Domingo, 17 de Diciembre de 2017
15:08 CET.
Sociedad

Parques de diversión itinerantes, un negocio por cuenta propia en expansión

Los parques de diversiones itinerantes, una modalidad de negocio por cuenta propia, se han expandido en La Habana en los últimos años.

Algunos se componen de "inflables" para que los niños salten y corran sobre ellos. Pero otros han ganado en sofisticación e incluyen aparatos de metal que funcionan con energía eléctrica y pueden ser utilizados también por los adultos.

De este tipo es el que se hace llamar simplemente "Parque Infantil" en las papeletas que vende para acceder a sus aparatos y que viaja por los barrios periféricos de La Habana.

Por el precio de 5 pesos (moneda nacional) cada una, las papeletas, que contienen la imagen de Elpidio Valdés, abren el paso hacia los ocho aparatos, manufacturados por los propios dueños.

"Allá quien se monte en eso", dice Jesús. "Esas cosas son pedazos de metal soldados comoquiera. Fíjate si son frágiles que todas las mañanas tú ves a esta gente soldando otra vez el aparato que se usó anoche".

"A mí me parecen unos monstruos de película de terror", comenta Vivian. "Hasta me parece que en cualquier momento van a salir caminando solos como los zombis… Es que son tan feos".

La decoración de los aparatos tampoco ayuda. La pintura está descascarada y los caballitos del carrusel viejos. Algunos tienen carteles rotulados con letras nada uniformes que rezan "Las locas no pagan", y cosas por el estilo.

Otras personas tampoco quieren montarse porque les parece muy violento el movimiento de los aparatos. "En ese yo he visto gente vomitar y hasta desmayarse", asegura Eliany, refiriéndose a un barco que oscila en un ángulo de 180 grados a bastante velocidad. "Ni loca me monto".

Los gritos abundan en los dos aparatos para mayores de doce años. El otro, que las personas han bautizado "El exterminador", oscila hasta poner al público cabeza abajo.

"La idea de tener los pies para arriba y la cabeza para el suelo no me gusta ni un poquito", comenta una muchacha. "No sé si me darán deseos de vomitar, pero no pienso averiguarlo".

Los cinco pesos por vuelta en cualquier aparato parecen muy caros a la mayoría, lo mismo cuesta una ración de rositas de maíz o un algodón de azúcar.

"Esto es una renta", se queja José Antonio, un padre que ha ido al parque con sus dos hijos. "Pero no puedo decirle que no a los niños".

Cuando el parque se asienta demasiado cerca de las casas los vecinos se quejan. "A mí me lo pusieron enfrente", dice Julio. "La gritería era hasta la madrugada y la música la ponen altísima".

Sin embargo, para la mayoría de la gente el parque es un entretenimiento bienvenido.

"Para mí es muy lindo, porque los niños se divierten una barbaridad", dice Lidia, una maestra de primaria que lleva a sus hijos cada vez que el parque se instala cerca de su casa. "Ojalá que pusieran más aparatos".

Lo mismo piensan otros padres, que ven una ventaja en no tener que desplazarse grandes distancias para acceder a un poco de diversión.

"Si vives en Guanabo o en el Camilo Cienfuegos (Hershey), tienes que hacer un viaje larguísimo para llegar al Parque Lenin o a Expocuba. A veces llegas y hay una pila de aparatos sin funcionar", observa Carmen, quien asegura no tenerle miedo al barco ni al "Exterminador".

"Este parque se para en la esquina de mi casa y yo voy corriendo para allá y me divierto sin coger guagua", añade.

La mayoría de los trabajadores del parque son muy jóvenes y llevan una vida nómada. "Muchos somos de Sancti Spíritus", explica uno de ellos, "pero aquí hay gente de varias provincias, hasta de La Habana. Y no somos el único parque, cada vez hay más".

Se mueven por todo el país en sus propios camiones y tienen un tráiler donde cocinan, se bañan y lavan la ropa. Duermen en el mismo tráiler o en una carpa que montan entre los aparatos.

"Ahora queremos irnos para Matanzas, pero regresamos en febrero, para la Feria del Libro. Desde hace unos años venimos siempre y nos asentamos en los fosos de La Cabaña".

Aunque los precios puedan parecer caros a la población, este trabajador asegura que no ganan tanto. "Tienes que ver que andar en la calle no es barato. Tenemos que comprar la comida, la ropa y todas esas cosas. Yo no voy a mi casa en meses, así que no tengo la cuota de la libreta".

Para ellos es un trabajo duro. "No es fácil no tener un lugar fijo, te desgasta. Por eso aquí la gente es tan joven. No te puedes pasar la vida así, por eso la gente va y viene, sobre todo las mujeres, que en algún momento quieren tener hijos".

"Son como los circos de antes de 1959", compara la maestra Lidia. "Pero claro, sin animales".

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Comentarios [ 3 ]

Imagen de Anónimo

Dedicado para aquellos que dicen que todo esta igual, que nada a cambiado!!!!!.

Imagen de Anónimo

Faltan los animales y ya está, volvemos a los circos que pulularon por el país hasta la disparatada ofensiva del 68. Y pronto avanzaremos revolucionariamente hasta 1958.

Imagen de Anónimo

EN AGOSTO PUDE ESTAR EN LOS CARNAVALES DE MATANZAS Y LOS VI POR PRIMERA VEZ. PUEDES IMAGINAR UN ESCENARIO FUTURISTA DESPUES DE UNA GUERRA QUE DESTRUYO AL MUNDO , LOS NIÑOS QUIEREN DIVERTIRSE Y SUS PADRES CON LOS RESTOS CONSTRUYEN ESAS ATRACCIONES. EN ESPAÑA TODOS LOS AÑOS SE PRODUCEN ACCIDENTES MOSTALES EN UNOS APARATOS  QUE SON REVISADOS AL DETALLE POR INGENIEROS DE LA GUARDIA CIVIL, CON EXIGENTES LICENCIAS DE OPERACION Y UN SINFIN DE MEDIDAS DE SEGURIDAD. ¡ PADRES, TENGAN CUIDADO !.