Martes, 12 de Diciembre de 2017
14:18 CET.
Opinión

El dilema del 'acompañante'

Puede haber sido San Pablo el primero en convertir a su carcelero en "prisionero", en este caso de la fe. Conducido a Roma para ser ejecutado, el apóstol estaba literalmente encadenado al custodio, y este, no pudiendo zafarse del condenado, quedaba psicológicamente atado a él.

De alguna manera la historia ilustra el dilema universal de la imposibilidad de escapar al mensaje cuando físicamente se está unido a quien lo divulga. Aún más si se trata de una prédica sencilla, apasionada, tenaz. Puede estarse en contradicción con el mensaje, pero resulta imposible ignorarlo.

A esa historia de la vida real remite el filme cubano El acompañante (2015) del director cubano Pavel Giroud. El guion cuenta los inicios del enfrentamiento al VIH por las autoridades cubanas, la militarización de la vida de los enfermos, y los pasos para hacer más humana la reclusión obligatoria del portador.  

Hoy sabemos con certeza que los primeros infectados del virus fueron soldados cubanos destacados en Angola, y que el régimen vio en ello un ultraje al heroico internacionalismo proletario. Vinimos a saber de cubanos con sida tras el primer fallecido, un miembro del ballet contaminado, no faltara más, en Nueva York, y para más estigma, homosexual.

Gracias a un amigo, conocí el sanatorio y algunos pacientes cuando empezaba a desmilitarizarse. Tuve una larga conversación con quien era, probablemente, uno de los militares contagiados, a quien el actor Armando Miguel presta la piel en el oficial Daniel Guerrero. La estancia en el sanatorio de Los Cocos —para entonces ya nadie usaba uniforme militar— fue narrada en un reportaje que el editor de una publicación cubana se negó a publicarme, previa consulta, dijo, con "las altas esferas de la Salud y el Partido". Una de esas "esferas" puede haber sido el mismo individuo defenestrado años después tras decir que la polineuropatía carencial se debía a una avitaminosis, y no a otra causa. Así es la vida en el reino de ese mundo: quien a mentiras mata, a mentiras muere.  

Pero, de vuelta al conflicto que nos ocupa, con la entrada de civiles al sanatorio se implementó un sistema de pases controlados en los que el portador —no los enfermos de SIDA— podían ir a las casas y visitar sus familias bajo estricta vigilancia de un "acompañante".

Aquí Giroud introduce al músico y actor Yotuel Romero en el personaje de Horacio, un campeón de boxeo caído en desgracia por dopaje. Horacio será el vigilante que controle la vida interna y externa de Daniel, el héroe militar devenido VIH positivo, díscolo, irreverente, en fuga permanente porque "no puede vivir un minuto sin libertad".

A pesar de ser un filme atrevido en medio de tanta censura real e imaginaria, El acompañante no es original en el mundo del totalitarismo, descubriéndonos el "dilema del vigilante". Recordemos La vida de los otros (Das Leben der Anderen, 2016), película alemana de argumento parecido: un oficial de la Stasi recibe la misión de vigilar al dramaturgo Georg Dreyman; en la medida que conoce su vida diaria comienza a preguntarse por qué se le persigue. El oficial de la Stasi llamado Gerd Wiesler llega a proteger al artista cuando conoce que el verdadero objetivo no es otra cosa que una aviesa rivalidad cultural, y la pretensión de hacerse con la actriz-novia del escritor.

Hace muchos años oí a un político cubano quejarse del cada día más ineficiente papel de vigilante-delator de los Comité de Defensa de la Revolución (CDR). De que el "enemigo" ya no "temblaba" cuando se pronunciaban esas letras. Y eso que no ha existido en la historia de la humanidad un control semejante. Ha sido el sueño emperadores, reyes y caudillos.  

La respuesta al político cubano es fácil: es el dilema del vigilante. Quien espía a sus vecinos convive con ellos; debe comer, dormir, divertirse en el mismo lugar. El vigilante termina vigilado; compartir con quienes espía, el pan a sobreprecio, el litro de leche robado de la bodega, comprar al vecino una batica para la hija, traída desde Miami por el mismo a quien años antes le tiró huevos —ojalá los tuviera ahora— y le gritó "escoria" en la cara. En la casa del CDR —lógico, por ser la menos vigilada— se puede jugar a la bolita y al dominó por dinero. No hay que preguntarse mucho por qué los CDR ya no son los que eran antes. Por qué nunca volverán a serlo.

