Sábado, 16 de Diciembre de 2017
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Propiedades

El viaje checo hacia la democracia no ha acabado

La República Checa ha vivido toda la película. Ha hecho todo su esfuerzo por unirse a las estructuras y economías occidentales, a la Unión Europea (UE) y a la OTAN. Paso importante, no muy evidente entonces, y del que se pueden ver ahora sus consecuencias, pasados los hechos.

En los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial y en los primeros años después de terminada, influyentes políticos democráticos checos promovieron la idea de que el país fuera un puente entre el oeste y el este. La idea estaba enraizada en circunstancias históricas particulares, y aunque probó ser fútil en 1948, el año del golpe comunista, no murió nunca.

La liberalización de la Primavera de Praga en 1968 dio surgimiento a planes similares, que consistían en una tercera alternativa entre socialismo y capitalismo, circunstancias históricas muy específicas, que dieron lugar a que unirse a la OTAN y a EEUU no fuera una meta automática en 1990.

Después de la Revolución de Terciopelo, el Ministro de Asuntos Exteriores de la Checoslovaquia democrática estuvo jugando con la idea de abolir tanto el Pacto de Varsovia como la OTAN.

La cuestión es, en última instancia, de liderazgo, y en ese particular la República Checa fue bendecida, al menos en el periodo de 1990 a 2002, por el excepcional liderazgo personificado por el presidente Václav Havel. Para un país entre pequeño y mediano, el liderazgo es más importante que para los grandes poderes. Havel cometió errores, por supuesto, pero desempeñó un papel crucial llevando el país hacia las estructuras europeas. Convirtiéndose en un símbolo de su tiempo y comprometiéndose con un discurso global, liberalizó a la República Checa, permitiendo a un país empobrecido, pelear por encima de su peso.

Cesó en su función en febrero de 2003 y cuando murió en 2011, se hizo dolorosamente claro que en su papel de líder era irreemplazable.

Cambios económicos y políticos

La reforma económica checa merece una carta de presentación más compleja. Hubo dos tipos de privatización de la propiedad estatal: la restitución de la propiedad ocupada por los comunistas y una privatización voucher a gran escala. La primera, fue muy exitosa.

La segunda, tuvo éxito en la transferencia de fragmentos de antiguas compañías estatales a manos privadas, aun cuando al mismo tiempo dio pie a la especulación masiva y más tarde al desmembramiento, en el cual las partes utilitarias de las compañías fueron separadas del resto, y dejadas en manos de administradores que dividieron el botín, mientras que las de menor valor fueron dejadas a inexpertos accionistas quienes cambiaron esas acciones por vouchers expedidos por el Estado. La abreviatura para esta operación es rip off.  

En Chequia las personas bautizaron estas práctica como "tunelování" o "tuneleo". Los años 90 de hecho expandieron nuestro vocabulario.

Durante la transformación económica los políticos comenzaron a acercarse a la nueva clase empresarial emergente. Los primeros escándalos concernientes al financiamiento de partidos políticos estallaron a mitad de los 90. La ley checa disponía fondos para el financiamiento público de partidos políticos. La escala de las campañas políticas antes de las elecciones es una clara indicación de que había en el juego mucho dinero de origen turbio con un claro objetivo.

El clientelismo corrupto de los políticos se cernió sobre los dos partidos más grandes, uno de izquierda y otro de derecha, creando un llamado "acuerdo de oposición" en el cambio de siglo (1998- 2002).

El acuerdo, una suerte de coalición no declarada, fue sobre la parcelación del Estado. Se hizo una fuerte presión a los abogados investigadores estatales, la policía, los jueces, y a veces incluso los medios públicos, para que evitaran investigaciones sensibles políticamente. La administración pública comenzó a parecer una broma obscena. Las autopistas checas son famosas por ser de tres a cuatro veces más caras que las alemanas, aunque resulten de mucha más pobre calidad.

La reforma del aparato de seguridad estatal fue un ejercicio concienzudo. La policía política comunista fue disuelta en 1990. Se legisló que ciertas categorías de colaboradores de la policía política y antiguos ocupantes de altos cargos comunistas no podían acceder a ciertas posiciones en la nueva administración estatal. Las personas a las que les fueron negados trabajos a causa de esta ley tuvieron el derecho de apelar en las cortes y algunas prohibiciones fueron revocadas después de la revaluación judicial.

Un aspecto más problemático de la temprana transición fue la confrontación con lo abusos de autoridad y crímenes del pasado. No hubo comisiones de "verdad y reconciliación". Muy pocos oficiales comunista enfrentaron a la justicia.  Para llegar a acuerdos recurrieron a la reticencia y a los antiguos jueces comunistas que soportaban la nueva estructura judicial.

El Partido Comunista no fue prohibido. Está vivo y sano atrayendo entre el 10% y el 15% en las elecciones generales.

El sistema político checo es parlamentario, lo que obliga a los partidos a formar coaliciones después de cada elección. El principal partido de izquierda, los socialdemócratas, adoptaron una resolución en los años 90 donde se prohibían a sí mismos una coalición con los comunistas. Obviamente, la resolución limita el potencial gobernativo de los socialdemócratas y ahora el partido tiene una nueva generación que está considerando el Gobierno con algún tipo de apoyo de los comunistas.

El hecho de que los comunistas no han sido parte de la clase gobernante a nivel nacional después de 1990, les ha permitido alegar que son diferentes de la elite corrupta y esto tiene su influencia en algunos votantes.

Durante los 90 la unidades de policía especial tuvieron mucho éxito manteniendo a los grupos de la mafia lejos del Estado, pero una preocupante tendencia de que el crimen organizado alcanzara a políticos de alto nivel apareció en el cambio de siglo. La República Checa no tiene oligarcas al estilo de Rusia, aunque algunas lucrativas privatizaciones fueron manejadas por sospechosos personajes con inescrupulosos métodos.

