Jueves, 14 de Diciembre de 2017
11:37 CET.
Propiedad

Las pérdidas derivadas de la Revolución y sus ironías

Ahora que representantes del Gobierno de EEUU y de Raúl Castro se comienzan a reunir para discutir sobre la compensación de las propiedades americanas confiscadas en 1960, parece menos académico que hace años hablar sobre tan complejo tema.

En efecto, desde la primera conferencia anual de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE por sus siglas en inglés) en 1991 en Miami, varios investigadores han estado analizando los diversos aspectos de este asunto. Pero ahora, en la práctica, tanto los que participan en estas conferencias como los muchos observadores interesados pueden vislumbrar y comenzar a entender no solo la naturaleza del nudo gordiano a desatar, sino también las consecuencias de la transfiguración política y económica de Cuba causada por el proceso revolucionario que empezó en 1959.

El tema puede enfocarse desde distintos ángulos. Por ejemplo, las reclamaciones de ciudadanos norteamericanos propietarios de activos en el momento de la expropiación se limitan al valor de los medios expropiados, más los intereses acumulados en el tiempo transcurrido. La pérdida total que así puede estimarse alcanza un orden de magnitud de miles de millones de dólares, pero puede decirse que es solo una fracción del valor total de las propiedades que el Gobierno revolucionario confiscó en Cuba desde 1959 y que incluye las pérdidas sufridas por los ciudadanos cubanos desde entonces. Sin embargo, tales pérdidas no son parte de las reclamaciones del Gobierno de EEUU. Las mismas tendrán que ser reclamadas individualmente por los dueños afectados o sus herederos.

Cabe aquí hacer varias observaciones. La primera es que tales reclamaciones involucran pérdidas materiales supuestamente compensables con dinero o concesiones de valor equivalente. La segunda es que hay infinidad de ex propietarios que por diversas razones, especialmente la de haber tenido pequeñas propiedades, carecen de una base legal o documental para hacer reclamaciones realistas. La tercera es que hay muchas pérdidas teóricamente compensables en dinero que no tienen una contrapartida en propiedades físicas, como construcciones, tierras o maquinaria y equipo. Se trata de propiedades intelectuales, como derechos de autor, patentes, o marcas; financieras, como depósitos bancarios o bonos del estado; más pérdidas por ingresos dejados de devengar, como salarios, pensiones, rentas, ganancias o intereses.

Cualquiera que sea el monto de las compensaciones que se reclaman por las expropiaciones de dueños americanos, se puede suponer que el monto de las pérdidas materiales de los ciudadanos cubanos cuando fueron expropiados es un múltiplo muy elevado del primero.

Aquí aparecen varias ironías que vale la pena destacar.

La primera es la desigualdad en la distribución de oportunidades al recibir compensaciones, si alguna vez esto llegara a ocurrir. Los principales beneficiados serían los inversionistas que estén asociados con las empresas americanas expropiadas. Después si acaso vendrían los cubanos que no tienen la misma oportunidad de ser compensados que parecen tener los inversionistas americanos, a menos que logren hacer reclamaciones exitosas por cuenta propia. Es obvio que la historia y sus turbulencias económicas y políticas han puesto a los cubanos en desventaja.

Pero otra ironía surge de la reclamación por parte de Raúl Castro de que EEUU compense  al Estado cubano por las pérdidas imputables al embargo. En todo caso, esas pérdidas fueron sufridas por los ciudadanos cubanos, no por el Estado. Lo extraordinario de esa demanda es que EEUU le pague al Gobierno cubano por las pérdidas de los cubanos. ¡Es como querer expropiarlos de nuevo!

¿Habrá alguna forma justa de compensación para esos cubanos? De esa pregunta se desprende otra: ¿y por qué las compensaciones han de limitarse a los que sufrieron pérdidas por expropiaciones? ¿Es que no hay otros cubanos y extranjeros que sin haber tenido propiedades también sufrieron pérdidas por las acciones revolucionarias?

Esta consideración expande la frontera de posibilidades de compensación al máximo teóricamente posible y todavía no cubre todas las pérdidas achacables a la revolución. Se queda fuera de esas posibilidades el inmensurable costo humano provocado por la pérdida de vidas, años de prisión, maltratos, exilio y todas las angustias que los cubanos han sufrido en el Estado totalitario.

En estas condiciones la solución más justa al problema de las compensaciones es que los cubanos puedan volver a ser dueños de su economía, que se hagan cargo de la recuperación económica del país y que puedan beneficiarse con los frutos de la reconstrucción. Pero el modo en que los inversionistas extranjeros o cubanos están dispuestos a negociar con el gobierno de Raúl Castro no es compatible con esa solución por varias razones.

