoy GAESA es un imperio y maneja el país.