Domingo, 17 de Diciembre de 2017
15:08 CET.
Holguín

Conflictos de una comunidad rural 'trasplantada' a la fuerza

La presa Mayarí ha sido descrita como la segunda obra en importancia estratégica y costo —después del megapuerto de Mariel— emprendida por el Gobierno de Raúl Castro en su plan para alcanzar lo que llama un "socialismo próspero y sostenible".

Las aguas del río homónimo han colmado el embalse, pero miles de campesinos que estaban asentados en el ahora el sumergido margen han visto cambiar sus vidas drásticamente.

En terreno que hoy ocupa el agua, tenían sus sembrados, sus animales, sus relaciones interpersonales. No hubo nada que negociar, solo acatar el traslado.

Es el caso del pueblito rural Arroyo Seco, que quedó casi en su totalidad bajo el agua y se reconstruyó en un sitio cercano. Otros dos asentamientos se levantaron para reubicar a campesinos afectados. Uno de ellos en el barrio de Seboruco, a siete kilómetros de la ciudad de Mayarí y a solo tres kilómetros del dique que soporta toda la masa acuífera que desplazó a los pobladores de sus terruños.

Sin que los afectados pudiesen influir en nada, las autoridades embargaron sus tierras. A los que tenían edad de retiro les asignaron una pensión equivalente a unos 10 dólares al mes. Los más jóvenes solo tuvieron derecho a optar, con preferencias, por tierras del Estado en el valle de Mayarí, pero en calidad de usufructo.

Con las viviendas sucedió algo similar: las que abandonaban los habitantes de la zona, aunque humildes, no fueron tasadas ni pagadas; sin embargo las nuevas que les asignaron tienen su precio, que están abonando a plazos.

Los desplazados no tuvieron derecho a reclamación. La inconformidad generó quejas, pero solo recibieron "oídos sordos".

Como la obra fue muy promocionada por la televisión nacional, una afectada, Ester Pupo Estupiñán, aprovechó la presencia de las cámaras para hacer denuncias; luego la vimos en el noticiero pero su voz no se escuchaba, solo la del periodista alabando la atención "excelente" brindada por el Estado a los pobladores. Finalmente, nadie logró nada.

En comunidad de Seboruco, con más de 200 viviendas, son visibles las consecuencias de la mudanza brusca. Por ejemplo, los campesinos acostumbran a tener muchos perros, que en las fincas alimentaban con viandas. El apego no les permitió dejarlos, pero con los alimentos tan caros en los mercados se volvió muy difícil mantenerlos. Al poco tiempo, algunos animales estaban famélicos y enfermos. Muchos terminaron en las calles, sarnosos y peligrosos.

Los criadores de chivos de la localidad tuvieron muchas pérdidas pues las jaurías de perros degollaban crías de vez en vez. Ante las quejas, las autoridades regaron trozos de carne con estricnina y liquidaron a los perros.

A los asentamientos los campesinos trasladaron otras costumbres: los gallos de pelea son amarrados en las aceras, para que tomen el sol por las mañanas, y luego son guardarlos en jaulas que cuelgan en los balcones. No pocos conservan cerdos y caballos y, para evitar el robo, construyeron jaulas de metal detrás de los edificios.

En los montes, la moral y las conductas sexuales estaban condicionadas por el aislamiento. Al cambiar el escenario surgieron graves problemas de convivencia. En menos de dos años se disolvieron muchos matrimonios y los índices de alcoholismo e indisciplinas sociales subieron.

Cada cual pone música alta como si todavía estuvieran en sus fincas. Los campesinos ahora también son asiduos a las fiestas populares que se celebran los fines de semana. Conservan de los montes la peligrosa costumbre de andar con armas blancas que antes eran sus instrumentos de trabajo. Con ellas y el alcohol a veces se ven envueltos en pleitos que terminan con heridos graves.

Los campesinos de la zona también se quejan porque el robo se ha incrementado desde que llegaron los nuevos moradores. Los desplazados estaban acostumbrados a tener a su alcance los frutos de la tierra y animales comestibles; ahora deben comprarlos en los lejanos mercados de Mayarí, a precios exorbitantes. El cambio ha quebrado valores.

En su nueva realidad, quienes tuvieron que dejar sus tierras han enfrentado otros problemas como el transporte insuficiente, la inestabilidad del abasto de agua y las casas mal construidas debido al robo de materiales por parte de los propios constructores para compensar el salario insuficiente.

Un ómnibus fue asignado al poblado, pero no cubre las necesidades y en horarios pico abordarlo es un calvario. Para más desgracia, trabaja muy poco desde que el año pasado el Gobierno redujo a la mitad el suministro de combustible debido a la crisis venezolana.

El sector privado ha tratado de llenar ese vacío con lo que tiene: los coches. Como el tramo es largo, el precio es alto. El gobierno municipal, ante las quejas, impuso una rebaja del 40%, pero solo ha conseguido diezmar el servicio al convertirlo en una actividad no rentable.

Aún están por resolverse la mayoría de las vicisitudes de esta comunidad, implantada en un entorno ajeno a sus costumbres, a su identidad. Fue una migración forzosa, brusca. Más allá de la necesaria adaptación, todos estos elementos, sumados a los avatares comunes del cubano, hacen que el proceso sea traumático.

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Comentarios [ 5 ]

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01:26 No es gobierno, es tiranía. Y la culpa no es de ella, es del pueblo pendejo. That´s it.

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Que vergüenza de gobierno. Tantas tierras que hay por ésa zona. Pero no hay voluntad.de parte del gobierno.hijos de putas.

Imagen de Anónimo

Y Franco era un dictador..dicen que todas las dictaduras son iguales,,son dictaduras pero de iguales nada..Franco hizo docenas de grandes pantanos, no pozas como en Cuba, anegó pueblos, pero todos los hizo nuevecitos, con sus escuelas, iglesias etc..daba y da gusto verlos...Ya veis, la diferencia de un gallego a otro, los dos cabrones, pero a cada uno lo suyo

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Pero los 1º de mayo, los 26 de julio, los días de esa tiranía comunista, todos gritarán consignas de Patria o Muerte y harán guardias del CDR, y chivatientes y la madre de los tomates. Se lo merecen por borregos, por pusilánimes, por pendejos. Rebélense. Ya es hora, carajo.

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La historia se repite. Muy buen tema para una pelicula