Viernes, 15 de Diciembre de 2017
19:50 CET.
Educación

Pioneros en Manhattan

A mediados de los años 70, el recientemente fallecido periodista mexicano Jacobo Zabludovsky decidió hacer un experimento. Entrevistaría a los hijos de los funcionarios de la embajada cubana en México DF. Nada complicado. Preguntas elementales como "¿A quién quieres más?", "¿Qué quieres hacer cuando seas grande?" Nada que alarmara a los funcionarios que debían autorizar la entrevista. La segunda parte del experimento era —al parecer— igualmente inofensiva, y consistía en hacerle las mismas preguntas a niños mexicanos.

Lo verdaderamente revelador fue presentar en televisión en conjunto el resultado de ambas encuestas. Así, mientras los niños locales afirmaban amar más a su mamá o a su abuela y de grandes querer ser como cierto futbolista o personaje de cómic, los cubanitos decían querer más a Fidel o a la Revolución y que cuando crecieran serían como el Che o sacrificarían su vida por la Patria.

Zabludovsky trascendió por sus entrevistas a gente famosa en todo el mundo, por su conducción durante décadas de programas noticiosos en su país, pero la noche de aquella emisión le cambió la vida al menos a una persona. "Me sentí como un robot", me contó muchos años después uno de aquellos niños cubanos. Verse soltando aquellos lugares comunes de la propaganda oficial, uno tras otro, cuando resultaba bastante más natural querer más a la abuela que al gobernante del país. Como resultado de esa experiencia, aquel niño decidió que en lo adelante dedicaría todos sus esfuerzos a  escapar de aquel país al que su padre representaba.

Por supuesto que fue esa una experiencia bastante rara para los niños cubanos de aquella generación. Para la casi totalidad de los niños cubanos, aquellas consignas, aquellos lugares comunes fueron lo más normal del mundo. La exposición Pioneros: Building Cuba's Socialist Childhood, que acaba de clausurarse en Nueva York al cuidado de María Antonia Cabrera Arús y Meyken Barreto, es un intento de reconstruir aquella "normalidad", aunque la colección de juguetes, uniformes, diplomas, expedientes escolares, libros, etc, expuesta en una sala en medio de la Quinta Avenida neoyorquina resultara una suerte de naufragio doble.

Por una parte, el naufragio de un proyecto abandonado hace bastante tiempo (aunque sus efectos sigan vigentes) y, por otra, el desamparo intraducible que enfrentan esos mismos objetos en una ciudad tan ajena como es el Nueva York de 2015. Aunque puede que me equivoque en lo segundo y no haya ciudad más afín a tal exhibición que esa, obsesionada con el reciclaje de modas y exotismos.

Unos objetos salvados de milagro

El milagro puro de que haya sobrevivido esa muestra de objetos que en casi cualquier parte del mundo hubiesen ido a parar al más allá de los tarecos inservibles, es parte de la historia que cuenta esta exposición. La historia de generaciones aferradas a cuanta cosa les pasara por delante, tarecos insignificantes que, de pura escasez, se volvían únicos, irremplazables. La historia de generaciones educadas en el materialismo dialectico e histórico por un sistema que, al mismo tiempo, llevaba a cabo una guerra a muerte contra la materia misma. La historia de familias individuales y concretas cuyo coleccionismo, voluntario o forzoso, encuentra sentido en una exhibición como esta. En cualquier caso una historia muy poco excepcional, si se tiene en cuenta que hubo una época en que un tercio de la población mundial estaba sometido a experiencias similares.

En una conferencia complementaria a Pioneros…, un grupo de especialistas se encargó de compartir sus experiencias en diferentes partes del antiguo bloque comunista, experiencias que resultaron muy afines en lo esencial, incluyendo ese  sentimiento compartido de "normalidad".   

Tan complejo como necesario es intentar reconstruir el pasado reciente, no solo desde los textos constitucionales, declaraciones, leyes, estadísticas o reconstrucción documental de episodios famosos, sino también desde la más elemental y rutinaria materialidad. Sobre todo en un caso como el de la sociedad cubana de las últimas cinco décadas y media en que los archivos donde se deberían reconstruir el pasado del país son usualmente inaccesibles, las estadísticas falsas, y abismal la distancia que separa las descripciones periodísticas de la realidad y la realidad misma.

Una reconstrucción material de la vida cotidiana bajo el castrismo en su etapa clásica revela sin esfuerzo la esquizofrenia de aquella normalidad. No solo por la desoladora pobreza de un régimen establecido para "satisfacer las necesidades siempre crecientes de la población", sino por la contradicción entre las declaraciones de principios sobre sus intenciones de "garantizar la formación multifacética de la niñez y la juventud" y un "desarrollo pleno de las nuevas generaciones" y las muy escasas opciones que ofrecía fuera de la "moral comunista", la "fidelidad a la Revolución", "el odio al imperialismo" y "el amor a las instituciones armadas y a la clase obrera y a su partido de vanguardia".

