Domingo, 17 de Diciembre de 2017
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Política

La MUAD: el proceso y sus desafíos

Sin pensar en el nombre, la concertación que hoy llamamos Mesa de Unidad de Acción Democrática (MUAD), tuvo su atisbo inicial en México, a principios de diciembre de 2014, en la conclusión del encuentro "Caminos para una Cuba Democrática I", auspiciado por la sección mexicana de la Konrad Adenauer, una prestigiosa fundación democristiana alemana.

Entonces nos reunimos allí un variopinto grupo de representantes de organizaciones y de actores sociales y mediáticos independientes, de dentro y fuera de Cuba, para imaginar qué podíamos hacer juntos por la democracia en la Isla.

Lo interesante del proceso no fue solo el hecho mismo del conflicto y de la conjunción de pareceres, ideas y esfuerzos, sino la dinámica con la que se fue construyendo: un grupo reunido entre el azar de haber aparecido alguna vez ante la vista de los organizadores, la visibilidad ubicua de algunos actores prodemocráticos cubanos y la identidad ideológica que explica, y con razón, la presencia de diferentes expresiones cubanas del socialcristianismo o de la democracia cristiana.

Ese grupo bien diverso, así reunido, se enzarzó en un debate, más o menos productivo, que dio paso a la Declaración de México. Ella fijó dos puntos tácitos esenciales: la continuidad del propósito de concertarnos a través de sucesivas conversaciones estructuradas y la necesidad de construir una práctica democrática compartida. Lo demás era más de lo mismo entre nosotros: el acuerdo indiscutible en el relato, que no la narrativa, de la democracia para Cuba.

La lógica de este proceso era y es políticamente impecable: un avance de conjunto, un posicionamiento compartido, un plan que se explicita y una continuidad temporal que debe ser verificada. Pero lógico como puede parecer, este proceso presentó, y continúa presentando, dos dilemas: la legitimidad de las voces, y la representatividad de conjunto.

Cierto. La mayoría de los actores democráticos cubanos no estuvo representada en México 2014, ni los protagonistas del momento tenían legitimidad para hablar en nombre de la oposición democrática. Escasamente sí a nombre de ellos mismos y de sus propias organizaciones, dentro de un esfuerzo común visibilizado. Y esto último creo que es importante que lo retengamos para la construcción del consenso sucesivo.

Llegó México una vez más. En Morelos, 2015, se realizó el encuentro "Caminos para una Cuba Democrática II", de un modo que a algunos pareció una encerrona sin vías de escape y a otros un modo excelente de construir la política: lejos de los medios y de Victoria´s Secrets, para concentrar energías y mentes, crear sinergias y evitar distracciones con la mira firme en seguir pavimentando el camino de las prácticas democráticas. Y ya en un sentido más concreto: el de cómo forjar una práctica política y democrática común para la democracia, lo más lejos posible de los relatos.

Morelos 2015 saldó uno de los dilemas presentes en el primer encuentro: el de la representatividad. Si bien no estuvieron todos los que debían estar  —a mi modo de ver todos los que son―, sí quedó claro que, en principio y por principio, pueden y deben estar muchos más y bien diferentes de los que habían estado.  Es decir, la inclusión como premisa de la concertación, no el posicionamiento político o de identidad.  Y para hacer política. No solo declarar que pretendemos hacerla.

Morelos parió otra declaración anti-relato en la que nace ya una concertación con el nombre de Mesa de Unidad de Acción, que derivaba en unas siglas: MUA, cuya onomatopeya equivale al sonoro beso cubano, y que provocó entre los nuestros, con un sentido del humor menos relajado, una legítima preocupación con el eterno choteo criollo. De manera que el nombre aconsejaba cierta provisionalidad.  

Y Morelos suministró varias lecciones básicas de política práctica. Primera: las concertaciones políticas se construyen de a poco y empiezan por pocos. Siendo así, los implicados tienen que defender tres condiciones si quieren tener éxito estratégico: la apertura a otros en toda su pluralidad, la generalidad y flexibilidad de los compromisos iniciales, de modo que puedan ser replanteados, y la defensa y asunción del consenso como herramienta primaria para la toma de acuerdos.

