Lunes, 20 de Noviembre de 2017
10:13 CET.
Economía

Catalina y la feria del sábado

Catalina es maestra de una escuela primaria en Jaimanitas. La mañana del sábado la pasó en una cola de CADECA, para extraer dinero de la tarjeta. Pero al llegar su turno, la empleada le dijo que la máquina estaba rota.

"¿Y ustedes no pueden poner un cartel allá afuera, que informe a la gente el problema… y así cuidarle su tiempo y su salud?", preguntó ella.

La maestra ha perdido lo mejor de la mañana en una cola por gusto. Dice que la ineficiencia está matando a este país y no es culpa del bloqueo, ni de los americanos, ¡es de la gente!, que según sus palabras, "está momeada… no generan…". Catalina declara que necesitaba mucho sacar ese dinero temprano, para comprar en la feria agropecuaria los productos que no encuentra el resto de la semana.

La feria consiste en varios camiones particulares que vienen todos los sábados desde el municipio Alquízar a vender. La población se aglomera y carga ese día limones, orégano, hojas de laurel, comino, canela, naranja agria, pimienta, vinagre, vino seco y una docena de productos más que son una quimera en muchos sitios de La Habana.

En los camiones de Alquízar también llegan trabajadores por cuenta propia a vender otros productos que tampoco existen en Jaimanitas: percheros, ratoneras, zapateras, trapos de cocina, globos de cumpleaños, junta de ollas, estropajo de fregar, jabitas, vasos plásticos, palitos de tendedera, carteras, servilletas de telas, manteles de nylon, machacadores de ajo, exprimidores de limón, cuchillos…

La gente se levanta temprano, y va a la feria a cargar. Y aunque los precios están por las nubes en comparación con los bajos salarios, las personas siempre se las ingenian para ese día tener "las balas" y comprar las vituallas que necesitan.  

Pero las balas de Catalina estaban apresadas de manera digital en la tarjeta del banco. Y corrió al cajero automático de Tercera y 234, el único que existe en Jaimanitas, y grande fue su decepción cuando al llegar el custodio le dijo: "Está roto desde ayer. Parece que la cosa es pa' rato".

La maestra se sintió derrotada, y perdida. Pero de pronto se irguió sobre su estatura y dijo que no se daría por vencida. Tomaría un ómnibus hasta la segunda rotonda de Playa, donde hay un cajero que siempre funciona. 

"Aunque tengo dos obstáculos adicionales que vencer", reconoció. "El primero, que el transporte esté bueno y  pueda  hacer la extracción rápido, y el segundo,  que cuando regrese  la feria no haya recogido los cheles."

Al final, perdió la mañana en una cola inútil, le subió la presión producto de la rabia, tuvo todo el día el azúcar baja por no seguir su dieta, y terminó esa noche en el policlínico, dándose aerosol por falta de aire porque regresó en un ómnibus lleno, donde la machucaron, la "cacharrearon" y casi la asfixiaron.

"Por suerte no me carterearon", dice Catalina. "Como sucedió a una mujer que viajaba detrás y le llevaron el monedero… Sus gritos de dolor daban grima… De todas formas, el viaje fue inservible. Aunque logré regresar a tiempo a la feria, las cosas que necesitaba se habían acabado ya".

Y ahora, hasta el otro sábado.

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Comentarios [ 3 ]

Imagen de Juan

Donde estan los Maceos? Los guapos para poner fin a la pesadilla.

Imagen de Anónimo

Es la guerra de los cubanos contra todo. Salir a "resolver algo" es digno de ser cantado por Homero, por el nombre de Odisea le quedaría corto.

Imagen de Anónimo

La guerra de los cubanos contra los cajeros automáticos. Otro drama a espuertas. La verdad es que en Cuba nada puede salir bien, porque todo está pensando en contra de la razón humana.