La inmediata identificación que se produjo entre buena parte de los visitantes cubanos con los objetos que exhibía Pioneros: Building Cuba's Socialist Childhood revela que, pese a la inevitable brevedad de la muestra, esta era lo suficientemente representativa. Eso dice no poco de lo uniforme de una sociedad con un repertorio material —y espiritual— tan escaso. Y es que pese al extremo cuidado de las curadoras en diversificar la muestra, en extenderla no solo al plano escolar estatal sino al familiar y privado, pese a su insistencia en los modos alternos de quienes sentían la necesidad continua de defender su individualidad frente a las imposiciones estatales, lo que queda patente era el carácter ubicuo de una ideología pero también de una ética y una estética que apenas dejaba espacio a la inocencia simbólica.

Certificados, diplomas y medallas

Llamaba la atención en la exposición que, en medio de tanta pobreza material, hubiese un muestrario tan amplio y variopinto de certificados, diplomas, medallas, bonos de trabajo voluntario. Se trata de eso que en la nomenclatura del régimen se conocía como "estímulos morales", una palanca fundamental, aseguraban los teóricos (empezando por el Che Guevara) en el establecimiento de una sociedad comunista. "Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material —decía el Che— hay que hacer al hombre nuevo. De allí que sea tan importante elegir correctamente el instrumento de movilización de las masas. Este instrumento debe ser de índole moral, fundamentalmente."

Y estos papelitos impresos pueden servir de excelente ilustración de en qué consistía esa moneda "moral" que supuestamente servía para comprarte el ascenso en el escalafón de la nueva sociedad. Porque la normalidad en que debía transcurrir la vida de los niños cubanos no debía desconocer el hecho de que lo que en realidad se trataba de producir era un tipo diferente de ser humano que ayudara a construir una sociedad desconocida hasta entonces. Un espécimen que, de acuerdo con los principales textos que delineaban su diseño, sería mitad trabajador, mitad soldado y, en general, lo bastante infantil e inocente como para estar a salvo de cualquier influencia corruptora y, de paso, anular por completo su capacidad de decisión.

Y en esto hay que reconocer la transparente honestidad del régimen cubano cuando declaraba en sus Tesis y resoluciones en la formación de la niñez y la juventud al Primer Congreso del Partido Comunista que "Uno de los objetivos supremos que tiene ante sí el Partido Comunista de Cuba es la formación del hombre comunista, cuya acción social esté condicionada, desde las edades más tempranas, por un modo de vida que conduzca, indefectiblemente, a interiorizar en él los rasgos de carácter, convicciones y moral comunista".

Y no se trataba de una bravuconada al estilo de las tantas empresas faraónicas en que se enredó el régimen en aquellos años. A diferencia de esos otros casos, para este proyecto totalitario de fabricar "hombres nuevos" en serie le sobraban los medios. Así podía permitirse convocar a los "diferentes organismos del Estado, las organizaciones políticas y de masas, los medios de difusión masiva, la familia y la sociedad toda" a "actuar al unísono y regidos por una misma política en este proceso formativo, complejo e integral".

Más oscura pero no menos disuasoria era la advertencia del régimen contra los intentos de "desviar" la "conciencia socialista y deteriorar sus valores políticos, morales, culturales y filosóficos" de las "nuevas generaciones". Es en el acápite "Sobre la formación de la niñez y la juventud" de las Tesis y resoluciones del Primer Congreso del PCC donde se llama a mantener "una política de firme rechazo a toda manifestación negativa, y aplicarse a un plan permanente que, junto a la política de persuasión, contemple las medidas adecuadas contra las manifestaciones antisociales que atenten contra las normas de convivencia social y de la moral comunista". Y en el artículo 8 del Código de la Niñez y la Juventud de 1978 (todavía vigente) se enuncia que "La sociedad y el Estado trabajan por la eficaz protección de los jóvenes ante toda influencia contraria a su formación comunista".

"Manchas en el expediente"

No obstante, un régimen que en las tareas de vigilar y castigar era tan constante como discreto, ha dejado poca huella material de sus empeños represivos. Incluso así, Pioneros… ofreció a la curiosidad del visitante uno de aquellos "expedientes acumulativos" que resumía el paso de cada estudiante por el sistema escolar y al que irían a parar las famosas "manchas" con que a cada rato amenazaban los profesores ante algún comportamiento considerado inaceptable.

