Lunes, 11 de Diciembre de 2017
15:38 CET.
Opinión

Como los ojos del gato

Sobran razones para acoger como una buena nueva el debate suscitado en DIARIO DE CUBA por una caricatura de Lauzán que algunos han considerado racista.

Por encima de las opiniones apasionadas o hipersensibles, dogmáticas o transigentes, más y menos respetuosas, más y menos racistas, más y menos políticamente oportunistas, o más y menos miopes ante el racismo social e institucional que hoy sufren los negros en Cuba, el hecho de haber expuesto el tema a la discusión pública, donde participan por igual los profesionales que deseen colaborar con el medio y todos sus lectores —sin que importen las ideas políticas de cada cual—, es una prueba de la distancia que separa a este diario de las publicaciones periódicas oficiales de la Isla, y es, al mismo tiempo, constatación de lo mucho que todavía les queda por hacer a la mayoría de las que se dedican a informar desde el exterior sobre la realidad cubana.

Ciertamente va siendo hora de que los medios de información libre con interés para los cubanos rescaten la habitualidad en el debate democrático, una pérdida que no por gusto se encuentra entre las primeras que nos ocasionó la dictadura castrista, al extirpar de la prensa y del foro público todo asomo de polémica, mientras confundía mañosamente la discrepancia de ideas con el ataque personal y manipulaba el consenso convirtiéndolo en la anulación del oponente.

El intercambio de conceptos fue abolido por decreto tiránico para dar paso al dogma que no admite discusión y para establecer el linchamiento en pandilla contra los criterios o voces discrepantes. Luego, para rematar, esta práctica se iría expandiendo como una epidemia por todos los ámbitos socio-culturales de la Isla, hasta llegar a convertirse en signo distintivo del cubano. El tozudo atrincheramiento en los criterios y consideraciones individuales, cuya semilla regaron en Cuba los colonialistas españoles, germinó hasta colmos de patología bajo el totalitarismo fidelista, pero ahora con tres vueltas de tuerca dadas a favor de la manipulación y del dominio sobre el modo de pensar de la gente.

Por falta de ejercicio, perdimos la capacidad para discutir nuestras diferencias en forma desapasionada, lo que es decir democrática y civilizadamente. Hoy, no digamos ya en los medios oficiales, ni siquiera en los conductos mediáticos de Internet a los que han logrado acceder la oposición y la sociedad civil alternativa (incluyendo los que se proyectan desde el exterior de Cuba), hallamos espacios abiertos formal y permanentemente para el debate de ideas contrapuestas.

La tendencia apunta hacia la descalificación y el aplastamiento de las opiniones contrarias, o hacia el compadreo y el elogio cómplice ante los pareceres u obras que nos simpatizan. Desde luego que, a tono con su contexto democrático, estas páginas destinadas a la información libre han abierto amplia cobertura a los criterios de los lectores, sean a favor o en contra. Es su gran ventaja sobre las publicaciones oficiales del régimen, pero tal vez no sea suficiente.

Caemos con frecuencia en la tentación de querer descalificar al interlocutor, antes o en lugar de demostrar, con argumentos o datos razonados, las posibles fallas de su enfoque. Uno puede compartir o no las ideas del otro, pero es ingenuo considerar que el otro está equivocado solo porque no compartimos sus ideas. Y todavía más, es un error de lesa inteligencia creer que la descalificación resulta válida para desmontar cualquier idea sólo porque no es la nuestra.

Cerramos el debate desde su inicio, pues el objetivo de la confrontación deja de ser el interés público para limitarse a ventilar las opiniones que cada cual tiene sobre su oponente, o a la capciosa discusión sobre lo que me dijiste y yo te digo.

Más que concentrarnos en la manera de atacar al otro, sería justo e inteligente que empecemos por tratar de entenderlo. Llevar la duda al otro, o incluso convencerlo de que está equivocado, siempre será mucho más meritorio que insultarlo. Eso por no decir que hasta nuestras más arraigadas convicciones requieren revisión de vez en vez, para que no se enquisten y envejezcan. Es una lección que, desde su negatividad, nos ha impartido el régimen durante casi 60 años.

