Martes, 12 de Diciembre de 2017
11:12 CET.
Política

El fidelismo en las futuras elecciones democráticas

Dado el anormal panorama político de nuestra isla, tal vez no se vea congruente que a un cubano le preocupe la forma en que los ciudadanos de otro país decidan libremente enrumbar sus pasos en materia política. Sin embargo, confieso que fue mi actitud en los últimos meses, al notar cómo en España iban ascendiendo en vertical los índices de preferencia, primero a favor de Podemos, y luego a favor de la coalición de este partido con Izquierda Unida (IU) bajo el nombre de Unidos Podemos.

En principio, quise que no me interesara el asunto, pues de sobra tenemos con nuestras desgracias nacionales. Luego, ya que no lograba desinteresarme, quise explicarme el motivo. No estoy seguro de haberlo conseguido, pero lo poco que entendí me ha bastado para ir de la preocupación a la pesadumbre, pues creo ver en la situación española de hoy un adelanto de la nuestra en el futuro.

Por suerte (para los españoles en particular, pero no solo), la arremetida de Unidos Podemos naufragó en la orilla. Aunque la amenaza sigue en pie. No debe faltarles razón a quienes insisten en que su ascenso no fue sino una respuesta antisistema de la ciudadanía frente a la ineficacia o incluso ante el proceder corrupto de los partidos tradicionales en España. Son, digamos, las causantes objetivas, por más difícil que resulte apreciar como objetiva (y no como absurda y desatinada) la respuesta de electores que para corregir una mala elección, optan por otra igual de mala solo porque representa lo contrapuesto.

En cualquier caso, es algo sobre lo que ya se habló mucho, y con razón. Aunque tal vez no menos razón habría para añadir otras causas de carácter más bien subjetivo. Y es justo mediante esas causas donde creí apreciar en la actitud de los españoles de hoy un preocupante atisbo de la de los cubanos del mañana.

La bielorrusa Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura en 2015, se refería hace poco a la nostalgia por la URSS que experimentan ahora muchos jóvenes rusos. No conocieron la era soviética, así que esa peculiar nostalgia se la traspasaron padres y abuelos, quienes son vistos por sus descendientes como derrotados por el actual sistema. La de esos jóvenes entonces es una nostalgia heredada. Y es muy posible que también se sientan herederos de la necesidad de buscar la revancha política como un modo de reivindicar a sus mayores.

¿Será muy distinta la murria que experimentan muchos jóvenes españoles de hoy ante el reflejo de aquello que le has llegado a través del recuerdo de sus mayores en torno a los días jubilosos y dramáticos para la izquierda republicana de los años treinta. ¿Lo sería la de los cubanos dentro de unos 20 o 30 años?

Desde luego que la melancólica sublimación del pasado tal vez no alcance por sí sola para ganar elecciones (tal como se ha visto en España), pero sí alcanza fácilmente para la pícara manipulación de los nostálgicos, como se ve en la Rusia de Putin, y como se está viendo ahora mismo en Cuba, donde Fidel Castro ha vivido lo suficiente no solo para ser pasado y presente a un mismo tiempo, sino incluso para diseñar la proyección de su sombra nefasta hacia el porvenir.

En el hecho de que todavía el fidelismo permanezca bamboleándose en el inconsciente colectivo como lo que pudo ser y no fue, o incluso como lo que fue y se ha malogrado por sus propias discordancias y por desgaste histórico, podrían radicar las bases de una nueva remontada después de la muerte del líder.

Es algo que el propio Fidel Castro debió prever, puesto que sus discursos, mucho más que su obra, se enfocaron siempre a medida para la trascendencia histórica.

¿Ocurre entonces que los cubanos estamos destinados a sufrir el mantra del fidelismo por muy largo tiempo, no ya mediante la imposición con la fuerza militar y la dictadura política, sino incluso a través de las democráticas urnas electorales?

Hegel quiso enseñarnos que aprender de la realidad histórica proporciona muchos más beneficios que intentar acomodarla a nuestro capricho. Pero lo cierto es que ni los cubanos ni la mayoría de los habitantes de este mundo presuntamente civilizado, demostramos el menor interés por aplicar esa sabia lección.

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Comentarios [ 9 ]

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Pues yo opino que el fidelismo se acabo con el retiro de esa "persona", los cubanos se acuerdan de que existe cuando sacan una foto o es su cumpleanos. En cuba gobierna la jerarquia militar y sacan la imagen desgarbada de FC para decir que "son herederos de sus ideas". Pero nadie les cree. Saben que los militares solo quieren mantener su nivel de vida robando a la poblacion. Adivinar lo que sucedera dentro de 20 o 30 anos no tiene sentido. Muchos "adivinamos" que FC no iba a durar en el poder y mira como el viejo sigue apareciendo  para que el mundo sepa que .sigue vivo y nada mas. 