No sé hasta qué punto sea transmisible a un no iniciado el terror del estudiante ante la amenaza de que una "mancha en el expediente" le descarrilaría la vida en una sociedad que se consideraba a sí misma poco menos que perfecta. Hay ciertas modulaciones de aquella normalidad totalitaria que son intrasmisibles. Hubiera sido útil, sin embargo, haber creado algún dispositivo para acceder al interior de tal expediente, aunque solo fuera para apreciar el interés del sistema por informarse sobre la afiliación religiosa y política de los estudiantes y de sus padres y sobre su grado de "integración revolucionaria". Quiero pensar que tales detalles no le pasarían desapercibidos a un público tan sensible a este tipo de curiosidad estatal por sus propias convicciones públicas y privadas.

Sobre el éxito —debatible— de este minucioso sistema de modelaje humano, la exposición Pioneros… fue menos explícita pero sin dejar de ser sugestiva. Como muestra de lo que se esperaba de un estudiante una vez que pasara por los niveles de enseñanza primaria y secundaria en Pioneros… se exhibió el curioso pero no inusual juramento que se exigía en 1969 a los estudiantes del Instituto Tecnológico Julio Antonio Mella. Un juramento que lo mismo comprometía a "renuciar [sic] al ejercicio libre de nuestra profesión poniendo todos nuestros conocimientos al servicio de nuestro pueblo o de cualquier pueblo del mundo que lo necesite" que a "cambiar, si fuese necesario nuevamente las herramientas de trabajo por las armas para defender los logros de nuestra Revolución contra un ataque de nuestro más odiado enemigo: el imperialismo norteamericano".

Como aquellos pioneritos de la embajada cubana en México, estos estudiantes juraban estar "dispuestos a legar por el porvenir de la humanidad nuestras vidas, si fuese necesario, para destruir a los enemigos de los pueblos y así hacer más patente lo que Cuba a diario ratifica ante Latinoamérica y el mundo, el lema de: 'Patria o Muerte, Venceremos'".

Más interesante aún es el acápite del juramento en que el estudiante rechazaría "erigirle un altar al Dios Dinero y postrarle a sus pies la conciencia de los hombres" en nombre del principio basado en "crear riquezas con la conciencia y no conciencias con la riqueza". Interesante y hasta irónico si se ve cómo en estos días generaciones de cubanos educados en esos mismos principios se entregan al experimento capitalista con un entusiasmo imposible de hallar en casi ningún otro sitio del mundo.

Pero no se puede decir que aquel otro experimento por el que pasaron los cubanos que crecieron en la Cuba postrevolucionaria y que intentó reconstruir la muestra de Pioneros: Building Cuba's Socialist Childhood fuera un total fracaso. Sus efectos, duraderos, se pueden percibir en buena parte de aquellas generaciones, donde quiera que se encuentren. Si no en el entusiasmo por el antiguo proyecto para el que fueron formados, al menos en la desazón y la perplejidad que les ocasiona a aquellos viejos hombres nuevos el mundo ajeno a aquella "normalidad" en la que crecieron; en la incapacidad para entenderse a sí mismos como parte de un mundo para el que, después de todo, no fueron creados.

De algo de esa perplejidad ante el mundo —ante esa normalidad capitalista dentro o fuera de Cuba— parecían hablarnos las fotografías del artista Geandy Pavón incluidas en la exhibición, que muestran a una niña completamente uniformada como "pionera" frente a diferentes emblemas de esa otra realidad: una tienda de Target, el perfil de Nueva York, un viejo carro norteamericano o el ratón Mickey.

El desamparo expresado en esas imágenes puede ser el reverso de la tendencia de sucesivas generaciones de cubanos a asociar ciertas experiencias, objetos o referencias culturales a esa forma de la felicidad que es no entender nada. De ejercer la nostalgia allí donde parece menos comprensible. O como diría la madre de un amigo de manera más elemental y diáfana: "Allí el que se salva queda bobo".     

'Pioneros: Building Cuba's Socialist Childhood'

La muestra, al cuidado de María Antonia Cabrera Arús y Meyken Barreto, exhibió en Nueva York una serie de objetos relacionados con la niñez en Cuba durante los años 60, 70 y 80, en un intento por recoger 'la historia de generaciones educadas en el materialismo dialectico e histórico por un sistema que, al mismo tiempo, llevaba a cabo una guerra a muerte contra la materia misma', según reseña el escritor Enrique del Risco.

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Comentarios [ 31 ]

Imagen de Anónimo

Que Nostalgia y bellos Recuerdos me Traen de mi bella Cuba que nunca abandonare me recuerda el Campismo Juegos en la Calle la Familia Amigos las tardes Jugando corriendo por todas las calles parques reunido con amigos familia intentare hacer mi coleccion excelente idea 

Imagen de Anónimo

Del Ano 7:22 am. Errata. Quise decir desde el año 1959.

