Domingo, 17 de Diciembre de 2017
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Historia

El 13 de agosto en el acontecer cubano

El 13 de agosto de 1933 fallecía en La Habana el ilustre abogado y orador Rafael Montoro, una de las figuras más importantes del Partido Liberal Autonomista durante la Colonia, y que ocupara después altos cargos en la República.

El Partido Liberal Autonomista se fundó en 1878, tras la firma del Pacto del Zanjón que puso fin a la Guerra de los Diez Años. Los miembros de esa organización propugnaban una evolución de Cuba hacia un gobierno autonómico que mantuviera a la Isla atada a España. Se contraponían a una revolución independentista debido al alto costo en recursos materiales y vidas humanas que esta opción implicaría.

No obstante haberse opuesto a la independencia de la Isla, la honradez, el amor a Cuba y la capacidad intelectual de Rafael Montoro propiciaron que este habanero nacido en 1852 continuara sirviendo a su patria después del 20 de mayo de 1902. Integró el servicio diplomático en el gobierno de Tomás Estrada Palma, y fue secretario de la Presidencia y de Estado, respectivamente en los gabinetes de Mario García Menocal y Alfredo Zayas.

Quizás como consecuencia de su aversión por las salidas revolucionarias y violentas, Montoro no apoyó las conspiraciones que se fraguaron contra la dictadura de Gerardo Machado. Sin embargo, los argumentos esgrimidos por él para tomar semejante decisión lograron trascender su tiempo. Helos aquí:

"La intolerancia, la intransigencia, el fanatismo, el desenfreno que ha caracterizado esta lucha contra un régimen, llevará a los triunfadores a considerarse con derecho de vida o muerte sobre sus adversarios y le cerrarán el paso a todos los que no estén provistos de la patente de corso. El que pueda probar que puso una bomba, que estuvo en la cárcel, que tomó parte en tal o cual atentado personal, podrá hacer cuanto le venga en gana y tendrá todos los privilegios, por incapacitado, anormal o incompetente que sea. Llamarán justicia revolucionaria a la venganza y cubrirán de sangre de hermanos a la patria. Se convertirán en asesinos creyendo que siguen siendo héroes, y una vez perdido todo freno y todo respeto a la autoridad, llegarán a los peores excesos revolucionariamente" (Citado por Roberto Méndez Martínez, "Rafael Montoro, el hombre de los imposibles", Palabra Nueva, no. 261, julio-agosto de 2016).

Es cierto que a la caída de Machado se produjeron varios hechos de venganza, algunos de ellos sangrientos, contra los personeros del régimen derrocado, tal y como los previó Montoro.

Pero quiso el azar que el mismo día de la muerte de Montoro cumpliera siete años un niño nacido en la localidad holguinera de Birán que, con el paso del tiempo, sería el protagonista de la más fidedigna interpretación del guion trazado por el antiguo militante autonomista.

Porque con el advenimiento de Fidel Castro al poder en enero de 1959 la "justicia revolucionaria" cubrió de sangre el suelo de la patria. Aquellos fusilamientos masivos y sin garantías para los acusados —los enjuiciaban en la mañana, y ya en la tarde eran cadáveres— provocaron la repulsa internacional.

Asimismo, muchos de los participantes en la lucha contra Fulgencio Batista fueron premiados con cargos en ministerios y entidades estatales, aun sin poseer los conocimientos indispensables para ocuparlos. Recordemos, por ejemplo, los desaciertos de los comandantes Guillermo García Frías y Antonio Enrique Lussón en el Ministerio de Transporte.

O la curiosa respuesta que Enrique Oltuski, combatiente de la clandestinidad antibatistiana y después ministro de Comunicaciones del Gobierno fidelista, le respondiera a Jean-Paul Sartre cuando el filósofo le preguntó el porqué de su nombramiento, tomando en cuenta que nada sabía de comunicaciones. "Comoquiera que yo puse muchas bombas que destruyeron puentes, antenas y otros medios de comunicación", le dijo,"ahora Fidel me encomendaba que los arreglara" (Sartre visita a Cuba, Ediciones R, La Habana, 1960, pg. 176).

Como pocas veces en la historia de Cuba, una sentencia se iba a cumplir al pie de la letra. Por eso, además de ser recordado como intelectual, político y orador, Rafael Montoro debía clasificar como un excelente visionario.

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Comentarios [ 6 ]

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Buen artículo que hace reflexionar.

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Al contrario, yo se lo paso a ellos, porque tengo y me sobra: ¿y tú, muerto de hambre?

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Ano 17:32 La fundación cubano-americana ya te dio el chequecito?

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¡Qué bárbaro, 16:07! ¿Cómo asocias al "Invicto" con tu perro Aurelio capao? Tienes un grave "problema ideológico", mijo... Te van a suprimir la jabita.

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Con tal de minimizar esta fecha se buscan a cuanto viejo nacio o murio hoy. Por cierto, mi perro Aurelio un dia como hoy perdio la virginidad!!!

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Montoro, figura importantísima de nuestra historia. Gran orador, con su estatura -casi un metro noventa- y su perfil clásico, así como su voz potente, fue conocido como "El sinsonte cubano" en las Cortes españolas. Vivió y murió en una casa humilde en Neptuno y Belascoaín, frente a la Dulcería Eol Siglo XX. Había una placa (no sé si la han quitado). Gracias al autor por su estupendo artículo.