Sábado, 18 de Noviembre de 2017
23:50 CET.
Literatura

En la UNEAC, con escritores irlandeses

Este año la Feria del Libro de La Habana prometía no distinguirse mucho de las demás, en el sentido de pretender pasar por una actividad comunitaria para la familia cubana y no por un evento donde se habla de literatura y sus mercados. Sin embargo, casi al final del programa se informaba de una actividad que, por una vez, nos acercaría a importantes escritores contemporáneos, y esto no solo a través de una presentación distante, sino también con promesa de diálogo con ellos. 

Habían llegado a La Habana, en efecto, como parte de la comitiva que acompañaba al presidente de Irlanda en visita oficial, Colm Tóibín y Joseph O’Connor, entre otros. Coincidentemente, la editorial Arte y Literatura lanzaba este año una novela del segundo, y todos se involucrarían en una jornada de presentaciones, charlas e intercambios. De manera que todo parecía propicio, ese día, para seguir el rastro de los irlandeses. 

De los hechos que ocurrieron, y que pasaré a referir a continuación, no observaré el orden cronológico, sino que los arreglaré según su importancia, de menor a mayor, dejando para el final lo que debió ser culminante. 

El primer evento, entonces, sería la presentación de la novela  El crimen del Estrella de Mar del famoso Joseph O'Connor, que tuvo como orador principal a Michael Higgins, presidente de Irlanda. Ahora bien, Irlanda es una nación de escritores, no es de extrañar entonces que el presidente mismo sea poeta, aunque de modo general y a primera vista parezca un vendedor de pociones ambulante, simpático y desaliñado.

Su presentación estuvo inspirada por el entusiasmo del país y el trato frecuente con sus autores, como se esperaba. No estuvo mal. Fue esta además, posiblemente, la primera vez que se hablara en gaélico en La Habana en acto público. De modo que con la etiqueta y la seguridad típicas transcurrió esta actividad, sin mayores contratiempos.

La siguiente y última actividad del día fue un panel sobre literatura irlandesa en general. Los participantes ya habían hablado esta mañana, así es que aquí salvaron tiempo y ahorraron palabras. Dos momentos interesantes tuvo. El primero fue la evocación de Joseph O'Connor de los años 80 en Irlanda, cuando una nueva generación de escritores combatió la censura desde revistas como Magill o periódicos como el Sunday Tribune y descubrieron que la función de la prensa era pedirle cuentas a los gobiernos, cosa hoy dan por sentado, pero que en aquel entonces fue novedad.

En este impasse la traductora —que hasta entonces había hecho muy buen trabajo— tuvo un episodio de desmemoria y como una sensación de polvo en la garganta que la hacía toser un poco. Dijo que la generación de O'Connor quería ajustarle cuentas a su gobierno. No había demasiada gente en la sala, de cualquier manera, para sorprenderse por la diferencia.

El otro momento interesante fue cuando entendimos que eso que hacía Michael McCaughan allá arriba en el estrado era la presentación de su libro sobre Rodolfo Walsh. "Aquí está el libro, aquí estoy yo. No sé qué hacer", murmuró atribulado al fin el autor, antes de leernos un fragmento. Añadiré que la presentación ni estaba anunciada en el programa, ni creo que se haya vuelto a hablar del asunto en toda la Feria. 

Pero todo había empezado esa mañana en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en una actividad en la sala Villena llamada "Encuentro con los escritores irlandeses", donde se suponía íbamos a tener la oportunidad de hablar con ellos. La ocasión era invaluable, en efecto,  porque forzadamente vivimos al margen del mundo. Sin apenas internet y otras muchas formas de intercambio regulares,  nuestra actualidad es precaria, y quizás nos hemos acostumbrado a ello. De manera que estos visitantes fungirían también como mensajeros del presente para nosotros.

Colm Tóibín (autor de Brooklyn y The Master, novela memorable, finalista del premio Booker, considerada por Los Angeles Times como novela del año, etc) empezó proponiendo que la literatura estaba condicionada por la sociedad, y por esto la de Irlanda, que ha sido un país pobre y subalterno por siglos, padece de un tono de melancolía del que es difícil librarse. Quería saber si la literatura cubana se distinguía en ese sentido de otras de habla hispana, si tenía también un tono particular.

Joseph O'Connor contó que en su país la literatura es cuestión de orgullo nacional. Sintiéndose derrotados en casi todos los sentidos por mucho tiempo, los irlandeses buscaron consuelo en ser la tierra de Joyce, de Shaw, de Yeats… No es raro en esa nación que un joven quiera ser escritor, ni deshonroso. 

