Lunes, 18 de Diciembre de 2017
22:49 CET.
Corrupción

¿Involucionamos los cubanos?

A muchos no parece inquietarles el caos de corrupción que impera en Cuba. Tal vez por aquello de que allí donde todo es anormal, solo lo normal produce expectativa. Aunque más probablemente sea porque hoy la corrupción se ha convertido en fondo del paisaje en todo el mundo, como la línea del horizonte. Sin embargo, justo de ello se desprende lo más inquietante del comportamiento corrupto entre nosotros. Somos un caso único. Quizá de penosa involución humana.

Mientras que en cualquier otro país la corrupción actúa como excrecencia, como conducta más bien propia de funcionarios, políticos, malhechores y magnates, en la Isla se presenta orgánica y sistémica, atañe a todos, sustituye al trabajo y a su agente natural, la eficacia económica. En ninguna otra nación —y nunca antes en la historia de la nuestra, desde los tiempos coloniales— la corrupción ha conseguido permear y pudrir todas las estructuras económico-sociales, estando a cargo, con mando absoluto y sin contrapartidas institucionales.

Por un milagro de sui géneris dictadura, nuestros caciques viraron al revés aquella teoría de índole marxista, según la cual la moral es una superestructura condicionada por la realidad económica. Aquí la realidad económica (es decir, su crisis crónica) es superestructura que condicionó el trastorno totalitarista de la moral.

Siempre hubo pobres en Cuba. Siempre fueron muchas las personas cuyos ingresos no alcanzaban para satisfacer necesidades de primer orden. También existieron siempre —aunque quizás no en cifras tan alarmantes como las actuales— menesterosos, excluidos, vagos, indigentes, rastrojos sociales. Mas, lo nuevo, lo que no halla antecedentes en la historia de la familia cubana, es esta opción por el delito que hoy nos marca como norma común de supervivencia.

"Pobres pero honrados." Podría decirse que sobre este lema fue fundada nuestra nacionalidad, al menos en lo que respecta a los pobres. Ni en los más hambreados años de la dictadura de Machado, ni en los días más convulsos y crueles de Batista, la gente humilde de nuestra Isla delinquió en masa como lo hace hoy en día. Es que ni siquiera en los tiempos perversos del dominio colonial.

La corrupción, la falta de decencia como práctica generalizada y sistemática eran cotos casi exclusivos de los políticos, de los poderosos, pero a la generalidad de nuestros hogares humildes jamás podía llegar alguien con un producto robado sin que se le exigieran las correspondientes explicaciones y el reparo.

¿Qué nos ha sucedido? ¿En qué momento y cómo empezamos a torcer aquella tradición tan arraigada como otras que también perdimos? ¿Cómo es posible que un pequeño grupo de individuos de tan mal talante y peor ralea nos cambiara el carácter de forma radical?

Escarbar en la yema de estas interrogantes es en verdad lo más provechoso que podríamos hacer hoy. En primera, todos los cubanos, donde quiera que estemos; y en segunda, todos nuestros activistas democráticos y opositores al régimen.

Y desde luego que esa búsqueda tendría que partir del punto y de la hora exacta en que el castrismo empezó a desmontar y a reformular a la diabla, a demencial capricho, al dedo que dispone según batan los vientos, todas las estructuras económicas y sociales, las costumbres, las tradiciones, la cultura, las buenas maneras que distinguieron desde siempre al cubano como un ser honrado, trabajador, hacendoso, apegado a la familia y responsable ante las leyes.

La tarea sería ardua y seguramente demorada. Pero no queda otra. Además, tampoco existe la menor duda de que solo podrá ser llevada a cabo en democracia.

La última vez que el régimen exteriorizó su preocupación por este caos corrupto que nos hizo involucionar, fue hace apenas unos días, durante la sesión final de la Asamblea Nacional del Poder Popular en 2015. Pero claro que, como de costumbre, enfocaron el fenómeno mañosa y superficialmente, partiendo de un principio básico para ellos: buscar las causas fuera de su entorno, ahora entre la tan propicia iniciativa privada y en el trabajo por cuenta propia.

