Viernes, 24 de Noviembre de 2017
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Relaciones Cuba-EEUU

La universidad vigilada

La semana pasada aparecieron en las redes sociales varias fotos de estudiantes norteamericanos con sus profesores en La Habana. Las imágenes no llamarían demasiado la atención si no fuera porque la coyuntura exige cierta contención en el consumo de la iconografía del régimen: los estudiantes han sido captados paseándose por los salones del Museo de la Revolución, frente a fotos de Fidel Castro y grotescas caricaturas de presidentes norteamericanos. Y también porque en los últimos meses han arreciado las expulsiones de estudiantes y profesores en las universidades cubanas sin que muchos miembros de la academia norteamericana hayan expresado su rechazo.

Ha existido bastante controversia alrededor de la idea de los viajes de intercambio académico a países donde no existen tales libertades. Ya hay una embajada estadounidense en La Habana, pero las relaciones distan mucho de ser normales, sobre todo porque las exigencias en materia de derechos fundamentales siguen sin ser observadas por La Habana. Sin embargo, tras el ascenso de Barack Obama a la presidencia en 2008, parece que había terminado imponiéndose en la práctica la posibilidad de dar mayor sistematicidad a los viajes de estudiantes, e incluso varias universidades crearon un puesto solo para llevar adelante estos intercambios.

La pregunta que muchos se hacen es si deben usarse fondos públicos para realizar viajes cuyos itinerarios, a todas luces aprobados a un nivel bastante alto del Gobierno cubano, incluyen visitas a sitios llamados "de interés histórico y social" (que ya sabemos qué significa y en qué particular hoja de ruta están ubicados) y donde ocupan un lugar de privilegio determinados puntos del horizonte estratégico del totalitarismo tropical: si están los museos como el de la Revolución con fotos a todo trapo de un tirano caribeño, ¿por qué no estarían el santuario familiar de Birán, la piedra de Santa Ifigenia y el Museo del Ministerio del Interior, tan bien descrito por Antonio José Ponte en La fiesta vigilada?

El escritor y exprisionero político cubano Rafael Saumell, quien se desempeña como profesor en la Sam Houston State University, de Texas, valora la libertad académica que existe en la inmensa mayoría del mundo universitario occidental, aunque apunta que él nunca se prestaría a un trabajo de esa naturaleza. "Dado el pedigrí político de unos cuantos colegas, siempre existe el riesgo de emplear fondos para tareas de adoctrinamiento. Los apologistas de la diversidad suelen no ser igual de explícitos para condenar las expulsiones de profesores y estudiantes que no siguen la línea del Partido", comenta.

Resulta que podrían cuestionarse los objetivos de esos viajes, que visto lo visto no implican tanto mejorar la cultura del idioma español de los estudiantes, en propiedad eso puede trabajarse sin tanto cansancio y esfuerzo allí mismo en los barrios más mexicanos de Austin, Phoenix o Los Angeles. ¿Qué tienen que ver la exposición de una tanqueta del Ejército Rebelde, el monumento al Che Guevara o la visita a una vaquería por cuenta propia en Matanzas con los usos del subjuntivo? ¿O es que se trata de un tipo específico de idioma español que se aleja de las normas más ricas y dislocadas de la lengua para aproximarse a la pobreza del Granma? ¿En qué momento las universidades americanas, con el magnánimo (por no decir alegre) asentimiento de decanos y profesores, decidieron que les correspondía un capítulo en la normalización, pero solo para pasar de puntillas sobre la rutinaria falta de rigor y libertades de sus homólogas de la Isla?

Si las universidades públicas norteamericanas no conocen que es una práctica muy común en Cuba la expulsión de estudiantes y profesores no simpatizantes con el régimen, lo menos que podría decirse es que están desinformadas. Pero si lo conocen y aun así insisten en firmar convenios de colaboración con esas instituciones, deberán esperar la repulsa y la crítica por utilizar fondos del contribuyente para someter a los estudiantes a una agenda tan distante de un legítimo "intercambio cultural" y tan próximo a los dictados de la praxis política del Gobierno cubano.

Obama es historia. Su política de normalización puede que tenga las horas contadas, mientras el régimen erigido por los Castro sigue en pie y sin moverse mucho en la dirección de las sociedades abiertas. No sabemos todavía si la administración de Donald Trump va a cancelar o restringir estos contactos. De lo que sí debemos estar seguros es de que, si sucede, las universidades norteamericanas reclamarán con energía y por todos los canales su derecho a los viajes, y su ruido solo será comparable al silencio que con prudencia guardan cuando se trata de acompañar a quienes intentan combatir los severos rigores de la otra universidad, la vigilada.

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Comentarios [ 5 ]

Imagen de Anónimo

Este artículo toca un punto crucial: las universidades norteamericanas, que exigen intercambio con universidades cubanas por la libertad de pensamiento, pasan por encima de la persecución y represión de ideas que las universidades cubanas mantienen. Buen artículo, gracias.

Imagen de Anónimo

arriba mi universidad revolucionaria. noticia q provocan diarreas de envidia entre los estudiantes de miami

Imagen de Anónimo

Con estos grupos de estudiantes progres, mancos de mente y <u>ávidos de ser engañados</u>, siempre sucede lo mismo. En Cuba, <u>son atendidos y vigilados por representantes del régimen</u>. Los tontos visitantes <b>solo verán lo que que sus prejuiciados cerebros quieren ver para reforzar sus equivocadas convicciones</b>. No tienen remedio.

Imagen de Anónimo

Ahora mismo hay un grupo de estudiantes de la universidad de Austin, Texas, dirigidos por el académico César Salgado. La dirección de esa universidad estatal debiera pedirle explicaciones a este procastrista.

Imagen de Anónimo

Excelente análisis!