Algunos de los nouveau riches fueron antiguos comunistas con conexiones internacionales, con habilidades y conocimientos de lenguas extrajeras. Ellos negociaron estas posiciones dentro del sector empresarial.

La combinación de privatizaciones turbias, escándalos de corrupción y complicidad directa, o por lo menos, una actitud indulgente hacia la corrupción por parte de algunos líderes políticos, creó la impresión entre los ciudadanos de que el éxito en los negocios es inmerecido, de que eres sospechoso si tienes dinero.

No hay dudas de que hay muchos, quizás la mayoría de la gente exitosa, que lo han obtenido como resultado de su trabajo arduo y perspicacia en los negocios. Sin embargo, la atmosfera está envenenada por las manzanas podridas, en nuestro caso, un pequeño huerto de manzanas podridas.

Imagine una compañía con una pobre dirección en la cual usted tiene miedo de hablar abiertamente con sus jefes porque no confía en ellos y de alguna manera intuye que ellos han estado sistemáticamente sorteando los límites de la ética. El resultado es una lealtad con olor a debilidad. Esta es la atmósfera en la sociedad checa. Si no se revisa y se trata especialmente en las crisis esta situación puede conducir a una dependencia tenue de las personas con el orden democrático.

Las lecciones del desastre

¿Cuáles son las lecciones del desastre, luego de ocurrida una transición exitosa hacia la democracia? Cuando se va a lidiar con el pasado lo más difícil de aprender es la mezcla apropiada de prudencia y castigo que se ha de lograr. Después de la terrible y criminal era comunista, el instinto natural es prohibir, disolver y rápidamente castigar a todos aquellos que cometieron crímenes.

Aunque cualquier revolución solo puede ser exitosa si los oportunistas se unen a ella. Eso es decisivo. En Checoslovaquia los precavidos oportunistas tenían influencia entre los estudiantes que eran líderes en 1989 y también, en buena medida, entre los artistas, celebridades y actores. Tenían buena reputación. Cuando el régimen comunista los perdió fue una señal de que quizás era seguro cambiar de bando.

1) Considerar la estabilidad.

No puedes despedir a todos los jueces. No puedes disolver la autoridad del Estado. Los compromisos son necesarios. Es cierto, si no hay castigo para los crímenes, o no hay compensaciones o reparaciones, se está debilitando la legitimidad de su futura democracia. Al menos es crucial un claro entendimiento por parte de la mayoría de que el antiguo régimen era criminal.

Esto debe ser una simbólica línea roja. El balance entre la justicia y la prudencia es extremadamente difícil de conjugar.

2) Considerar las reformas económicas como algo que tiene que estar normado por la ley.

La mayoría de los cubanos no perciben la liberalización y la privatización como robo organizado. Habrá algunos que discutan que las reformas económicas se tienen que hacer muy rápido, y esto es parcialmente cierto.

Habrá razones para apurarse.

Aun así, el trabajo rápido debe hacerse con énfasis en la legalidad, simple, transparente y aplicable a todo el mundo. Las regulaciones de negocios apropiadas deben estar antes de que se empiece con los mercados de capital y bancos. Tienen que haber antes sólidas leyes de impuesto.

Es crucial para el buen gobierno del Estado y los mercados una buena e independiente regulación, fuerte y sencilla. Sin ella los mercados no son los de Tocqueville, los de interés propio. Si no serán solamente para incrementar las rentas a cualquier costo.

3) Finalmente, el liderazgo tiene un componente moral que confiere legitimidad.

No es filosofía vacía ni moralina. Es una demanda muy práctica. El presidente fundador de Checoslovaquia en 1918, Tomas Garrigue Masaryk, creía que los Estados se mantienen por las ideas sobre las cuales fueron fundados. Y es cierto.  Los Estados se recrean a sí mismos sobre las reglas que existían desde su origen.

El viaje checo hacia la democracia y la economía de mercado es una transición que ha sido exitosa, pero no hemos recuperado el estatus que teníamos en los años  1920 y 1930, así que todavía hay mucho por hacer. Es una historia con final abierto.

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Comentarios [ 4 ]

Imagen de Anónimo

En Cuba necesitamos personajes como Vaclac Havel y el lider de Solidarnosc, Lech Walesa. Por desgracia, el castrismo ha destruido las bases morales de la sociedad cubana con tanta maldad y profundidad que es difícil que en la actualidad o en las próximas generaciones surjan liderazgos capaces de transformar el monstruo creado por el estalinismo castrista. No lo hay. Ahi está la gran diferencia.

Imagen de Anónimo

Nos vale la experiencia checa porque vivieron el trauma de un comunismo impuesto (la Primavera de Praga de 1968 demostró el odio al totalitarismo soviético e inspiró otras revoluciones en Europa). Los checos han sabido resarcir y compensar poco a poco los desmanes y robos del comunismo y hoy es un país serio y civilizado en camino a una democracia sólida Gracias por ilustrarnos de que el cambio con la ley en la mano es posible. 

Imagen de Anónimo

Muy buen articulo.pero el problema en cuba es que la dictadura comunista.o sea los Castro no quieren reconocer que ya sus dias estan contados.hasta el final quieren mantener el control.pienso que para asegurar la inmunidad de sus descendientes.aun cuando ven el desastre y la miseria en que han sumido al pais todavia casi muertos se aferran al poder.esto es lo peor que pasa en cuba.no quieren dejar que hallan otros partidos.no quieren que la gente tenga otras opciones.es muy triste lo que esta pasando..

Imagen de Joshua Ramir

interesante articulo, estas experiencias nos deben servir.La traduccion mas bien malembe...