Martes, 25 de Julio de 2017
02:47 CEST.
Sociedad

Un indio lakota y Bruce el danzarín: la espectacular coreografía de Cuba y EEUU

El lakota agita las consabidas trenzas indias. Bruce se crispa en el suelo con el ímpetu de quien carga un orisha. Contrae los hombros, furioso se enrosca. Revuelca el pavimento, no resiste la potencia de un dios. Kevin, el lakota, sonríe al público. Bruce, el loco, joroba la lengua y hace que el público sonría. Kevin Locke se llama Tokaheya Inajin en lakota: El Primero Que Surge. Bruce se llama así por Bruce Lee. Kevin es un maestro de la danza sioux, un perfecto soplador de la gran flauta sioux. Bruce es otro maestro, un maestro de la indigencia que se ha echado a bailar.

Todo se pensó para el parque principal de Santa Clara el 19 de septiembre de 2016: el lakota, experto callejero, instruiría a los muchachos, a los transeúntes, en el arte de la danza india. Con decenas de aros encima, Tokaheya Inajin parece un remolino abigarrado y risueño, un vendaval sioux que surge del intercambio cultural entre Cuba y Estados Unidos. Kevin y sus anfitriones santaclareños soñaban con un festín al son de la gran flauta sioux, hasta que apareció Bruce, el disonante, el caótico danzarín.

Y empezó el verdadero espectáculo, la extremosa coreografía del pueblo lakota confinado a sus reservas, ahora junto al pueblo indigente y desaforado. El Primero Que Surge puso a girar los aros por todos los cilindros de su cuerpo: brazos, cuello, tobillos, muslos. El Caótico Danzarín puso el círculo de muchachos a girar en torno suyo, se apropió del gran aro. Los espectadores ríen. El lakota sigue en lo suyo, sin aprobar ni desaprobar. Los anfitriones de El Primero Que Surge, gente seria del corrillo de las artes escénicas, miran a Bruce con odio. El Saboteador Danzarín es también El Último Que Querrían Ver.

Se pierden los aros. Ahora corresponde una ronda de manos entrelazadas. Kevin va a la cabeza, como el chamán que dirige un ritual. Nadie toma la mano de Bruce. Se queda en el medio, ríe desde el centro. El Último Que Querrían Ver ha ganado el eje. La gran flauta sioux ronca en la pradera santaclareña, resuena por Bruce. El lakota sigue en lo suyo, ignorado a la cabeza del trencito que hala la gloria de El Saboteador Danzarín.

¡Qué fiesta! Y más que eso, ¡qué espectacular coreografía bailan ahora Cuba y Estados Unidos!

El pordiosero reclama su sitio en el baile. Viene sin que lo llamen. Lo rechazan y se queda. Porque, al fin y al cabo, se baila en Cuba. Y resulta muy comprometido, muy expuesto, venir a emular con el trompo.

"¡Aquí nadie se mueve mejor que yo!", se le ocurre a Bruce, pero no lo dice.

Los espectadores recuerdan la danza de los presidentes frente a la prensa:

—Que responda (baile) míster Obama.

—Ah, no. La pregunta (la invitación al tablado) es para usted, general.

Él y tú, los dos bailando hasta el final. Uno sonríe, el otro hace sonreír. El general responde sin responder. El presidente baila. A ese ritmo todos se permiten su pasillito. El lakota y el indigente hacen temblar una tradición derrotada: tú bailas y yo aplaudo, desapruebo, silbo, aplaudo. Tú bailas. Agradezco que hayas venido desde lejos a bailar para mí. Y si esto tiene que repartirse con justicia, mañana bailo en tu casa.

—Él y tú, sí, en el tablado, pero yo no quiero que tú bailes —¿dice el general?—. Porque estás viejo, andas sucio, mal comido, desdentado, y no haces un buen papel. Después de esto nadie pensará que eres un maestro, uno que carga un dios.

—Asere, prepárate —dice el soberbio indigente a Kevin Locke, cuando El Primero Que Surge termina su show—, el mes que viene me toca a mí enredarme con el hula hula en Porcupine.

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Comentarios [ 2 ]

Imagen de Anónimo

Parece que yo soy bruto, porque no estoy seguro si entendí este artículo y su objetivo. 

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Tal para cual: El diablo los crea y la tiranía los une. El Lapón Libre.