Algo anda "mal" cuando a los "mítines de repudio" hay que traer vecinos de otros lugares; cuando las verificaciones en los CDR para tener un trabajo o un viaje no son confiables; y las reuniones se posponen, se acortan, se suspenden sin más. Comienza así a resolverse el dilema del acompañante: vigilante y vigilado se hacen cómplices, colaboradores, diríase que por poco, amigos. La desconfianza y el chivatazo comienzan a ser historia cuando ambos saben que la sobrevivencia de ambos está en juego.

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Comentarios [ 6 ]

Imagen de Anónimo

Cuánta mala leche! Cuánta ignorancia en este artículo sobre lo que ocurrióen realidad esos años...pero lo peor..cuánta falta de escrúpulos en tildar a los CDR como el sistema de vigilancia mas terrible de la historia...cuando en los propios EEUU tienen sistemas peores y más peligrosos...Por favor...ven porqué no lograrán nada de nada? Porque no bajan a la realidad...se la pasan llorando y soltando mentiras y al final la gente se da cuenta de que serían incapaces de dirigir un país...

Imagen de Anónimo

Yo llevo anos viviendo en libertad y todavia inconscientemente  lA cara cuando hablo con otros en espanol de la dictadura y de lo que pasa en Cuba.es un reflejo.por anos tuve pesadillas cuando me largue.yo los detesto a Los castros y todo El que este con ellos.es mucho El dano que nos han hecho.

Imagen de Anónimo

Para Anonimo 12:43 La desmilitarización de “Los Cocos” comenzó alrededor de 1990, y para 1991 ya una dependencia civil del IPK (Instituto Pedro Kouri”) de Medicina Tropical y Parasitología. Su director fue entonces un especialista en epidemiologia y su nombre es Jorge. Apareció varias veces en la TV nacional explicando cómo eran los años duros de “Los Cocos”. “Lissette Vila realizo su documental muchos años después de ese tiempo. No sé si sabe que fue importante directivo de la UNEAC durante un buen tiempo. O sea, tal vez fue un documental por encargo. Es difícil verlo de otro modo.  Por otro lado, siempre hará personas que extrañen la jaula. Allí hay agua, alpiste y techo seguro, a distancia de otras fieras. La selva es dura, durísima. Pero se puede volar al menos…

Imagen de Anónimo

A favor de "El Acompañante" diré que "La vida de los otros" fue realizada cuando el régimen de Honecker hacía rato había caído, mientras que la película de Pavel Giraud fue realizada en el aún vigente Castrismo, cierto que aprovechando una brecha de aparente apertura, en la que los censores con disfráz de liberales se cogieron el c... con la puerta. Creo que Giraud logró burlarlos con un inteligente e irónico discurso y es un precio que está pagando la recién censurada "Santa y Andrés" de Carlos Lechuga, que parece ser mas directa e ingenua, según me cuentan quienes la han visto. Yo solo puedo dar fe de "El acompañante", programada aquí en Madrid la casa de América. Esperamos tener pronto la de Lechuga. Suerte a estos jóvenes Cubanos.

Imagen de Anónimo

Francisco, lo de "Hoy sabemos con certeza que los primeros infectados del virus fueron soldados cubanos destacados en Angola" lo vi en Cuba hace mas de 12 años en un documental de Lissete Vila, que no recuerdo el nombre... me gusta tu articulo sobre la peli... estos temas siempre son duros de tocar, por suceptibles y dificiles... pero viviendo fuera de Cuba descubres muchas cosas, entre ellas que Cubanos viviendo en España por mas de 20 años han retornado a la Cuba de hoy, cuando les pilló el Sida, porque en la Isla amen de los problemas, lo podrian llevar mejor... medicamentos, trabajo, etc...

Imagen de Anónimo

Un país no puede progresar si cada persona debe mirar al de al lado, permanentemente. Se ingresa a un estado de paranoia sin fin. Cualquiera habrá visto a un cubano dar vuelta la cabeza sobre su hombro cuando de temas "calientes" hablaba. Y en voz bien baja.En la vida de los otros (es 2006, no 2016) se muestra claramente ésto. Espero que en Cuba se pueda hablar libremente de estas cosas en poco tiempo. Por lo visto, para evitar la censura, el film fue hecho sobre la base de un hecho sanitario y no político.La chivatería es de las pocas cosas que han progresado en la isla.