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Cito “¿Ocurre entonces que los cubanos estamos destinados a sufrir el mantra del fidelismo por muy largo tiempo, no ya mediante la imposición con la fuerza militar y la dictadura política, sino incluso a través de las democráticas urnas electorales?” José Hugo para no que eso sigo abogando por: Cuatros Pasos Programáticos para una Transición Ordenada a la Democracia de Cuba que a continuación relaciono: 1) Legalización de los Partidos Políticos de Oposición, 2) Convocatoria a una Asamblea Constituyente Multipartidista, 3) Instauración de un Estado de Derecho con sus poderes independientes (ejecutivo, legislativo y judicial), 4) Elecciones Multipartidistas Municipales, Provinciales y Nacionales, COMENTARIO de Esopo\Moustafa Hamze Guilart. 

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Te pasastes de la raya, es demasiado carastròfico el àrticulo , cuando se retiren las talanqueras veràs lo ràpido que la gente cubana coje el trillo señor Josè Hugo Fernàndez, los pueblos se ajustan ràpido usted està ofendiendo la inteligencia de los cubanos , ya verà como en cualquier momento todo eso cambia y Fidel pasarà a ser una pesadilla de 56 años , un poco larga eso sì pero solo una pesadilla, saludos

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No creo que el fidelismo sea un Partido político trascendental, en la medida en que las opciones democráticas evolucionen favorablemente. Nunca dejará de tener la marca del régimen comunista que le de origen.Igual falta un tiempo y ni siquiera hay alguien que aglutine las voluntandes populares.

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El fidelismo evolucionará como todo. En España, nadie se acuerda del franquismo. Ni siquiera el PP se siente su heredero. Todo el mundo rechaza ese pasado que parecía inamovible. En Cuba pasará lo mismo. Es probable que algunos no lo veamos, pero con el tiempo esa mancha oscura que ha lacerado nuestra nación durante 57 años se desvanecerá porque los que la defienden y se benefician de ella, simplemente pasarán a mejor vida. Ese es el sino de los tiempos y los que hemos vivido otras dictaduras sabemos que es lo que acaba ocurriendo. Lo penoso es que no lo podamos ver.

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Nah, esos que menciona el.autor son pueblos con memoria. Nosotros los cubanos no tenemos memoria pa na. 

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Total cuando se ha escuchado los discursos y el "pensamiento" de Fidel Castro, lo único que se descubre son las ideas nada importantes que podría decirnos cualquier hijo de vecino. No hay nada medianamente inteligente en sus palabras que contrastadas con la realidad sólo denotan demagogia y haz lo que yo digo pero no lo que yo hago.De manera tal que su "pensamiento" es pura simulación.Pueden escribir miles de libros y hacer miles de homenajes al nonagenario, que los mismos que los hacen saben que están escribiendo panfletos de un culto a la personalidad oscurantista.Frente a las nostalgias presentes y por venir sólo, la información fundamentada permitirá la nueva cruzada contra la ignorancia.

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Lo más parecido al fidelismo es el sandinismo, después de todo son ambas revoluciones armadas q asaltaron el poder por la fuerza. Pues hay que mirar en pellejo ajeno. Con la llegada de la democracia en el 90, el FSLN empezó un proceso de aparente cambio y renovación y de hecho, algo -o mucho- de eso hubo pero sólo en el plano económico, no así en lo político. Ortega dijo a sus seguidores que en realidad no iba a la oposición sino que iba a gobernar desde abajo. Cumplió esa amenaza a cabalidad. Durante los próximos 16 años se dedicó a sabotear y a hostigar a 3 gobiernos democráticamente electos. La población no tuvo ni un sólo día de paz. Las huelgas y asonadas se sucedían una tras otra, azuzadas por el largo brazo sandinista que quedó incrustado en todas las instituciones. Si hoy eran los maestros, mañana los transportistas y luego el sector salud los que paralizaban el país con levantamientos, tal vez no multitudinarios pero sí sumamente violentos y muy bien organizados. Cuando la policía respondía con contundencia, acusaban al gobierno de represor y asesino y si había alguna víctima fatal eso ya era el acabóse. Instrumentalizaban la muerte de un pobre desgraciado para seguir echando agua a su molino. Al final volvieron al poder por los pelos, con un 38%, aprovechando la división de la oposición q ellos mismos fomentaron desde las sombras. Las mañas son las mismas: fraude, represión, golpizas, ah! pero eso sí, libre mercado.

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Ay, no me digas por tu madre!!!!