Sábado, 10 de Diciembre de 2016
15:54 CET.
Huracán Matthew

Matthew trajo a Enriqueta Favez

Nunca evacuaron el zoológico que Anfiloquio, un naturalista, donó a Baracoa. Los monos se agarraron a los barrotes, evadieron proyectiles, se taparon los ojos. La destrucción se ensanchaba a la vista de la ciudad. Era el mediodía del 7 de octubre, viernes.

Poco antes, en Cabacú, se bajó la muchacha que viajaba sola. Casi a la entrada de Baracoa, la pareja que venía de Bayamo pidió al chofer: "Déjame aquí, aquí estaba mi casa".

Forzamos La Farola para llegar a Baracoa. Rebasamos rocas, aludes, árboles. Seguía obstruida cuando pasamos por Cajobabo, sin averiguar bien si podríamos rebasar el Alto de Cotilla, la cima del viaducto. Por fortuna, topé con chofer experto y carro entrenado para encarar la montaña: "Si no te llevo, nadie más podrá". ¿Y quién lo hubiera creído un fanfarrón? El resto de los automóviles, en la terminal de Guantánamo, no se atrevía a aventurarse por Baracoa. Quise llevar otros viajeros, a costa mía, y él accedió: "Solo cuatro, para mantener la estabilidad".

A la salida de la ciudad, el punto de recogida albergaba a cientos. Elegí cuatro: la pareja que venía de Bayamo, una mujer apurada por encontrar a su hija, la muchacha que viajaba sola.

"¡Llevo hasta el pan!", dijo el bayamés. "En Baracoa no hay nada".

"También llevo comida", apuntó la que iba por su hija.

Hubiéramos necesitado un helicóptero para atravesar el macizo: la carretera de la costa sur, sin pavimento, entorpecía el camino a Cajobabo. La Farola, más allá, insinuaba un cierre a cal y canto. "Hay paso", confesó un policía en las afueras de Guantánamo. El paso, estrechísimo, se atascaba. No éramos los únicos que desgranábamos kilómetros en la montaña.

No estuve antes en Baracoa. No vi estos paisajes intocados. Mi familiaridad con Baracoa se construyó encima del desgaste, a la vista del arrasamiento.

Bajé en el malecón, frente a los edificios agujereados. Caminé hasta La Punta, rodeé el centro. Unos vecinos cocinaban juntos, en la calle, sobre unas brasas.

"Esta es la comida que nos queda", explicó Estella, "y la preparamos antes que se pudra".

Era cerdo. La cola del cerdo ya crepitaba.

"¿Y ustedes cómo pasaron el huracán, tan cerca del mar?"

"Las olas estaban más altas que la casa. A la señora de la esquina, le abrieron la puerta, la arrastraron, la golpearon. El mar iba y venía. La paseó por toda la sala. "

Me señalaron la otra esquina. Hay un contenedor al centro de la calle. "Estaba por el malecón y el mar lo impulsó dos cuadras arriba."

Los parques de Baracoa son triángulos, como proas. Probablemente estas proas rompieron olas, navegaron durante la noche del martes. Cerca de la iglesia principal, una mujer le dijo a otra: "En El Paraíso no quedó nada, hasta se ven las cuevas de Hatuey, de Guamá, de todos los indios". Pregunté cómo ir a ese barrio.

Baracoa se aprieta entre los cerros y el mar. Pocas casas remontan las lomas, pero hacia las alturas crece El Paraíso. Unos niños se deslizan por la pendiente sobre ventanas rotas. 

"¿Viste la estatua de Colón?", preguntó alguien que me reconoció forastero. "Cayeron dos árboles, uno a cada lado, pero no la tocaron."

Subí al castillo Seboruco, para mirar mejor a Baracoa. Se salvaron algunos tejados, las casas se protegieron entre sí, camaradas. La ventaja de la altura no deja sopesar la destrucción. Por eso bajé a las calles.

Una joven me cuenta la historia de su amiga, una muchacha que perdió todo y la vieron vestida de hombre. Esto sí es inaudito. La gente, con su peculiar retórica, describe a Matthew como un monstruo. Escila. Caribdis. Un monstruo trastornador. Busqué a la chica y no pude hallarla. Esa noche, a oscuras en mi cuarto, alumbrándome las manos con una linterna, escribí que Matthew devolvió a Baracoa otra Enriqueta Favez.

DIARIO DE CUBA en Baracoa: La Seguridad del Estado nos confiscó una cámara, pero teníamos otra

La ciudad fue devastada por el huracán Matthew el 4 de octubre. Muchos de sus habitantes lo han perdido todo.

Comentarios [ 3 ]

Imagen de Anónimo

Gracias por las fotos que demuestran la realidad, esta parte de cuba esta peor que haiti! pobres compatriotas!

Imagen de Anónimo

impresionantes esas fotos. Que destruccion! Era un pueblo ya de por si pobre y muy fragil y el ciclon termino por hacerlo sucumbir. Esas fotos muestran no un pueblo despues de un ciclon. Esas fotos son un pueblo en desamparo total que el ciclon termino por enterrar. Que triste, de verdad.

Imagen de Anónimo

Gracias Maykel, muy buena tu cronica.