Segunda: es necesario avanzar en la acción política para garantizar otras tres cosas: darle movimiento real al esfuerzo, lejos de la quietud del relato; ajustar las reglas democráticas según las circunstancias y el juego de tanteo y error; y crear el clima de confianza entre grupos y personas distintos que actúan en común.

Tercera lección: que el consenso no puede darse sin el disenso público dentro de las concertaciones que pretenden largo aliento. El desafío es cómo regular los disensos en términos de legitimidad y viabilidad de la acción política, y en términos del lenguaje y de los procedimientos con los que se manejan. 

Cuarta lección, y no la última, las concertaciones se construyen  en la marcha, y no cabe esperar a la última y más refinada versión estatutaria y programática si no quieren correr el riesgo del timing out político, lo que supone ir hablando y actúando frente a los acontecimientos desde dentro, sintiéndonos implicados, pero todavía sin la legitimidad para hablar desde, es decir a nombre de, la misma concertación que se está articulando. Eso significa siempre una tensión que solo resuelve positivamente la buena voluntad.   

De Morelos a La Habana, la MUA viene con unas lecciones y con un espíritu fuerte de concertación que la abre a los otros diferentes, a la acción política y a la mejor articulación en desarrollo. Y se le añade una letra, la D, democráticamente, si bien no para la completa satisfacción de cierto sentido del  a (hu) mor. Desde La Habana ya debemos pronunciar MUAD… quien pueda.

Es así que más organizaciones, proyectos y actores sociales se han acercado a este esfuerzo de construcción, siempre ajustable, y es así que un número de estas organizaciones y personas independientes decidimos generar una serie de conversaciones estructuradas e informales, aunque sí productivas, con el Foro por los Derechos y Libertades. No desde la legitimidad institucional en viva construcción como muchas páginas web, sino desde el interior de una identidad política colectiva ya asumida.  Un esfuerzo hecho dentro de un proyecto común visibilizado, sin que implique que todos hayan podido participar del mínimo consenso que al interior de la MUAD  han logrado muchas organizaciones desde sus fronteras abiertas.  Una distinción que desde luego no siempre es captada, y en todo caso no siempre puede ser reflejada, por los medios.

El desafío sigue. Presta a resolver cuatro de ellos: el de sus reglas del juego  ―flexibles, de formato abierto pero cohesivas―, el de la acción política de corto plazo, el del liderazgo democrático y sus límites procedimentales, y el de la legitimación internacional, la MUAD tiene resuelto otros tres: el de la apertura a la pluralidad de expresiones ideológicas, políticas, cívicas y culturales; el del sentido de lo político para la democratización de Cuba y el del sentido de la democracia como conversación ciudadana en la que todos podemos ser vencedores.

Para la MUAD el futuro empieza ahora, en el presente. Con la ciudadanía. Plural. Como debe ser.  

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Comentarios [ 5 ]

Imagen de Anónimo

Cuesta Morúa, muy oportuno tu artículo sobre MOUD, para que una concertación tan diversa  de cierta, sus integrantes, como se dice aquí en Brasil, “tienen que tener mucho juego de cintura”, dicho en otras palabras tienen que tener mucha persistencia, paciencia y sabiduría para que no se vaya a bolina, COMENTARIO de Esopo.

Imagen de Anónimo

Pero, por que razon Cuesta Morua no habla de la reunion de la oposicion politica cubana celebrada en Puerto Rico? Es que las reuniones de Mexico valen y las de Puerto Rico no?

Imagen de Anónimo

El Sr Benitez es un valiente al poder comentar lo dicho por CM. Tambien hay que ser valiente para comentar el comentario del Sr. Benitez. Yo me callo, porque a ninguno de los dos les entiendo, y respetuosamente puedo decir que creo que han perdido el rumbo. 

Imagen de Anónimo

Bla, bla, bla.

Imagen de Pedro Benitez

Interesante, es precisamente el esfuerzo común visibilizado dentro de Cuba el que entrega la legitimidad y el favor del pueblo.  La reunión por la libertad pienso debería incluir ideas y estrategias para dinamizar y movilizar al exilio.