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Opinión

Aquella legendaria manifestación

A raíz de la invasión soviética a Checoslovaquia en 1968, un grupo de jóvenes se manifestó ante la Embajada Checa en La Habana. Apoyaban un socialismo de 'rostro humano'.

La Habana

Al pie de mi último artículo publicado en este diario, un comentarista anónimo me sugirió, con cierta ironía, "que dedique mi próximo artículo a narrar mi mítica participación en la manifestación frente a la Embajada Checa en La Habana", a raíz de la invasión soviética a ese país socialista en 1968.

Para empezar, debo aclarar que no participé en la misma, por mucho que me hubiese gustado hoy haberlo hecho. Así que le agradezco al anónimo lector la participación que me atribuye, y trataré de complacerlo.

Checoeslovaquia era para los jóvenes de entonces el único país socialista abierto a la cultura occidental. Su cinematografía brillaba por sí misma, desde aquel Vals para un millón, acaso la única cinta socialista que motivó colas en los cines habaneros, hasta la comedia musical El amor se cosecha en verano y la movida parodia de los oestes Limonada Joe. Mantenía abierta en el corazón de la Rampa, su Casa de la Cultura Checa, que era un excelente centro cultural, con proyecciones de cine, y audiciones de música donde, sobre todo, se respiraba un aire de libertad precioso para nosotros. Allí el poeta Delfín Prats realizó una inolvidable lectura de su cuaderno Lenguaje de mudos.

Seguíamos con mucho interés las reformas emprendidas por los políticos checos, destinadas a darle al socialismo un "rostro humano". La prensa cubana no se manifestaba ni a favor ni en contra, pero sí divulgaba todas las informaciones al respecto.

La expectativa era mucha y los criterios estaban divididos. Los jóvenes esperábamos que Fidel criticase aquella intervención por su carácter imperialista. Por su parte, los mayores, sobre todo los viejos militantes del PSP, aprobaban la medida de fuerza y contaban con que Fidel aprovecharía la coyuntura para retornar al redil, más o menos arrepentido de su aventurerismo revolucionario. 

Aquella noche, en la bullente Rampa habanera, vi y escuché a algunos jóvenes convocando a sus amigos a presentarse frente a la Embajada Checa, en Nuevo Vedado, para expresar solidaridad con las víctimas y condenar la grosera acción de los "bolos". Uno de ellos era el joven pintor de Op Art Jaime Bellechasses, el discípulo predilecto de Loló Soldevilla, acompañado por Omar "El Indio" y, quizás por Rogelio Quintana, pero realmente ya la memoria me parpadea. Andaba yo con mis amigos, el poeta Israel Horta y el narrador Ismael Lorenzo, pero desgraciadamente ninguno de los tres mostramos disposición a tomar parte.

Puedo sospechar que participaran la fabulosa Mariela Fajardo, colgada del brazo de su amor imposible, un cinéfilo llamado Richard (no confundir con Ricardo Oteiza); el brillantísimo Raonel Mayarí; la bella Lorraine de Marianao, jefa de tribus hippies; mi genial amigo, el malogrado poeta Emilio Valentín López Alonso; Concha Bouza, la de Luyanó, que entonces deambulaba por el parque Fe del Valle con una cotorra en sus hombros.

En fin, no puedo determinar cuáles de aquellos poéticos seres participaron efectivamente. Sé que el rumor llegó al Preuniversitario de Marianao y que un grupo de ellos se acercó a la zona, pero fue disuadido por el cerco policial.

Reinaldo Arenas, menos politizado, ignoro si dejó algún testimonio al respecto. Tampoco sé si los futuros fundadores del Comité Cubano de Derechos Humanos participaron.

Es curioso que hoy, tantos años después, no contemos con los testimonios de aquellos precursores. Muchos de ellos aún viven y podrían colaborar en el establecimiento de la verdad, tan escurridiza siempre, sobre todo en el mal llamado socialismo.

En fin, sabemos que Fidel Castro dio su apoyo a la Unión Soviética y disolvió nuestras esperanzas de jóvenes antisoviéticos. Le agradezco al anónimo lector por darme pie para esta evocación. Si todos los jóvenes aquí mencionados hubiésemos tomado parte, seguramente nuestro país sería hoy mucho mejor.

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