Martes, 21 de Noviembre de 2017
14:41 CET.
Cuba despúes de Fidel

La nación imaginada y la del éxodo

La nación posterior al VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) bien parece, en efecto, un modelo: es una abstracción.

Cuando el Primer Secretario del Comité Central Raúl Castro Ruz presentó su informe ―el 16 de abril de 2016― se refirió a la nación cubana, pero acaso no hablaba del pueblo. El modelo de sociedad cubana propuesto asume que el Estado cubano es la imagen social del Poder. Un poder que, a pesar de repetirnos hasta el cansancio su condición de instancia colectiva, es un artefacto hermético.

Tanto la Cuba del futuro como la Cuba retrospectiva allí dibujadas, no se parecen a su pueblo. Se cuantificó la nación en trabajadores por cuenta propia, en la explotación de habitaciones destinadas al turismo, en la promoción de negros y mestizos a cargos de dirección. Se aseguraron resultados favorables en el reordenamiento de la deuda externa, y con tono optimista se mencionó el insuficiente 2,8% en que crecía el PIB nacional. A la postre, para mayor enajenación, decreció.

Sin embargo, en ese clímax del proyecto nacional no se habló de la nación fragmentada. Del pueblo que no puede declararse pobre porque su país desconoce ante el mundo la existencia de pobreza extrema. No se intentó una visión de largo alcance sobre el éxodo de jóvenes, no hubo cifras al respecto, quizás porque nadie puede construir sobre un terreno inconsistente, y el éxodo —cualesquiera que fuesen sus resortes— es un suelo viscoso, movedizo.

Porque allí me reconozco es que defiendo la idea del éxodo de la juventud cubana como el elemento menos difuso en la conformación de nuestra identidad social. Dentro de la "comunidad imaginada" modelada en aquel informe, hay un pueblo cuya razón de ser es el tránsito. La voluntad de emigrar es, probablemente, el denominador común en casi todos los cubanos desde que cumplen la mayoría de edad hasta que la osteoporosis les indica que se les hizo tarde.

Un amigo periodista, un remoto residente en el oriente del país, se resiste a partir definitivamente. No le interesa recomenzar. Él mismo considera su decisión un acto de cobardía. Mi amigo teme anularse en medio de sociedades ajenas. Curiosamente, el proceso que paraliza al ciudadano genera en algunos profesionales un estado de complacencia intelectual que, aunque no lo parezca, también es parálisis. El sistema social cubano, innegablemente, promulga un tono humanista con el que crecemos. Y así vamos supliendo vacíos. Nuestro asidero va siendo la autorrealización personal, profesional, la búsqueda de la felicidad hombre adentro.

En la mayoría de los casos es solo un simulacro, pero el hombre tiene sus mecanismos de superación para reconocerse y expresarse humanamente en medio de las crisis. Presume, entonces, de no entender el sistema electoral ni poder bromear a voz en cuello sobre asuntos políticos.

Sucedió que los científicos cubanos aprendieron a injertar papa en los laboratorios, aunque no pudiesen servirla en sus propias mesas; los letrados, psicólogos o pedagogos ―o las tres disciplinas a la vez en una sola persona― redactaron tesis doctorales extravagantes sobre la implementación del confucianismo para formar valores en estudiantes preuniversitarios. Así mi padre goza de un máster entrado en la cincuentena, pero trabaja en una zapatería y es incapaz de disentir con el Gobierno en cualquier espacio público.

Mi amigo periodista tampoco se atrevería, a pesar de que ve en Cuba una tierra fértil donde regaron azufre para que no nazca nada. A pesar de que reconoce, en muchos cubanos, personas resentidas y deformadas por el agente naranja que roció Fidel en los 70. Personas que ejecutarían ―y ejecutan, porque se sugirió en el VII Congreso― órdenes para "combatir la subversión político-ideológica" o "estimular la vigilancia en los centros de trabajo".

¿Por qué combatir "lo subversivo" en tiempos que debe reconstruirse una nación diseminada por la nube radioactiva que generó ese mismo discurso? ¿Por qué impedir la coexistencia de diversas ideologías, a estas alturas, cuando Cuba es la metáfora de una zona de exclusión? ¿Por qué avivar rencores superados, hablar con esa inflexión maniquea y repelente sobre "el enemigo", cuando este pueblo se tumbó de brazos hace muchos años, cuando esas mismas palabras hacen de Cuba la parodia de sí misma? La idea de socialismo no se reduce a definiciones respecto a sus relaciones de propiedad o las formas de acumulación.

La Cuba del discurso oficial debería parecerse a su realidad, debería fundir en su definición las nociones de país, de pueblo, de nación y de república, como si se tratase de un solo cuerpo. Sin que la brecha entre lo que dicen los funcionarios públicos y lo que se experimenta, haga de Cuba un sitio por el que nadie apuesta.

La asincronía entre la idea edulcorada de país y su contexto real persistirá en tanto este artículo, por ejemplo, sea publicado en un periódico censurado, "oculto" para la mayoría de los cubanos.

Los mismos cubanos que no asisten a las urnas por somnolencia, los que hablan bajito, los que no se meten en política, los que no quieren rollo, los cubanos de "para qué" o "nada va a cambiar", los que "resuelven" la sobrevida, los pavorosos de perder esos 14 o 15 pesos convertibles que componen el total de sus sueldos mensuales, los que están con "esto" ―por si amenazan los cañones de la duda―, los cubanos que se han ido, los que se están yendo, los que se tambalean, los que "si pudiera entrar y salir, o vivir mejor, no me fuera de Cuba", los decepcionados, los que ven en su patria una ecuación insoluble, los esculpidos por el odio, los que creen en dos únicas banderías irreconciliables, los que temen arrojarle sus familias al predador del capitalismo, los que tragan en seco pero se sienten a salvo, los peones, los anónimos, los unánimes, los que sudan frente a las plazas en fechas patrióticas, los que no quieren parecerse a sus padres ni a sí mismos, los que lloraron por el fin de pies secos-pies mojados, los que han escuchado rumores sobre una posible reforma parlamentaria para 2018 pero no lo creen ni les interesa, los que padecen esa enfermedad mortal de quedarse ―a pesar de todo― en Cuba.

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Comentarios [ 3 ]

Imagen de Anónimo

El éxodo es lo único que queda. Todos se van...

Imagen de Anónimo

Cuba es feudo de un clan rancio y chupacabra

Imagen de Anónimo

Muy buen articulo.pero debe centrarse en que Cuba no es in pais.cuba no tiene un gobierno.cuba es la plantacion privada de una familia de extranjeros libano espanoles.que tienen el pais ocupado por la fuerza.cuba es el banco privado de la maldita familia asesina Castro espin.el bien y progreso de sus ciudadanos jamas fue del interes de Los ocupantes.nadie que de identifique con si pais y âme a su PUEBLO .destruye el pais y exilia al 30%de sus habitantes.el que se siente cubsno trabaja para que su pais sea prospero y rico.para que sus habitantes No emigren.tengan un buen nivel de vida.salarios justos.viviendas decentes.y esto solo se logra liberando las fuerzas productivas.cuba es el banco privado de Los Castro espin.