Ya que todos los cubanos (vivamos donde vivamos) necesitamos adiestrarnos en la compleja tarea de vivir en democracia, y ya que ninguno de nosotros tiene una varita mágica para convertir en verdad todo lo que piense o crea o haya leído o estudiado —y menos en materia política, donde aún más que las verdades o mentiras suelen imponerse los tópicos de quien domina—, debates como este de DIARIO DE CUBA brillan entre nuestra prensa como los ojos del gato en medio de la oscuridad. Ojalá que se repitan, mientras más frecuentes, mejor.

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Comentarios [ 9 ]

Imagen de Anónimo

Esoportunismo.

Imagen de Anónimo

Pienso que el debate, generado por la viñeta de los “pingueros”, sobre la discriminación racial en Cuba que se manifiesta por acciones, por palabras, por imágenes y por pensamientos, fue muy estéril y contraproducente para la democratización de Cuba y para la lucha contra la discriminación racial, porque lo supusieron un debate entre castristas y anticastristas: YO-NO-SOY-CAS-TRIS-TA pero sigo pensando y diciendo que la caricatura de los “pingueros” y las turistas sexuales chilenas es extremadamente racista y además degradante para las mujeres chilenas y en particular para sus turistas sexuales que merecen respecto también, COMENTARIO de Esopo

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Si yo fuera Lauzan hiciera tres caricaturas mas, similares pero una con los los hombres blancos y las mujeres negras, otra con todos blancos y otra con todos negros y las publicaba, para todos los gustos. Es que la maldita caricatura no tiene NADA que ver con el racismo, pero si mucho con la politica del desgobierno de la isla. Y el maldito debate de si es racista o no, lo que ha hecho es desviar su significado y opacar la denuncia que conlleva.

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Le acabamos de dar un golpe bien duro al corazón mismo de la dictadura cubana. Todavía los Castros están rabiando, lo mismo que en la academia norteamericana.Por eso ahora aparece este debate de distracción con el tema del racismo en los muñequitos, mientras ninguno de esos intelectuales ofendidos, ninguno, nunca, se atrevió ni se atreverá a mencionar el nombre del plebiscito pro-democracia Cuba Decide, ni mucho menos el nombre del mártir Oswaldo Payá, como tampoco jamás mencionaron al Proyecto Varela.Sigamos en lo nuestro: contra Castro hasta el final de los Castros de segunda, tercera y décimo-centésima generación.No prestemos tanta atención a los cómplices del castrismo y su cuacuacuá cómplice de crímenes.

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Jose HUgo entendio que hubo compadre y elogio complice de muchos hacia el error del dibujante...  cuando algunos lectores le repetian a Lauzan. "no tienes que dar explicaciones por tu obra" o escribian "no hubo racismo, es solo complejos de algunos", estaban actuando con la misma negatividad, irracionalidad y arrogancia del régimen cubano que hemos soportado durante 60 años.

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Jose Hugo, pero tambien "el otro" debe estar abierto a critica... en este mismo caso (el dibujo polémico) muchos intentamos convencer al dibujante de que está equivocado sin usar un solo insulto y sin embargo en su respuesta (publicada en "DdC") demostro no haber comprendido el problema... el conflicto no está en dibujar a negros o blancos, a bonitos o feos. sino en seguir usando estereotipos y poner al negro solo en temas sexuales, deportivos, musicales o delictivos... pero nunca vemos dibujado a un negro en el rol de médico, piloto o el clásico naufrago en una isla... incluso algunos lectores le repetian a Lauzan. "no tienes que dar explicaciones por tu obra", actuando con la misma negatividad y arrogancia del régimen que hemos soportado durante 60 años.

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Pero no entiendo porque se ha formado taanto debate por la caricatura, es una realidad que muchas mujeres que han pasado de "los llamados mejores años"viajan a las islas del caribe, no solo Cuba,Jamaica, Barbados, etc a pescar mozalbetes y tener sexo gratis, cosa que aprovechan tambien los nacionales para hacer su zafra. Por supuesto que tratandose de "caribeños"empatandose con señoras de la tercera edad, no iban a ser rubios, y no les iban a pintar un " musculo primo" de dimensiones normales, así que dejemos las disgresiones morales y a reir un poco. 

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Jose Hugo no dijo ni que si ni que no, mas bien todo lo contrario.

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José Hugo, muy oportuno, razonado y razonable el ojo del gato, COMENTARIO de Esopo.