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Alimentación

¿Carne de res, qué es eso?

La falta de proteína en Cuba es ya un mal endémico. Ni en las tiendas en divisas se vende apenas nada.

Santiago de Cuba

"Pollo por pescado y pescado por pollo", reza escrito con tiza en una maltrecha pizarra de una carnicería de Veguita de galo, un barrio de Santiago de Cuba. Los productos tienen fechas de caducidad próximas, pero la misma pizarra dice con grandes letras más abajo: solo 24 horas, NO HAY FRIO.

"¿Qué llegó?", pregunta Orlando, un jubilado de 79 años, a Rafael, de 81: "Traen pescado por pollo". Orlando mira con resignación la aglomeración frente a la carnicería mientras se dispone a pedir su turno.

Después de meses desaparecido, el pescado vuelve a formar parte de la dieta del cubano; el jurel en Santiago de Cuba o la sardina en Guantánamo. La multitud espera ansiosa sus 17 onzas. Mucho tiempo sin comer pescado frito.

Es la intríngulis de la proteína, como se podría llamar a la constante lucha por lograr su presencia en la dieta diaria del cubano de a pie. Con el desabastecimiento alimentario, el sector proteico es el más sufrido. De esta carestía no se salvan ni las tiendas en divisas, antes bien surtidas de cuartos de pollos, pavo, vísceras y algún que otro embutido, y ahora, para asombro de los clientes, con los refrigeradores vacíos durante semanas.

El inesperado cambio del pescado al pollo, aunque contentó a muchos, se espera que no sea duradero. El pollo normado mensual se convirtió en el santo grial de las proteínas en Cuba. Es la carne "preferida" de las nuevas generaciones, desconocedoras de otras. El hecho de que sea importado de Estados Unidos o Canadá, lo pone en la categoría de exquisitez, en oposición al cerdo, más accesible y barato.

No importa que este pollo importado sea engordado como un cerdo y rezume grasa por todos lados. La mayoría de los cubanos se come el pellejo, hace chicharrones de los gorditos y aprovecha la grasa para cocinar. De hecho, una de las variedades más anheladas en las shoppings es el llamado "carapacho de pollo", consistente en el esqueleto dorsal del ave. No hay miedo al colesterol alto, una vez al mes no hace daño. El ofrecimiento avícola para el mercado nacional se compone de gallina, cuando aparece, así que estos pollos no tienen competencia.

Según muchos, el mar se había secado, broma nacional para señalar la ausencia de pescado en la canasta básica. Las ofertas de las pescaderías estatales resultan desilusionantes: muelas de cangrejo, croquetas y chorizo de pescado. Los pocos pescados que se venden se dejan para los fines de semana, tencas y clarias fundamentalmente, especies invasoras que han exterminado a la endémica tilapia.

Estamos obligados a ser vegetarianos. El arroz es el plato fuerte y principal, acompañado por alguna vianda o huevo cuando se puede. Las prohibitivas carnes tratan de dejarse también para los fines de semana. No es de extrañar que las nuevas generaciones tengan deficientes hábitos alimenticios, su desconocimiento es tal que muchos nunca han probado camarones, conejo y mucho menos la sacrosanta carne de res.

Se esperaba que las recién estrenadas relaciones con el poderoso vecino mejoraran este primordial aspecto de la existencia, pero hasta ahora las cosas han ido empeorando. Así lo constató una cubana residente en Miami, que asombrada por el frigorífico vacío de una shopping, solo atinó a sacar su cámara y decir: "Tengo que ponerlo en el Facebook".

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