Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
22:57 CET.
Economía

Mercado de abasto El Trigal: Los precios, al alza

En la cooperativa mercado abasto EL Trigal los precios fluctúan según la gestión individual de los dueños de la mercancía pero, en general, van en alza.

Las tensiones provocadas por el Gobierno en los puntos de control; la amenaza de estandarizar los precios y el arbitraje de los intermediarios, son algunos de los motivos por los que en este mercado mayorista de abastecimiento los números están al nivel de las tarimas de cualquier agromercado municipal.

El Trigal es una gran plazoleta techada, con muros a la altura de la cama de los camiones, que llegan dando marcha atrás para descargar la mercancía. El lugar está diseñado para vender al por mayor, pero hay todo tipo de compradores: Amas de casa, la minoría; doctores que con la bata al hombro consiguen que los atiendan con mayor deferencia; los que recogen del suelo lo que va quedando; gente que solo compra un saco de cada producto para revenderlo en una carretilla o en la puerta de su casa.

La mayoría son los revendedores o dueños de tarimas en los mercados de la ciudad, que compran quintales sin importar el precio.

"La semana pasada el saco de boniato estuvo a 300 pesos", cuenta un cuentapropista que ha ido a comprar para su carretilla y cree que el precio se debió a la lluvia. "Aquí todo se cobra, hasta la entrada".

El acceso al lugar cuesta tres pesos (moneda nacional) y el alquiler de la carretilla para transportar la mercancía que se compra cuesta 20 pesos. Ambos servicios los controla la cooperativa, que tiene bien identificados, con pullovers y chalecos, tanto a carretilleros como a cobradores de entradas.

Es difícil hacer preguntas porque todos están alerta. "Cualquiera puede ser de la Policía", comenta un hombre que dice ser dueño de una tarima en el mercado de 19 y 84 en Playa y que tiene a un equipo de personas trabajando para él. Ha comprado más de 50 cajas de tomate. Como otros, controla las compras por teléfono. En cuanto consigue un buen arreglo, llama y cancela otras posibles adquisiciones.

"Esto es como en los mercados esos de las películas americanas, en los que la gente se grita y llama por teléfono y cancela o pide que le compren", dice. Evidentemente, el dueño de la tarima de 19 y 84 compara el ambiente de El Trigal con el de Wall Street.

Los compradores se vociferan precios, se empujan para llegar primero, corren detrás del último camión que llegó, se aglomeran donde hay buena mercancía, regatean, sustituyen el "permiso" o el "por favor", por el "voy ahí", para finalmente hacerse con lo que necesitan. Todos llevan botas y hay fango en todas partes.

El lunes la caja de guayaba estuvo a 150 pesos, lo que equivaldría a 45 libras a tres pesos; la ristra de ajo de 50 cabezas, se vendió a 50 pesos, o sea, a peso la cabeza; el mazo de zanahoria costaba 11 pesos y el de cebolla a 20 pesos. La caja de tomate costaba 500 pesos.

Si los precios están así en el mercado mayorista, ¿qué ganancias le sacan? Nadie da la respuesta exacta, pero algunos especulan comparando, por ejemplo, la cantidad de zanahorias que trae un mazo en El Trigal y la cantidad que lleva después en el agromercado.

"Es evidente", comenta una ama de casa. "Este mazo de zanahorias trae quince, pues la dividen en dos y en tres mazos y las revenden, cada mazo a diez pesos y ya triplicaron la ganancia".

"Con la cebolla pasa otro tanto y, si las ven muy grandes, como esta que acabo de comprar, las venden por libras y una cebolla puede ser perfectamente una libra", agrega. "La guayaba no vale comprarla allá afuera tampoco, porque cada guayabota de esas puede ser una libra".

La mercancía, según algunos revendedores, las distribuyen después a los lugares donde saben que la gente la va a comprar. A la periferia no llega mucho de lo que compran en El Trigal.

"Esto no hay quien lo controle", cometa un hombre que ha ido a comprar, al igual que la ama de casa, solo para abastecer su viandero. "La comida debería ser un asunto de seguridad nacional, entonces ¿cómo (el ministro de Economía Marino) Murillo me va a decir que no tiene ningún mecanismo para manejar el mercado? ¿qué locura es esa? ¿qué hace ahí entonces?".

"Vengo al fin del mundo a comprar lo mismo lo que un poco más barato. Ají, plátano macho, tomate; no es que me lleve nada del otro jueves para la casa. Lo más exótico que hay aquí es la mandarina", se queja.

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Comentarios [ 2 ]

Imagen de Cubanón Regusanón

Por eso,cando entro enestos supermercados de acá, todolimpio, ordenado, perfumado, bien presentado y extremadamente variado, me recuerdo de mis odiseas en cuba corriendo detrás delos camiones con viandas, haciendo cola en las placitas sucias de tierra, com,prando productos medio podridos a ver lo que se podía salvar, y me alegro una y mil veces de estar en este país.

Imagen de Anónimo

Oye esta gente no sabian, no saben , ni sabran hacer un pais y lo mas lindo es que no quieren aprender, no les interesa , no les conviene, ya ha joderse, ellos no van a parar, no les da la gana, no quieren que la gente se relaje, ni viva, para que no tengan tiempo de pensar en el tiempo y la vida que les ha robado, pues cuando la gente se percata de eso, le da una enfermedad, que se llama rabia y empiezán a morder la soga.