Lunes, 5 de Diciembre de 2016
02:29 CET.
Muerte de Fidel Castro

El largo adiós

Los cubanos de hoy recordarán para siempre el día en que supieron que Fidel Castro había muerto. Podrán acordarse de dónde estaban, qué hacían, quién les dio la noticia. Es un impacto emocional solo comparable con la muerte de un familiar cercano o el nacimiento de un hijo. Tal ha sido la influencia de un hombre, para bien, para menos bien y para muy mal en la vida de más de tres generaciones de cubanos. Una presencia-ausencia que tardara muchos años en tomar la forma real de un adiós definitivo cualquiera, intrascendente, nimio.

Por eso, más allá de hacer cenizas del dictador caído, para algunos lo más importante es cómo vamos a procesar esta pérdida —en el sentido más estricto de su ausencia física—, y qué caminos puede tomar una futura reconciliación de cubanos tras la desaparición, no solo del símbolo vivo que ya era bastante, sino de toda la mitología que ha empezado a crearse para hacerlo más inhumano de lo que ciertas personas creen fue en vida.

Tomemos pues el siempre socorrido proceso de duelo de Elisabeth Kluber-Ross como modelo. En la primera fase nos advierte la psiquiatra norteamericana que la frase suele ser "Esto no puede estar pasando". Hay una negación del hecho. Las imágenes desde La Habana hablan por sí solas.

Muchos cubanos de la Isla aún pudieran sentir "los latidos de la ausencia" de que hablara Lezama. Aún más porque no hay cuerpo, solo cenizas —en exclusiva en el Salón Gramma de las FAR—. A algunos pudiera parecerles que el "Comandante" resucitará en unas reflexiones póstumas o una fotografía con invitados de ocasión.

También el exilio niega la muerte a su manera: festejando. No es que no haya razones en algunos para hacerlo, es que "esto" no se ha acabado. No, después de la fiesta, puede venir la tristeza. Así que como dice Sur Caribe, "después de la conga, vaya pa’l trabajo".   

Tras el impacto y la negación vendrá la eclosión de emociones. Tardarán solo semanas en que dentro Cuba hayan voces culpando al General-Presidente del desastre económico-social, y la frase que recorrerá la Isla podrá ser "si el Comandante estuviera vivo esto no pasara".  Puede ser un momento de extrema tensión interna, sobre todo si coincide con la anunciada política de Trump de dar y recibir a cambio.

También en el exilio se alzarán voces para exigir más presión sobre La Habana, porque la ira se dirigirá contra el gabinete recién electo, no contra el desaparecido culpable.

La tensión puede escalar a niveles nunca antes vistos. Y aquí vendría la fase de negociación. De otra manera, lo que aún llaman revolución será historia, y esto podrá ser tan pronto como en el primer semestre del próximo año. 

Aunque la trasmisión de poderes y controles sobre los cubanos de la Isla ha sido efectiva y eficaz, la ausencia del símbolo es, para ese sistema en particular, no contingente. Ya no existe nadie en Cuba que pueda entrar a la Universidad de La Habana y decir "Armas, ¿para qué?"; ni  apearse en medio del Malecón y revertir la protesta a su favor. Del lado de acá, el nuevo gobierno no puede permitir otro éxodo masivo, ni seguir la línea de crédito de Obama.

Rendidos ante inevitable negociación con el enemigo, quienes todavía creían en el espíritu salvador del Máximo Líder comenzarán a verle sus sombras; el peatón cubano estará triste, desesperanzado, excesivamente crítico. Así lo enseña la historia. Todo refuerzo del mito logrará el efecto contrario. Ya sucedió con Mao, Franco, Stalin. Y la negociación en esta orilla podría traerle nuevos conflictos a la administración electa pues aceptar que el régimen estará allí a pesar de haber desaparecido la razón de todos los males, es deprimente.

Por último, la imagen del Máximo Líder comenzará a diluirse, a olvidarse tanto discurso, tanto sudor y lágrimas de la desgracia vivida cuando a la mesa y al alma de la Isla regrese la abundancia material y espiritual. Ya no se le amará ni se le odiará por el cubano que vive en la Isla. Porque lo que se deseará —y se lucha por eso—, es olvidarlo a él y a todos los demás; dar de comer a sus hijos, educarlos, mantenerlos saludables y de vez en cuando hacer una fiestecita donde "esté prohibido hablar de política". 

Y en el exilio ya no se hablará tanto del tirano y sus fechorías, ni de sus fusilamientos y sus presos. Eso pasó hace mucho tiempo. No se olvida, pero no es importante. No pueden los cubanoamericanos detenerse en esas boberías porque pierden el ferry o el avión que sale o viene de Cuba cada media hora; no hay que enseñar pasaporte cubano ni ir cargado como una mula. Se va y se viene en el día con la ropa y el corazón que se tiene puesto.

Olvidados están, en el patio de la casa de Hialeah o de La Habana, aquellas banderitas cubanas que recuerdan el día en que supieron que Fidel Castro había muerto.              

Comentarios [ 7 ]

Imagen de Anónimo

Pues mira que Fidel será la imagen del santo que emplearan muchos, unos para pedir otros para reprimir, el otro tercio para decir que era un tirano pero no creo que pase desapercibido en el futuro. Asi que veamos que postal compramos en esta nueva etapa de nuestro realismo magico insular.

Imagen de Anónimo

Bueno y como van a recyclar todos los desempleados otrora al servicio de Fidel?Y para que quedaran sus hijos y nietos?

Ah y Elian que? Porque Raul no sirve pa eso de Batallas y marchas combatientes...

Imagen de Anónimo

Ya viene LA CARROZA , ARRIBA LA MARICONGA .

Imagen de Camilo J Marcos_Weston_FL

Tengo que reconocer que uno tiene acceso a muy buenos articulos en esta y otras paginas relacionadas con Cuba. En particular, los articulos de Almagro son en general de los mejores. Este, no tiene desperdicio. 

Imagen de Anónimo

mentira... le cayo una basurita en el ojo 

Imagen de Anónimo
Imagen de Anónimo

¿El de la foto es el Pájaro Loco?

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