Imagen de Anónimo

Si yo tuviera el poder, cuando cayera el comunismo en Cuba, haría polvo todo lo que tuviera que ver con ese nefasto periodo que comenzó con el annus horribilis de 1950. Y prohibiría, con pena de cárcel y altas multas la más leve mención de tal periodo. Ignorarlo, como si no hubiese existido. Olvidarlo. Y enterrarlo para siempre. Y jamás.

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No entendí ni papa, el militante antcastrista Enrisco está a favor o encontra de la exposición post-soviética? Según yo debería estar en contra porque el término "post-soviético" no refleja el carárcter sanguinario de la dictadura.-

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Si quieres cambiar a Cuba tienes que luchar contra el cubano y no contra Castro.Castro sabe pensar , quien no sabe hacerlo es el pueblo de Cuba.Angel Hernandez

Imagen de Anónimo

Un ser inteligente no forma parte y mucho menos se integra algo que atenta contra su propio ser.  Una muestra de que el cubano no es el picado o inteligente como se hace creer, esta que este no pude romper con el cordon umbilical que lo ha atado a Castro toda su vida. Al final todos sienten nostalgia por su pasado y regresan casa de papa, como el niño mal criado que se enojo con la figura de su padre porque este no le daba todo de lo que esperaba de su padre. Al final no son ni fueron anticomunistas ni antisocialista. Son resentidos contra la figura de padre que les pateaba el culo sin explicación alguna, nunca pudieron entender la conducta de su padre Castro y pero aun no pueden romper con el hoy! Eso se llama psicoanálisis, que Castro jugo muy bien con todo su pueblo. Por eso hoy están favor del levantar el embargo y de las reformas económicas sin molestarle que la figura de papa este ahi, al final el es padre de todos ellos. En su subconsciente se sienten como Alina la hija de Fidel, llena de contradicciones con sabor agridulces entre los labios frente a la figura de su gran padre. Eses es el cubano. 

Imagen de Anónimo

Conclusion: Todo aquel que trato de integrarse a ese sistema dictatorial, no es ni sera jamas un ser inteligente. Solo justifico aquellos que trabajaron para la manutención de sus hogares sin aspiración alguna y porque no tenían otra  opción. Pero aquellos que pretendieron y buscaron vida dentro del regimen con aspiración llenos de retenciones y que hicieron lo posible por escalar dentro de esa maquinaria, grasienta y carnívora de la revolución, es un acéfalo. Cuando un ser inteligente, tiene conciencia que ha nacido en prision o es un esclavo, solo tiene dos cosas en su mente, escapar o deshacerse de quien le somete y no tiene tiempo ni cabeza para guaracha y mucho menos aspirar a jefe de galera. Eso solo lo hacen los mediocres de vista corta.

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al 4:40, de la misma generación y mi hijo creció en Canadá, se les enseña historia a los niños aquí. Sí se le enseñó a mi hijo también aquí en Canadá a respetar valores morales en la escuela y no a ser simplemente "robot consumista". Se les enseña, por ejemplo, de Terry Fox, quien es un héroe aquí, no por haber peleado en una guerra con un fusil, sino por haber intentado crear conciencia sobre una enfermedad como el cáncer. Siendo cojo, Terry Fox trató de correr a través de todo Canadá para recoger dinero y donarlo a la lucha contra el cáncer. Tiene una estatua frente al edificio de gobierno en la capital. A mi hijo en la escuela le enseñaron ese ejemplo, entre otros, y se les daba la oportunidad (voluntario) a los niños de donar parte de su tiempo para hacer campaña y recoger dinero para diversas organizaciones con objetivos ajenos al consumismo. En Cuba por ejemplo, no recuerdo el respeto a personas con problemas físicos que he visto aquí en Canadá. Alguien se cae por accidente y todo el mundo en Cuba por lo general lo primero que hace es que tiende a reírse. Un cubano recién llegado a Canadá se sorprendía hace poco de que nadie se rió cuando "recogió un boniato" y por poco cae al suelo del tropezón.

Imagen de Anónimo

Es interesante observar eso que refieres al final, que es el efecto nostálgico en una parte de la generación nuestra, de toda aquella barbaridad. Parece algo así como un síndrome de Estocolmo y que se refleja en, por ejemplo, el famoso blog de los muñequito rusos.

Imagen de Anónimo

Nunca pude entender como a alguien le pudiera interesar la matemáticas, la física sin tener libertad, me resultaba un absurdo, yo si que era genial. Podia ver a aun pueblo entero preso y a la misma vez  idiota que pretendía desde su cautiverio, si inquietud por escapar. No podían ser inteligentes, era obedientes nada mas que eso OBEDIENTES! Inteligente fuimos los pintores y artistas que estábamos en las calles, llenos de inquietudes, cuestionábamos todo, please mira que hablan cascaras.