Primero porque el mismo Gobierno excluye la participación de los demás cubanos en condiciones de igualdad con los extranjeros y unos pocos cubanos favorecidos por las autoridades. Y segundo porque esos inversionistas dependen de que el Gobierno cubano les dé el permiso para invertir y operar. Esto hace a tales inversionistas privilegiados en los beneficios que puedan derivarse de la normalización y usurpadores del derecho de los demás cubanos a ser compensados por la vía de la participación irrestricta en su propia economía. Lo cual plantea una cuestión moral insoslayable: si la forma más justa posible de compensación para los cubanos es participar directamente en los beneficios de una recuperación económica ¿por qué otros que no sufrieron pérdidas han de beneficiarse exclusivamente? ¿Cómo es posible hablar de una normalización de relaciones excluyendo a tantos cubanos de su derecho a ser compensados?

Lamentablemente estas consideraciones no están en la agenda del proceso de normalización de relaciones entre EEUU y Cuba. Por diversas causas, los cubanos se encuentran hoy de nuevo en una coyuntura donde fuerzas ajenas a sus intereses determinan su destino. Hay que reconocer que los intereses de la mayoría de los cubanos están indefensos. Creo que es resultado de un fallo de acción colectiva que nos ha hecho incapaces de unirnos y organizarnos en defensa de nuestros intereses comunes. Lecciones de la historia que deben aprender las próximas generaciones si quieren una Cuba libre.

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Comentarios [ 6 ]

Imagen de Anónimo

Muy buen articulo. Si hay compensaciones por el embargo deben ir a los ciudadanos y no  al estado. No se debe permiten que la nueva clase posean propiedades confiscadas pero no la ciudadanía.   

Imagen de Anónimo

a abrir los ojos estos castro estan vendiendo todo. vendia por los 90 a una empresa italiana el hotel presidente en 2 000 000 de dolares cayendose a pedazos y punto cero,barrio biltmore,nautico,la puntilla todo eso lo compensaran ahi vivian la gente de plata en cuba, ahora viven los dictadores ladrones ,sus bastardos,cucarachas,jineteras,putas ,mujeres y los perros que siguen a los castro y que usa pague que cara rota son estos sicarios de biran,la verdad que la china sin pliegue esta cada dia mas tosta....

Imagen de Anónimo

En resumen: "La fruta esta mas madura que nunca".. Despues de tanta babosada de antiamericanismos y luchas contra el anexionismo, creo que cuba esta mas lista que nunca para la anexion! Los cagastros ?Sin quererlo? han hecho todo lo necesario para que los americanos (y otras firmas extranjeras) tengan prioridad sobre los ciudadanos cubanos entregando asi el pais a otras potencias y dejando sin opciones al cubano.

Imagen de Anónimo

  muy bueb artículo....es un tema muy fundamental en la realidad cubana,...deberia llevar a la reflexion de los disidentes y el exilio......está mas que demostrado que bajo un gobierno socialista los cubanos nunca seremos dueños del país y sus destinos...seguimos insistiendo "hay que lograr detener las inversiones y los negocios  de los extranjeros", solo hacen financiar el modelo socialista donde la poblacion no se beneficia,...hay que hacerles entender que se aprovechan de la falta de oportunidades de los nacionales....que ninguna accion extranjera está destinada a un modelo de gobierno democratico, donde el protagonismo en la economia la tenga el pueblo, sus libertades y su capacidad emprendedora.(CENTRO DERECHA CUBANA)

Imagen de Anónimo

Su aclaracion es muy interesante, se ve que usted conoce el tema y se lo agradezco, pero que existan leyes internacionales que castigan "a quienes lucran con propiedades robadas". Entonces como es que los Castro poseen, viven y disfrutan en casas construidas por la burguesia cubana (termino no peyorativo) por poner solo el ejemplo de el llamado Punto Cero que comprenden mas de 40 casas y jamas han sido sancionados, cuando estoy convencida que  han sido denunciados???Le agradeceria ua alcaracion al respecto."

Imagen de Anónimo

Este autor parte de varios supuestos impracticables. Primero, las compensaciones se tendrán que producir necesariamente. No reconocer este derecho supondrá que en Cuba nunca podrá regresar la paz. Además, cuanto antes se acometa esta accion más fácil resultará reconducir la maltrecha nave de la nación. Segundo, es rotundamente falso que los inversores tengan más posibilidades que el resto para que se les devuelvan sus propiedades. Precisamente existe un delito que se castiga por el derecho internacional a quienes se lucran con propiedades robadas, y ahí también se abrirá un frente de demandas judiciales que tendrán que ser atendidas por los tribunales. Tercero, es mentira que no hay dinero. Los organismos internacionales FMI, Banco Mundial, etc, entregan fondos de manera generosa a los países que se empeñan en devolver las confiscaciones a sus ciudadanos. Experiencias tenemos de sobra. Lo que si que es cierto es que bajo el régimen de los Castro o su eventual transformación en otro engendro, nunca se devolverá nada a los cubanos ni se privatizarán los derechos de propiedad. Eso es cierto y no cabe tener esperanzas. Lo lamentable es que sea la nueva democracia que surja de las cenizas la que tenga que asumir el coste político y económico del desastre. Pero entonces, habrá que ser generosos por las dos partes.