La novel autora Lisa Mclenerney dijo preferir los temas obreros y habló del vigor de los jóvenes autores irlandeses. Estaba el historiador Dermot Keogh que vino a presentar un libro sobre la revolución irlandesa  y argentina, el investigador Michael McCaughan que vino a presentar su biografía de Rodolfo Walsh y la traductora mejicana de Michael Higgins. Después de estas introducciones, se abrió la charla (es decir, el momento en que debía comenzar la charla).

Debo decir que la pequeña sala de la UNEAC estaba aceptablemente llena. Pero los escritores que había no ocupaban más de diez sillas. Daba la impresión, más bien, de que el lugar había sido infundido con trabajadores de la institución para hacer quórum o (alguien más suspicaz diría) de que la sala estaba discretamente intervenida por "personal confiable", como sucede cuando vienen visitantes distinguidos. Apenas había jóvenes.

Cierto señor mayor de nombre José Pérez Gómez pidió la palabra para romper el hielo, advirtiendo que su comentario estaría dirigido al "compañero que hizo la biografía de Walsh". A este lo había conocido de cerca, dijo el señor, y había tenido la oportunidad de seguir su evolución política, por eso puede decir que cuando Brézhnev visitó Cuba, Walsh pudo constatar el amor del pueblo cubano hacia la URSS.

Levantóse entonces Armando Cristóbal Pérez, escritor, que solicitó que los visitantes le explicaran cómo se refleja la identidad nacional de Irlanda en su literatura. Cierto otro señor latinoamericano pidió a los presentes que  describieran la relación entre la colonización de Irlanda y las Malvinas,  y para finalizar una señora protestó, acercándose a los invitados, porque a su hija se la llevaron unos irlandeses y al principio se llevaban mal, pero ya hicieron las paces, y ahora va mucho al Hotel O'Farrill a festejar el Saint Patrick y su nieto se llama Patrick Manuel. 

La única pregunta literaria correspondió a Desiderio Navarro, quien se confesó un admirador de Joyce y quiso saber el lugar que este ocupa en el canon literario actual de Irlanda, considerado en otras partes como prototipo de la "irlandidad". Entonces O'Connor habló del Bloomsday, fiesta que se celebra en honor a James Joyce y que él mismo ayudó a reinstaurar en 1983. Habló de Joyce como lugar común turístico; también de que todos los escritores posteriores a él sufrieron por su influencia o por querer distinguirse de él, y que muy interesante son sus cartas, donde se comprueba que el autor solo pensaba en escribir, sin importarle la pobreza o la reserva. 

En un abrir y cerrar de ojos ocurrió el intercambio. Ya no había tiempo para más, de modo que tuve que hacer mis preguntas en privado a Tóibín. He tratado de dar cuenta de todo este día literario porque va y en el futuro nos haga falta la memoria.

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Comentarios [ 3 ]

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PLEBISCITO AL PUEBLO DE CUBA:¿Está usted de acuerdo con que en febrero de 2018 se convoquen elecciones presidenciales y parlamentarias libres para terminar con la continuidad de la Revolución de Fidel Castro?Sí _____ No _____

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Le habrán explicado lo que dijo el Comediante en Jefe ahora el cenizo a los intelectuales cubanos ..."Con la Robolucion todo, sin la Robolucion nada!...., 

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Lástima de todo lo ocurrido en otra isla -como Cuba-. Si una Literatura refleja un país, sin lugar a dudas que es la irlandesa: país de cielos grises y temperaturas frías hasta en verano. Se recorre en breve y deja la sensación de permanecer detenidos en el tiempo y en su paisaje de acantilados y playas solitarias. No merecían eso los irlandeses visitantes -por demás escritores significativos-, que son sin lugar a dudas: excelentes personas en su mayoría y con un culto e interés por la Literatura -como aquí se indica también- únicos, con numerosos museos dedicados a escritores y a las propias novelas. Por doquier tienen algo que recuerda a sus escritores y hasta tienen tarjas de metal por toda la ciudad que indican las rutas presentes en el Ulysses de Joyce por Dublín (recorridos de Leopold Bloom), además de haber convertido en museo hasta la casa donde se desarrollaron la mayoría de las escenas del Ulysses o de recordar a Joyce en su pub preferido con una escultura del mismo. Como dice el refrán: "Las oportundiades las pintan calvas y hay que cogerlas como vengan."