Lunes, 5 de Diciembre de 2016
21:27 CET.
Sociedad

La Habana no cree en lágrimas

La velocidad de una ciudad como La Habana Vieja no depende de un metro o autobuses puntuales, de la homogeneidad ni el orden. Está sujeta a la gestión individual y esto últimamente le confiere un aspecto cada vez más de circo.

La desesperación asoma por igual en los pregones generalmente arrítmicos de los vendedores, en la impaciencia de los artesanos que despliegan una excesiva cortesía con cualquier observador; en músicos ambulantes, falsos personajes de época, jineteras y "luchadores" de todo tipo. Así como en la miradas ávidas dirigidas a las jóvenes primermundistas con atuendos ligeros o ceñidos, y en los amaestradores de animales que fuerzan al estatismo a tristes perros con sombreros y espejuelos.

Una anciana negra, vestida a la usanza de las esclavas del siglo XIX, posa con su gata siamesa embutida en un traje de muñeca. Le roba largas horas a la autonomía y la natural actividad del felino, tal vez por medio de somníferos. Una vez intenté un gesto de afecto hacia el animalito y la mirada fulminante de su dueña me aclaró que el intento tenía un precio.

En Cuba no hay inspectores que velen por los derechos de los animales. Ni siquiera hay una ley que respalde una acusación de abuso. Por eso los niños acosan libremente a las palomas, a veces llegan a acorralar alguna y atraparla, quién sabe si para venderla o convertirla en sustancia de un caldo.

Un hombre de aspecto humilde exhibe a un ratón que se aferra, en su sempiterno nerviosismo, al lomo de una perra. Los caballos esperan penosamente, incluso bajo implacables círculos de sol, por algún turista interesado en recorrer el maquillado casco histórico, a un ritmo desfasado de época.   

Un veterinario de la localidad me aseguró hace dos años que existía el proyecto de instalar bebederos y techos para los caballos en las zonas de parqueo de coches. Todavía no se han materializado. Un hombre comentó hace unos meses ante mí que había visto a un caballo caer, reventado, en plena vía.  

Toda la atención y los esfuerzos van dirigidos a los extranjeros que recorren calles y plazas.

Solo las estatuas vivientes son más discretas en su demanda de supervivencia. Se camuflan paciente e ingeniosamente a la arquitectura, despiertan de cuando en cuando haciendo reaccionar a los transeúntes con sonrisas, una moneda o algún ocasional billete.

Las estatuas reales, como la del Caballero de París, junto a la Basílica de San Francisco de Asís, o la de Chopin, o la del misterioso señor que parece mirar el mar desde la Alameda de Paula sin una tarja que indique su identidad, sufren inmutables el manoseo o hasta el choteo de los paseantes.

Como en la vieja película soviética, esta ciudad no cree en las lágrimas de nativos ni migrantes del interior del país. Ni siquiera en las de los discapacitados que exhiben sus mutilaciones a cambio de alguna limosna, a riesgo de ser desalojados por la policía.

Es una Habana inhóspita para el cubano de a pie, donde ni disponiendo de 50 centavos CUC encuentras un refresco frío. Los establecimientos estatales los venden a los cuentapropistas que los incluyen en el menú de cafeterías con cinco o 10 diez pesos más por encima del precio original.

Una Habana que convierte los derrumbes en parques, que remodela vertiginosamente los establecimientos de venta en moneda nacional en sugestivos cafés para pagar en divisa. Una Habana indiferente a la desesperación de los cubanos, en cuyas acicaladas calles incluso los habaneros, nos paseamos como verdaderos extraños.

Comentarios [ 12 ]

Imagen de Anónimo

amadeus te falto balsa o pepe pirense o rebelense  y isd es cierto hace 13 años de fui de la isla jauka y la haban una cochina del carajo eso es cuba un desastre menos punto 0 .

Imagen de Anónimo

¿Y esta ciudad de la que se habla en el artículo es la que quiere Padura que no pierda su esencia?

Yo nací en 1951. La Habana era una ciudad bella, con personas bien vestidas hasta los pobres iban con sus ropas limpias, las mujeres no se vestían como ahora que parecen sacadas del barrio de Colón. Se ha perdido la educación en todos los niveles.

¿Que había barrios pobres? Por supuesto pero todo eso era mejorable, ahora La Habana y toda Cuba no es más que un basurero gracias al invicto moringuero en jefe.

Imagen de Anónimo

Es cierto que La Habana no es una ciudad. Cuando llegas, no sirve de nada informarte sobre el sistema de transporte público, porque eso no existe. Cuando llegas a Madrid, a Barcelona, a México, Praga o Buenos AIres, enseguida encuentras el mapa de la ciudad, la manera de trasladarte de un punto de interés a otro.... Cómo haces en La Habana? Eso por solo mencionar eltransporte público... La lista es larga !

Imagen de Anónimo

Anonimo 20.00: no hables tanta c... Tu ni sabes el significado de freak. Nacistes ayer, asi que si no sabes de la Habana antes del 59 mejor te callas. La Habana era una de las grandes ciudades del mundo.

Imagen de Anónimo

Ay pero si La Habana siempre ha sido así de freak, que ahora sea peor que en la colonia no hay dudas pero siempre ha sido freak.

Imagen de Amadeus

Si hay algo que los Castros no podrám negar nunca es que La Habana de Batista era una metrópolis comparado con lo que ha quedado esta ciudad después de medio siglo. Todas las ciudades evolucionan, se construye, se embellecen, Cuba ha ido para atrás.

Imagen de Anónimo

Ano 14:47:

Casualmente, mis estudiantes están leyendo Los Miserables en mi clase; y como Ud. bien dice, Castro ha transformado a La Habana en los suburbios del París de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Como nacido en La Habana, a mi me duele y avergüenza en lo que este monstruo ha convertido a Cuba. 

Imagen de Anónimo

En fin autora en tu articulo estas diciendo que La Habana es un basurero, bueno hija algo queda de la ciudad, con el mulatto Batista era mucho mas bonita, una ciudad paradisiaca.

El pueblo cubano puso a su aguerrido guerrillero en el poder, ahora, entristecido, mira el resultado de sus disparates...algo queda de La Habana que es bastante para las suelas guerrilleras del Loco Fidel Castro....

Imagen de Anónimo

Deprimente. Una version moderna del Paris de Victor Hugo en Los Miserables.

Imagen de Anónimo

La ultima linea del articulo describe fielmente como me sentia yo en mis ultimos años en mi natal Habana; un verdadero extraño. Es triste llegar a sentirse en casa en un lugar que no te vio nacer.