Jueves, 8 de Diciembre de 2016
17:14 CET.
Muerte de Fidel Castro

El remate de Cuba

Ya nos contarán las noticias lo que ha sucedido en Cuba tras la muerte de Fidel, a mí me ocupa lo que ocurre conmigo, que viví allí 24 años y he vivido afuera otros tantos.

En los medios de prensa alternan los esbozos biográficos del "Comandante en Jefe" y "Líder de los cubanos" con los del "déspota" y el "sátrapa", se habla de justicia social y dictadura comunista, de David y Goliat, de cierto enero de júbilo y de cierto octubre de pánico, de logros y debacles, de absoluciones y disoluciones, y abundan los gestos patéticos a modo de ilustración de nociones encontradas y no menos patéticas. Miami y su fiesta, La Habana y su mutismo, las lágrimas de alivio de la abuelita exiliada y los sollozos contenidos de abuelito miliciano, las condenas de derecha y las loas de izquierda, las condolencias diplomáticas, cripto-afectuosas o esquivas, las ilusiones y desilusiones públicas de los intelectuales, la fe inquebrantable de los periodistas.

Todo esto se presta para hilvanar una trama, contar historias, la Historia. En el teléfono, entre amigos, bromeamos sobre el evento y descorchamos la alegría que un día nos prometimos llegado su San Martín, aunque sin mucha convicción. Comprobamos la distancia que nos separa de esta gente y su fiesta, de aquella gente y su mutismo. Ser cubano, antes tan fácil, resulta ahora una elección que exige esfuerzo y omisiones demasiado onerosas.

Supongo que tantos años viviendo lejos de la Isla y sin regresar a ella me han pasado factura, que ya he ingresado al limbo de los cubanos "de origen", como aquellos compatriotas que me encontré al llegar aquí, religiosamente izando la bandera cubana cada 10 de octubre, reafirmando su compromiso con la libertad de su patria mientras la conversación derivaba hacia la nieve, el alcalde, el pitcher de los Red Sox o nuestras vías preferidas para ir de Boston a Cambridge.

El elemento anacrónico no era el alcalde, BU Bridge, Pedro Martínez o la nieve. A lo mejor los años pesan más que la distancia y este carácter fantasmal que hoy toma Cuba para mí sea el aumento relativo de los difuntos en mi vida, casi todos cubanos; el pasado va adquiriendo demasiado relieve y el espacio negativo en mi biografía vital está más vivo que yo.

Lo que quiero decir es que me alegro por su muerte pero no siento alegría, brindo por Cuba sin su estorbo pero no brindo por Cuba, porque aunque me suena el nombre, no consigo ubicarla. Sucede que no la veo. Sucede que apenas la siento. No consigo molestarme con las imágenes pueriles de las lloronas militantes en La Colina de los tontos ni me conmueven los selfies de los artistas disidentes. Que me perdonen los cubanos, pero no veo su futuro, ni siquiera su presente.

Por más de medio siglo Fidel Castro fue Cuba, reemplazó a los cubanos en las decisiones últimas sobre todo lo esencial en el destino del país. Esa aldea achacosa, improvisada, autoritaria, poblada de estadísticas y despoblada de sustancia, mendicante, demandante, atorrante, con exabruptos santurrones y entendimientos de bacán, llena de sí y de poco más, es su imagen más fiel.

"Fidel Castro soy yo", gritan y hacen gritar los tontos de La Colina. Y Fidel Castro está muerto. El proyecto nacional hoy se limita al esfuerzo corporativo de los diádocos que se reparten las conquistas de Fidel Alejandro.

Ya no se trata de Cuba, ni siquiera del Gobierno, sino más bien de las casitas, las gerencias, el ejército, la tranquilidad ciudadana con fachada socialista en el socialismo facha. Ahora se trata de garantizar el futuro de la inversión verdeolivo interesando al capital extranjero y al know how extranjero y a la mayor y más antigua democracia extranjera en la sociedad anónima que fue Castro Bros S.A.

La transición será una oferta pública de venta de Cuba en los mercados de valores, sobre todo en Nueva York. ¡Como delira esta gente con la inversión americana! Y casi la han obtenido a fuerza de… simpatías. Thanks, Obama! Con Donald Trump, que entiende más de casinos y negocios de esa laya, tal vez lo tengan más difícil. No me extrañaría que pase y compre a precio de remate el legado de Fidel.

De la república aquella en que vivieron mis abuelos queda solo una música. Solo en ella me es posible ser cubano y feliz.

Comentarios [ 7 ]

Imagen de Anónimo

Mal que pese la pareidolia llegó a su final y todos, represores y reprimidos están frente a una realidad cuya marcha es solo hacia adelante. A ambos grupos  la realidad le impone la lucha diaria por la subsistencia y el pan de cada día. La pareidolia (revolución) será confrontada día a día y su desgaste será progresivo hasta que la realidad de cada día sobre represores y repromidos termine con esa enfermedad mental donde los hechos y toda la realidad es manipulada y escamoteada desde hace 60 años . . .

Imagen de Anónimo

Debemos desempolvar los sueños porque la cuba que queremos sigue siendo un sueño. Debemos de buscar nuestra meta en Marti, el mayor de los Cubanos, y dejar a un lado los que se llaman sus herederos. De Marti me quedo con su lema: "Con todos y para el bien de todos".

Imagen de Cubanón Regusanón

 Ellos quierenvender a Cuba, sin contar con los cubanos por supuesto. Veremos quien se las compra. Si no cambian las reglas del juego, difícil.

Imagen de Anónimo

Yo también añoro la república de mis abuelos, pero no la veremos salvo un milagro. Y los milagros no existen

Imagen de Anónimo

Excelente artículo. Comparto cada una de sus ideas casi en su totalidad, excepto porque de Cuba ya no me habla ni su música.

Imagen de Anónimo

Muy bueno. Comparto esta misma opinión de Jorge Salcedo en este artículo. Cuba terminó vendida y nunca volverá a existir.

Imagen de Anónimo

EX-Cuba

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