Lo mismo ocurre cuando se animan a señalar culpables dentro del aparato estatal. En días atrás la Controlaría General le pasó inspección a 212 empresas del régimen, una faena para la que debió movilizar a más de 2.000 auditores. Pero, naturalmente, nadie sabe a derechas (no lo sabremos nunca) cuántas barbaridades fueron detectadas, o cuántas no fueron ni siquiera buscadas.

De cualquier modo, tampoco serviría de mucho conocer detalles. Guiarse por el número de funcionarios, administradores y aun de ministros que sean sustituidos, para concluir que el régimen está librando una exitosa pelea contra la corrupción, no solo sería erróneo, también sería un error ingenuo. La única manera de avanzar más o menos en el control de las prácticas corruptas —que ya forman parte de nuestras nuevas tradiciones— es combatiéndolas desde un cambio radical en los sistemas, tanto en el que inspecciona como en el que gobierna.

La razón que no tiene conciencia de sus propios límites es una débil razón, nos advirtió Pascal. Y he aquí el caso de esos guardianes de la moral de los ejecutivos cubanos, la Controlaría General de la República con su jefa Gladys Bejerano.

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Comentarios [ 13 ]

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Excelente artículo, felicitaciones al autor.

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A mí, no me queda ninguna duda. Somos los cangrejos del mundo. El Lapón Libre.

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@ Anónimo - 8 Ene 2016 - 7:36 pm.Su jabita la puede recoger en el Ministerio de Educación. La suya es especial con libros de ortografía. LOL!

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¿Cuándo empezó el camino que condujo hasta esto? Pues en 1959...

Imagen de F.Hebra

Anónimo - 8 Ene 2016 - 7:36 pm : (Sobre su crítica a otra persona que comentó)  Pudrir y podrir, ambos son correctos y aceptados por la Real Academia de la Lengua Española. La norma culta, tanto en España como en Hispanoamérica  es siempre con "u", con la excepción del participio "podrido". Instrúyase, ¡ignorante!

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La corrupción de estos tipos de gobiernos es general, es uno de los motivos por lo que se mantienen en el poder tanto tiempo. Quien haya vivido el proceso de la revolución cubana sabe que ese gobierno, ese sistema y por ende, sus ciudadanos, viven gracias a la corrupción, avalada ahora por el gobierno norteamericano...

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Se escribe podrir, nunca pudrir. Cuiden el idioma, balseros!

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Siempre dije que lo peor que han hecho los Castros no es llevar a un Pais completo a la pobreza sino hacer que toda una Nacion y sin exepciones, haya perdido toda su moral, consiente o inconsientemente y casi obligatoriamente que es peor. Ese es precisamente el unico motivo porque esa Dictadura aun sigue viva: "Un Individuo sin Moral no tiene nada que reclamar" sino buscarle la salida a los problemas por otro lado. Por ello somos tan orgullosos cuando gritamos a los cuatro vientos: EL CUBANO SE CUELA POR EL HUECO DE UNA AGUJA (La frase mas horrible y asquerosa que a salido de la boca de un cubano).

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Corrupción Cagatrista??? Eso no es redundancia????

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El comunismo no es un modelo político-económico que el hombre ha querido imponer, es una utopía, un modelo teórico cuyo nombre diversos gobiernos totalitarios han utilizado como justificación para imponer sus dictaduras. Nada más lejos del comunismo que el de la desaparecida URSS y los países satélites de Europa Oriental de aquel entonces. Tampoco es comunismo ese aberrante sistema que sufre nuestro país. El comunismo, decía mi padre con su sabiduría no adquirida en universidades, es un sistema excelente... pero hay que comprarlo hecho porque no hay quien lo construya.